Carlos Francisco Ruiz Vargas es el candidato a gobernador que no aparece en ningún afiche, que casi no vimos en televisión y que no escuchamos en la radio. A favor de la despenalización de la droga y en contra de la legalización del aborto ¿Quién es y cómo piensa el líder de Nos Une el Cambio?
El candidato a gobernador en su bunker de campaña.
La mirada firme. El gesto adusto. El pelo plateado por el tiempo. La barba y el bigote frondosos, pero prolijos. Carlos Francisco Ruiz Vargas tiene 69 años y la estampa de un viejo caudillo del siglo XIX. Ese es el rostro que los tucumanos no han visto entre las sonrisas de campaña que hoy invaden las calles en los carteles proselitistas. Y que posiblemente se pierda el domingo, mezclada entre las miles de boletas que colmarán los cuartos oscuros en cada rincón de la provincia. El candidato a gobernador por el partido “Nos Une el Cambio” tiene sobre sus espaldas 25 años de trayectoria en el poder judicial, pero su bunker de campaña no es el estudio de un letrado con pesados muebles de madera lustrada y diplomas enmarcados en las paredes. Tampoco hay una biblioteca empachada de gruesos tomos, ni un sillón de cuero y patas cromadas. El búnker de Ruiz Vargas transcurre en la trastienda de un drugstore de Barrio Norte. Ahí, entre los fardos de gaseosas, los paquetes de yerba y las bolsas de azúcar, espera con calma marcial la que, asegura, será su última batalla en las urnas.
A tres días de las elecciones y mientras su hijo atiende a los clientes que vienen a comprar cigarrillos y mercaderías, Carlos Francisco invita un café instantáneo. Lejos de la elegancia formal que caracterizaba sus días como camarista, viste campera de nobuk, camisa de grafa, pantalón de jeans, zapatillas y una riñonera en la cintura. Está tranquilo, muy tranquilo, asegura. “Mientras haya salud…”, dice mientras nos acomodamos en dos sillas de esas plegables que tienen los bares con la publicidad de alguna gaseosa o cerveza estampada en la tela. En 2010, cuando se jubiló del poder judicial, fundó el partido “Nos Une el Cambio”, aunque nada que ver con el Cambiemos de los globos amarillos, aclara. La preocupación por lo público le viene con los genes desde hace mucho tiempo atrás: su bisabuelo, Borja Ruíz, fue un comandante de las montoneras que junto a su esposa, Simona Vargas, fundaron la Villa Nueva Esperanza en Santiago del Estero a fines del siglo XIX. En esa provincia, su abuelo fue ministro del gobernador Juan Bautista Castro y su padre, Francisco Cicerón Ruiz Vargas, convencional constituyente. “Fundé el partido en honor a todas esas personas que han cumplido con una función social”, declara.
“Somos gente que tiene empuje y que nunca ha vivido de la política ni va a vivir de la política. Nosotros tenemos nuestras ideas y queremos que en el futuro esas semillitas prendan”, dice el candidato a gobernador. En 2010 se presentó por primera vez como candidato y, a pesar del fracaso electoral, asegura que aprendió mucho de aquella experiencia. En 2015, por pedido de su familia, decidió no presentarse. Y ahora, dice que mucha gente le pidió que retomara las riendas del partido. Y lo hizo, pero será su última vez, advierte. Ya fue su momento y es hora de cederle el lugar a los más jóvenes. Ruiz Vargas sabe que su militancia política es contra viento y marea: “Yo creo que el optimismo es importante, la fe mueve montañas. Somos idealistas, pero sabemos cuáles son nuestras limitaciones: no tenemos presupuesto para hacer grandes propagandas, no tenemos sponsors y la crisis actual del país nos hace más difícil todo. Con uno que ingrese para nosotros ya es muy positivo”.
Carlos Francisco se ha sentido ninguneado por la prensa durante la campaña y eso le jugó en contra: “No tenemos apoyo de la prensa. En el debate que hizo La Gaceta invitaron sólo a cuatro, los otros cinco fuimos convidados de palo. Por lo menos a mí no me ha llegado ninguna invitación. No somos noticia para gran parte de la prensa tucumana”. Además, a la falta de dinero y de prensa, se sumó el hecho de que se hayan adelantado las elecciones, lo que le impidió planificar la estrategia electoral.
