Hace seis años que maneja un taxi por las calles tucumanas.
Foto de Pedro Noli
Viviana Bejar mujeredesde hace seis años que trabaja de taxista, un rubro donde la mayoría de los trabajadores son hombres. Hoy maneja un Fiat Uno en el que trabaja a porcentaje: una parte para ella, otra para el dueño del vehículo. “Me gusta manejar, sino se haría muy difícil”, dice cuando se le pregunta por lo que más le gusta de su trabajo.
A los 15 años su tío le enseño a manejar en el Fiat 600 de su padre. Desde ese momento siempre le gusto estar al volante. Esto hace que sus doce horas de trabajo sean más llevaderas. No trabaja con horarios fijos, eso sí, siempre de día.
En un medio tan difícil como el de los automovilistas, en el que corre el prejuicio que las mujeres manejan mal, Viviana se mueve sin problemas. “Los únicos que son irrespetuosos son los colegas, capaz que se sienten invadidos por las mujeres choferes”, dice. “La gente ya está acostumbrada a ver mujeres al volante por eso nos respetan”.
Viviana trabaja con un auto que solo maneja ella; 35% de lo recaudado es para ella. El dueño del coche se queda con el resto y se hace cargo de los costos de mantenimiento y de gas, el combustible del vehículo. “Con eso me alcanza para el día a día no más”, afirma. Es por esto que en un futuro le gustaría poder tener su propio auto.
A pesar de que ser mujer le facilitaría tener clientes fijas dice que es un compromiso que le hace perder tiempo. “Eso sí en una esquina las mujeres siempre prefieren subirse con vos”.