El intendente vivió una semana agitada por la filtración de los insultos contra Evita. Se sumó, además, la victoria de Osvaldo Acosta en el gremio de los municipales.
Imagen gentileza La Gaceta
La semana que pasó no fue fácil para el intendente de San Miguel de Tucumán, Germán Alfaro. Es que a los audios del concejal Agustín Romano Norri se le sumó el triunfo de Osvaldo "Cacho" Acosta, sindicalista enfrentado con la gestión municipal desde los tiempos en que Domingo Amaya dirigía el destino de la Capital.
El viernes pasado, el jefe comunal visitó los estudios de Canal 10 para referirse a la filtración de una conversación por WhatsApp de Romano Norri, en donde agraviaba la figura de Eva Duarte de Perón, figura icónica del peronismo. Durante la entrevista se pudo ver a Alfaro visiblemente alterado por la situación en la que lo colocó el edil que pertenece al Bloque del Acuerdo para el Bicentenario.
Consultado por el periodista Omar Nóblega, el peronista aliado a Cambiemos no tomó partido ni por Romano Norri ni por Francisco Mejías, el dirigente que dio a conocer el audio de WhatsApp. Por el contrario, el jefe municipal consideró que ambos tuvieron una “actitud totalmente repudiable”.
“Uno, por andar grabando conversaciones”, afirmó Alfaro en alusión a Mejías. “Y el otro -añadió el intendente, en referencia al edil radical- habló sandeces, estupideces, seguramente ni siquiera leyó acerca de lo que estaba diciendo”.
Alfaro lamentó que se trate de “jóvenes que han aprendido primero sobre los ‘carpetazos’ antes que formarse para poder participar de la actividad política”. “Lo preocupante es que son dos jóvenes, dos 'mocosos' que deberían haberse preocupado por formarse. Esto es lo que tenemos que cambiar, hay que preocuparse por eso”, señaló Alfaro visiblemente molesto.
La pelea por el peronómetro
Los audios de Romano Norri fueron un estiletazo en el corazón peronista de Alfaro, quien esta semana tuvo que enfrentarse a los avatares que enfrenta el ensamblado de Cambiemos que, en post de juntar fuerzas en 2015 para enfrentar el aparato oficialista, reunió a radicales, peronistas y macristas.
Tanto el intendente como el actual secretario de Vivienda y Hábitat de la Nación, Domingo Amaya, pegaron el portazo en el peronismo luego de haber acompañado la gestión de José Alperovich durante una década. Desde entonces, ambos mantienen una confrontación abierta con el gobernador Juan Manzur, el vicegobernador Osvaldo Jaldo y el senador nacional por su "traición" al peronismo.
Hace un par de meses, el intendente capitalino y el primer mandatario local se desafiaron públicamente en el "peronómetro". En esa oportunidad, Manzur sostuvo “no hay que confundirse, Germán Alfaro se fue del Partido Justicialista, él ya no es peronista, renunció a estar dentro del partido”, disparó el primer mandatario tucumano y sentenció “no existe el peronista disidente”.
“Lo que no hay que hacer es confundir a la gente, porque los justicialistas votamos a peronistas, no votamos a otros partidos”, continuó para enrostrar a Alfaro su filiación a Cambiemos. “Alfaro y Amaya están con (Mauricio) Macri, y forman parte de otro espacio político, no del nuestro. Si se van del partido porque tiene otro rumbo está bien, que Dios los ayude y que les vaya bien. Nosotros tenemos una doctrina, tenemos convicciones, sabemos a dónde vamos”, aseveró.
En ese momento, Alfaro le respondió que "el peronista lo es por convicción, por conciencia, por participación en el campo popular, pero nunca por conveniencia, él es un peronista por conveniencia". Por otra parte, remarcó: "yo me fui del peronismo porque no me banco que en todos estos años nuestra presidente (Beatriz Rojkés) no se haya preocupado ni siquiera en aprender la marcha, me fui porque no me sentía cómodo y porque sentía que no era el canal en el cual podía transmitirle a los peronistas y a la gente lo que yo pensaba".
Alfaro, al igual que Amaya, se encuentran ahora en una encrucijada. Con expresiones aberrantes dentro de Cambiemos hacia la figura de Eva Perón y, al mismo tiempo, rechazados dentro del Partido Justicialista.
Esta semana el precandidato a diputado nacional Osvaldo Jaldo señaló que "no se puede hablar de peronismo votando a Mauricio Macri. Que alguien traiga un manual y me explique. Hablar de peronismo y ser segundo de José Cano tampoco me cierra", en una doble referencia a Amaya, quien fue compañero de fórmula de Cano en 2015, y a Beatriz Ávila, esposa del intendente y precandidata a diputada junto al radical en las próximas PASO.
Jaldo añadió "si las cosas no te salen como te tienen que salir no es motivo para que te vayas del partido, tampoco para que te vayas con otra fuerza, no es motivo para que te juntes con gente de otra ideología totalmente diferente. La historia en Tucumán indica que quienes se fueron del peronismo, nunca volvieron. Y al que le permitieron la vuelta, no le fue bien. En esta oportunidad no será la excepción".
Otro revés
Como si fuera poco, Alfaro recibió otro revés esta semana. Se trata del triunfo de Osvaldo "Cacho" Acosta en el Sindicato de Obreros y Empleados Municipales (SOEM). El greamialista, que se presentó junto a 'Lito' Barraza por la lista Azul y Roja, obtuvo la mayoría de los votos en la elección.
La mala noticia para Alfaro es que Acosta se ubica en las antípodas de la gestión municipal. En 2010, Susana Myriam Hanssen, jueza de Conciliación y Trámite del Trabajo de la VI Nominación, hizo lugar a la acción por medio de la cual había solicitado que lo reincorporaran a la planta permanente del municipio luego de haber sido cesanteado y desplazado como secretario general del gremio.
Acosta denunció en ese momento haber sido "víctima de una persecución" por parte Amaya. "Como empleado se me persiguió y como dirigente gremial se obstruyó mi asunción como secretario general del sindicato, con mandato entre el 1 de mayo de 2006 y el 1 de mayo de 2010", aseveró tras conocerse el fallo.
Ahora, Alfaro será quien deba lidiar con el nuevo representante de los trabajadores municipales, en una relación en la que los antecedentes no auguran un buen punto de partida.