Es uno de los precursores del oficio en Tucumán.
Juan Alanis durante uno de los paseos matutinos. Foto de Luciano Billone
A las 11 de la mañana Juan Alanís llega a Plaza Irigoyen sosteniendo la correa de seis perros. Camina al ritmo de los animales y los detiene en los árboles. Algunos orinan, otros huelen el piso. Y Juan, tranquilo, los observa.
Desde hace más de 18 años, que ejerce el oficio de paseador de perros y hoy es una mañana más en sus días de trabajo. En la Plaza Irigoyen se cruzan abogados que caminan apurados rumbo a Tribunales y un par de jóvenes que salieron temprano de clases esperan el colectivo. Y Juan con sus perros atraviesan la plaza.
“Este trabajo es casi como un sueño frustrado: de chico mi mamá no me dejo tener perro”, cuenta uno de los primeros paseadores de barrio Sur.
En 1999, un amigo de Juan le pidió que lo reemplace y ese fue su primer día de paseador. Cuando regresó, continuaron juntos. Antes había sido mozo y electricista.
Paul, Yuka, Max, Morena, Naguini y Cacho forman el tercer grupo de la mañana que pasea Juan. En un día de trabajo, Juan realiza seis paseos: cuatro por la mañana y dos por la tarde. Duran unos 40 minutos y cada grupo tiene entre cuatro y seis perros.
Los paseos son por barrio Sur, aunque también varía las plazas y calles por las que los lleva.
Desde hace cuatro años, en este grupo pasean dos labradores, un waymarán, dos ovejeros alemanes y una bulldog francés. Este último no se deja intimidar por el tamaño de los otros y les hace frente apenas la molestan un poco.
Juan tiene un truco para que vayan tranquilos: “Para armar los grupos busco que vivan cerca y que se lleven bien entre ellos”, comenta mientras sostiene tres correas en cada mano.
“Los cachorros se suman más fácil. Los más grandes se demoran un poco más en adaptarse al grupo”, dice Juan. “Es importante que los perros estén sociabilizados, por eso aunque se tenga un patio grande hay que sacarlos a pasear”.
Cacho es un labrador macho y Yuka es una ovejero alemán hembra. “No hay problemas en que estén juntos, si se tiene en cuenta la fecha de celo de cada perra”, agrega Juan, quien lleva un registro de las fechas de cada animal.
“La clave es que los perros sepan quién es el que manda”, afirma Juan. Cuando salen a la calle Juan tiene que tener el control de todo: “Hay perros que son más dominantes que otros pero me tienen que tomar como el alpha a mí”.
Juan es serio y seguro en su trabajo. Y también respetuoso con los vecinos. En su morral lleva papel de diario y bolsas para levantar los excrementos: “Muchos culpan a los paseadores por la mugre, pero nosotros levantamos porque eso tiene que ver con hacer bien nuestro trabajo”.