En “Nos Une el Cambio” todo es a pulmón. El candidato a concejal del partido en primer término por la capital, el martillero público Juan Alejandro Tezeira, no tenía plata para imprimir los volantes con su propuesta de campaña entonces decidió hace unos meses sortear su moto para recaudar fondos. Por eso el candidato a gobernador sabe que este domingo serán, otra vez, David contra Goliat.
El hombre que ha decidido pelearla desde el fondo de la tabla electoral el domingo vive en el barrio Aguas Corrientes, tiene cuatro hijos, es hincha de Tucumán Central y como pasatiempo restaura muebles antiguos. También ha sido agricultor y ha criado pollos. En material política, se define como socialdemócrata, un hombre con ideales y principios férreos. A la hora de opinar sobre sus adversarios políticos, prefiere el silencio: “Yo no quiero hablar mal de ninguno, la gente ya sabe bien quiénes son. Como se dice: esto es un pueblo chico y un infierno grande”.
¿Cuáles son sus propuestas?
Uno de sus caballitos de batalla es el plan para estatizar los servicios públicos de la provincia, empezando por la limpieza del espacio público: “Se pueden generar 30.000 puestos de trabajo con un golpe de pluma. En vez de beneficiar a uno o dos empresarios, favorecer a miles de familias con el mismo costo económico. No hay que dar más concesiones para la limpieza, a la gente del plan trabajarse le aumenta para que tengan un salario digno y trabajan para esas empresas que estarán a cargo de la municipalidad y del gobierno provincial. Se junta toda la basura de la ciudad y del interior y se crean tres plantas de reciclaje, después vendés el material reciclado. ¿Qué hacemos con ese dinero? Hacemos cloacas y pavimento y generamos más puestos de trabajo”, explica Ruiz Vargas quien asegura que, tras la tercerización de los servicios, se encubren grandes negociados.
En cuanto al narcotráfico, considera que el Estado tiene las herramientas para combatirlo, pero actualmente no hay voluntad política para hacerlo: “¿El Estado protege o no protege al narcotráfico? Claro que lo protege. Vemos que aumenta su indiferencia sobre el tema para que esto siga haciendo más daño a la juventud, cada vez hay más delincuencia y violencia. Hay muchos funcionarios implicados en la cuestión. Hay legisladores que son consumidores del producto, aunque dicen que lo consumen y no lo venden. La lucha contra los narcos tiene que ser una política de Estado. No lo hacen porque están en otra, son indiferentes, después esa gente que vende droga les sirve como punteros políticos”.
En este sentido, se mostró a favor de la despenalización de las drogas para los consumidores: “Si se legaliza, deja de ser un negocio”. Aunque aclara que tiene que ser el Estado quien investigue y controle las drogas, como sucede en muchos países desarrollados donde es el Estado quien provee a los consumidores. Por el contrario, se muestra contrario a la ley de legalización del aborto que este año volverá a discutirse en las cámaras: “Hay que defender la vida desde la concepción”, dice tajante.
La justicia en la provincia es uno de los temas que lo tocan particularmente de cerca, dada su trayectoria tanto en el fuero civil como penal: “Yo estuve 25 años en la justicia ¿A qué conclusión llego? Siento que lo único que les interesa es ocupar los sillones de los juzgados porque actualmente están ganando muy buena plata y con las subrogaciones se duplican el sueldo. Estamos en crisis y no producen lo que deberían producir y para lo que se le paga. Mi plan es darle a la corte más poder para que cada tres meses haga un informe para ver cuántas causas han entrado en cada despacho y cuántas han resuelto. Si no resuelven al menos un 60% de las causas eso significa que no son aptos para seguir en la función”.
Entre tantas otras propuestas, reclama que se cumpla con la constitución provincial y se implemente el voto electrónico: “El sistema debe ser perfeccionado para que tengamos una democracia plena. Es muy importante que haya alternancia en los cargos, ya es hora de que entre gente nueva”.
A tres días de las elecciones, refugiado en el drugstore-bunker de campaña, alejado de las chicanas mediáticas, las campañas y las contracampañas, Carlos Francisco Ruiz Vargas se prepara para la contienda electoral. Y esa batalla en las urnas será la última para él.