¡ES BONITA DE VERDAD!

El Chavo, Quico y La Chilindrina le dieron vida a la vecindad en Tucumán

La comunidad mexicana reabrió las puertas en Villa 9 de Julio y los personajes llegaron para disfrutar de una noche con mariachis, aguasfrescas y tortas de jamón.

28 Dic 2017 - 17:11

La vecindad del Chavo del 8 en Tucumán está de fiesta: hay música de mariachis, chiles, moles, mexicanos con el bigote cortito, mexicanas con vestidos floreados. El calor que hace es parecido al del DF, pero cerca del barril no hay excusas para actuar: el Chavo agarra una escoba como escopeta, la Chilindrina toma la pelota y todos le apuntan a Quico, que ahora está llorando en la pared, consolado por Don Ramón. Es un sketch de tres minutos que termina al son de unas mañanitas mexicanas y el aplauso de los niños y grandes que acompañan la inauguración de la sede de la comunidad mexicana en la calle Perú 683 de Villa 9 de Julio. 

Cuando se cierra el telón para ir a comer, habla Luis Di Stéfano, más conocido como el Chavo: "Cada vez que nos toca vivir momentos así, nos damos cuenta lo que genera el programa. El Chavo es así porque no tiene techo, se muestra cómo es, sin engaños, tal cual es. Esa pureza se transmite en los chicos". El protagonista de la función es salteño, vive en Santiago, muy parecido a Roberto Gómez Bolaños, petiso, morocho y con una sonrisa pícara, siempre listo para la travesura.

A su lado, Alejandra Tramontina se pasa un poco de alcohol en en el diente, deja que se seque y se pinta con fibra negra hasta que le quede la sonrisa de la Chilindrina: "Soy la última en sumarme al grupo. Es un sueño. Estudié para esto. A veces nos toca llevar alegría a los hospitales, chicos con problemitas de salud, cosas que te erizan la piel y vos tenés que seguir con el personaje. No es para cualquiera, ¡aaaaaaay!", dice, mientras Quico le tira de las colitas del pelo y le aclara que no le simpatiza.

Quico es Gustavo González, que llegó desde Mendoza en auto para la ocasión, junto a sus familiares, se ríe igual que el niño del traje de marinerito, infla los cachetes y hasta hace reír a los policías que irrumpen en la vecindad para constatar que está todo en orden. "¿Qué hubo oficiales? ¿Arriba las manos?", les dice a los oficiales de la comisaría 5°. "Siempre tuve un Quico interno. La imitación me sale así de manera natural. Nunca estudié actuación ni teatro como compañeros. Hubo una etapa de mi vida que no estaba bien, los médicos no sabían qué hacer. Hasta que busqué el niño que todos llevamos adentro y me curé".

La comida en la fonda mexicana hace una pausa: "Canta y no llores", entonan los mariachis, mientras la presidenta de la colectividad mexicanas, la abogada Blanquita Espíndola, recibe la llave simbólica de manos de Jorge Ávila, el creador de esta réplica de la vecindad a cargo de Chanfles, Sueños Compartidos. "Creamos la vecindad en tamaño real. Miré muchos capítulos para medir las distancias del patio en base a los pasos que daban los personajes. Lo más difícil fue hacer el piso, sin el piso no habría vecindad", asegura. 

Y minutos después de ceder su sueño a la nueva dirigencia, afirma: "Es una mezcla rara, de sensanciones encontradas: la tristeza por una etapa que se termina y la alegría por saber que la vecindad queda en buenas manos". En esa vecindad, vuelven los personajes: la voz de Doña Florinda llama a Quico, Don Ramón reta a la Chilindrina, y sólo queda el Chavo con un palo y una bolsa atada en la punta y una muda de ropa que no necesitará. Por eso la deja a un costado y se mete al barril, a soñar con otro capítulo.

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