Una pareja de Tafí Viejo y una historia de amor, cuidado y cariño.
Después de 30 años de amor, Joaquín Bolívar le entregó a su mujer algo más que su corazón: su riñón izquierdo.
Se habían conocido en Tafí Viejo, una tarde de 1987. Joaquín conversaba en la calle un amigo, a quien ella, Magdalena Rodríguez, invitó a su cumpleños número 18. A él le gustó. “¿Querés que te haga pata?”, le ofreció su amigo.
Al día siguiente de la fiesta, Joaquín acompañó a su amigo a la casa de Magui con la excusa de buscar una llave que había perdido durante el festejo. Fue entonces cuando empezó su historia de amor, cuidado y cariño entre los dos.
Él estudiaba medicina y ella ingeniería. Y se casaron, apenas una semana después de que él se recibió. Al tiempo Magui quedó embarazada de Andrés, su primer hijo, y los análisis médicos informaron de unos problemas en el riñón.
Durante años, Magui se cuidó con una dieta, pero no fue suficiente: tuvo que empezar el tratamiento de diálisis. Por ocho años y medio, se levantó a las 4.50 y viajó desde Tafí Viejo a San Miguel de Tucumán, tres madrugadas a la semana.
El tratamiento dura cuatro horas. En los primeros seis años su marido la llevó, la esperó y la buscó. “Estacionaba en el pasaje 2 de abril, y dentro del auto estudiaba o dormía hasta que terminaba la diálisis”, comentó ella.
Desde el primer momento buscaron el trasplante del órgano, pero entonces no era posible. Pasó el tiempo y llegaron buenas noticias. “Los medicamentos avanzaron y un día los médicos me dijeron que yo podría ser el donante”, contó Joaquín.
Cuando se enteraron de que los estudios fueron favorales, Magui lloró mucho.
El lunes entraron al quirófano en el hospital Padilla. Primero Joaquín y después Magui. El trasplante fue un éxito.
“Cada día lo amo más”, dijo Magui hoy, con la voz un poco cansada.
El transplante de Magui y Joaquín es además la historia de la primera cirugía de trasplante renal con donante vivo por vía laparoscópica en el hospital Padilla.
“Dependemos que la sociedad done y se ayude a sí misma”, dijo Santiago Villavicencio, jefe del Departamento de Trasplante del hospital.
“En los últimos cuatro años hicimos 63 trasplantes renales. Es un número aceptable; podríamos trasplantar más, pero no tenemos órganos. Tenemos 100 pacientes en lista de espera. Es realmente importante que la sociedad tome conciencia de la donación de órganos”, agregó el especialista.
“Es posible. Se puede, la gente se tiene que animar al trasplante. No lo dude”, impulsó Joaquín quien es médico de guardia en Villa Mariano Moreno y médico de cabecera del Pami por la zona de Tafí Viejo, el Timbó, Raco, Anfama y Anca Juli.