El alivio de la candidata por la remontada electoral de Cambiemos se hizo evidente en la intimidad familiar.
Beatriz Ávila quebró en llanto anoche en la intimidad familiar cuando la tendencia era irreversible: había obtenido la cuarta banca en juego en el Congreso de la Nación. La candidata de Cambiemos se abrazó con su marido, el intendente Germán Alfaro, y con sus hijos luego de dos meses de angustia contenida. Las imágenes fueron compartidas en las redes sociales por Lucía Alfaro, una de las hijas del matrimonio.
Las razones de las lágrimas
Ávila quedó en el centro de la escena en
el debate por el 3-1 o 2-2 planteado luego de las
Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que se celebraron el pasado 13 de agosto. La avalancha de votos que recibió
Osvaldo Jaldo, cabeza de lista del
Frente Justicialista por Tucumán (FJT), obligaron a replantear la estrategia de
Cambiemos para remontar un número nada despreciable de 35 mil votos que se habían dispersado entre el PJ, Fuerza Republicana y el Frente de Izquierda.
Durante las semanas posteriores a las PASO, se habló de un "voto castigo" contra el armado macrista en Tucumán que obligó a redefinir la estrategia y a volver a conversar con todos los sectores que componen el ensamble: desde Silvia Elías de Pérez a Domingo Amaya, pasando intendentes, legisladores y concejales que no prestaron el apoyo suficiente a los candidatos elegidos tempranamente desde la Nación.
Por otra parte, el intendente Alfaro se puso al hombro la campaña hacia afuera, enfrentándose directamente con el gobernador
Juan Manzur, tomando como eje el conflicto con la SAT. La agresiva campaña organizada desde la sede municipal, que tuvo otro episodio
cúlmine en las denuncias contra el
oficialismo en los
$24 millones de pesos gastados en la
Fiesta de la Luna Tucumana, tuvo su motivación en el valor simbólico que tomaba la posibilidad de que Ávila pierda la cuarta banca en juego en manos del
oficialismo.
Así planteado, en una batalla a todo o nada, las lágrimas de Beatriz Ávila cobran otro sentido. De su éxito electoral dependía también la suerte de su esposo, quien asumió la intendencia de San Miguel de Tucumán con la mira puesta en el sillón de Lucas Córdoba. El llanto trajo alivio a la otrora legisladora, el alivio de que los Alfaro aún siguen en carrera con el objetivo puesto en 2019.