“Tincho” Gray falleció en 2005 y su hermano menor, Pablo, quiere recuperar su Piaggo Vespa para recordarlo. “Era su compañera de aventuras, su escapatoria, sus alas”, dice el joven que inició una intensa búsqueda. La historia de un amor sobre ruedas que viaja desde acá hasta el cielo.
Martín Francisco Gray o simplemente “El Tincho” era un dandi. Siempre bien peinado y mejor empilchado, llevaba una vida bohemia: cantaba, escribía canciones y los domingos por la siesta cargaba su guitarra y un equipo de mate para escalar la ruta hasta San Javier a bordo de su Piaggo Vespa modelo 99 color champagne. “El Tincho” era libre y esa motoneta que tanto quería le servía de alas. El 9 de febrero 2005, una semana antes de cumplir los 27, su viaje, su vida, terminó de manera abrupta. Para su hermano menor, Pablo Gray, él era su mejor consejero y su ídolo. En sus recuerdos, Martín vuelve siempre montado en esa Vespa que entonces fue su sueño. Hoy, el sueño de su hermano es recuperarla: “Él la amaba a la moto. A mí me gustaría cuidarla y tenerla para que represente que el flaco todavía está con nosotros. Quiero restaurarla y dejarla como él la tenía, eso sería una alegría inmensa. Sería para tenerla por siempre, para toda la vida”.
Martín se desvivía por la moto, pero llegó a disfrutarla poco. La compró con mucho esfuerzo, usada, en 2003 y dos meses antes de fallecer tuvo que venderla, agobiado por problemas económicos y familiares. “Mi hermano se quitó la vida. Cada uno sabe lo que le pasa por la cabeza en ese momento, la noche anterior estaba haciendo planes y a la madrugada pasó lo que pasó. Él andaba bastante bajoneado y creo que la pérdida de la moto influyó. Era algo que significaba mucho para él. Era como la compañera de aventuras para él, como su escapatoria, sus alas”, cuenta Pablo Gray con la emoción vibrando en su voz.
“La moto salía más perfumada que él, porque era bien presumido. Mi abuela siempre le decía que era un señorito inglés”, recuerda ahora con una sonrisa. Por todos esos recuerdos que Pablo atesora de su hermano con la moto es que ahora está decidió a cumplir con el sueño de recuperarla. De ahí que haya iniciado una campaña en las redes sociales para dar con su actual dueño, aunque todavía no ha tenido éxito. Está convencido de que la moto sigue en Tucumán. Hace alrededor de seis años se cruzó con la motoneta en un semáforo, la Vespa seguía rodando: “El que la manejaba me contó que se había ido a Mar del Plata en la moto” y recuerda que el propietario de entonces era medio gordo y pelado. “Ande o no ande la moto yo la quiero recuperar, sería una alegría muy grande para mí y para mi vieja”, dice.
Aquella vez que se cruzó con la moto que había sido de su hermano, Pablo no contaba con los recursos económicos para hacerle una oferta al dueño de entonces. Ahora tampoco, aclara, pero una pareja de amigos se ofreció a ayudarlo para que pueda cumplir con su sueño que fue también el sueño de su hermano que ya no está. Se trata de Ariel Olmedo, a quien todos conocen como “El Chupa” y Cintia, su esposa. Entre ambos lo apoyan en esta movida.
Hay momentos de mi vida
Que me llevare hasta el fin
Yo soñé ser un titán como Martín.
Cada vez que escucha las primeras frases de la canción “Para mí”, de Los Peces Gordos, los ojos de Pablo se humedecen de emoción: “Antes me caían las lágrimas cada vez que lo recordaba, pero hoy estoy orgulloso del hermano que tuve. Es mi ídolo, mi ángel de la guarda, lo recuerdo siempre con esa sonrisa, esa chispa y esa alegría que tenía. Era bohemio, músico y presumido; así lo recuerdo”. Para Pablo no ha sido fácil vivir con la ausencia de su hermano en la casa que ambos compartían con su madre. Han sido años duros, pero ahora que tiene 31 años, puede volver a los recuerdos felices que compartieron. Mucho de Martín revive en Pablo, como su amor por la música, por eso le sigue los pasos y actualmente toca en diferentes bandas.
“La que tenía con él era una relación excelente, más de amigos que de hermanos. Al último ya compartíamos una cerveza con él, una charla o una guitarreada. Éramos compinches”, lo recuerda mientras rememora también que le gustaba mucho el folclore y las canciones de Silvio Rodríguez y Alejandro Lerner. También los fierros, en realidad todos los hombres en la familia eran fierreros. Eso lo heredaron de su padre que había corrido motocross en la década del setenta. Entre tantas de las cosas que hizo “Tincho” en su intensa aunque breve existencia, trabajó como chofer y estuvo viviendo varios meses en Alaska.
Para Pablo, reencontrarse con la Piaggo Vespa champagne de su hermano es una forma de sanar sus heridas. También un reencuentro con “Tincho” y lo que él quiso tanto. Por eso apela a quien tenga la moto en su poder actualmente conozca su historia y la de ambos juntos: “Si lo encuentro le contaría la historia, le contaría que lo extraño mucho a mi hermano y que esta es una forma de tenerlo presente y no extrañarlo tanto. Ojalá que pueda llegar a los oídos de él”. La historia del amor de Pablo y “Tincho” no se detiene, sigue rodando.