El jueves, Álvaro Armanini y su abogada, Julieta Tejerizo, celebraron "el primer gol" en la demanda que iniciaron contra la multinacional por un despido discriminatorio. El juez les dio la razón: según su criterio, la firma discriminó al ingeniero agrónomo, quien hace ocho años sufrió un accidente que lo dejó en sillas de ruedas.
Álvaro Armanini y Julieta Tejerizo. Foto: Eltucumano.com
Hace ocho años, Álvaro Armanini, quien actualmente tiene 40 años y dos hijos, tenía un cargo directivo en Monsanto. Días antes del golpe, le habían prometido un ascenso. Luego, en el sanatorio, le reiteraron que cuando regresara al trabajo, llegaría al puesto acordado. Lo único que llegó fue una serie de vivencias dolorosas y el telegrama de despido. Y luego, la demanda del ingeniero tucumano al gigante multinacional, una suerte de David contra Goliat.
"Álvaro tuvo una muy buena rehabilitación. A los seis meses ya volvió a trabajar. La empresa durante esa época que estuvo internado se portó bastante bien. Cuando volvió, se fue reincorporando de a poquito, de acuerdo a lo que decían los médicos; él seguía con rehabilitación", señaló Julieta Tejerizo, patrocinante de Armanini, a eltucumano.com.
Sobre aquella época, el productor recordó: "Mi primer hijo tenía ocho meses, es un motorazo, tenía que ir para adelante; aparte, siempre tenés gente que te está ayudando". Luego, fue papá de nuevo, de Alma, su nena. Destacó, sobre todo, el apoyo de sus seres queridos.
Tejerizo, que trabajó en la demanda con su padre y su hermana, explicó que generalmente los despidos discriminatorios por enfermedad o accidentes se dan al poco tiempo, pero que en el caso de Álvaro, primero hubo una larga lista de antecedentes a lo largo de tres años que lo dañaron. Por ejemplo, comenzaron a excluirlo de reuniones, de notificaciones e, incluso, en una ocasión, su cliente fue al Aeropuerto por un viaje programado por trabajo a Buenos Aires y, al llegar, sus pasajes no estaban. En otra ocasión, según consta en el fallo, le quitaron el auto adaptado que le habían dado. También recortaron el plan de la obra social que tenía.
Armanini, por su parte, no está enojado ni guarda rencor. Supone que lo que pasó es que, al tratarse de una empresa multinacional cuyos jefes y equipos de trabajo van cambiando, el grupo que entró posteriormente a su accidente "no veía más allá de un flaco que estaba en sillas de ruedas".
Finalmente, un día llegó un telegrama de despido.
Demandar a un gigante
En un principio, Álvaro Armanini no pensaba en demandar a la empresa. Y otra vez, su primer hijo fue quien le hizo "hacer un click". "En un momento, cuando le tuve que contar a mi hijo que me habían despedido de la empresa, el enano me dice '¿Por qué te despidieron?'", recordó.
Entonces, le explicó que vivió algunos hechos injustos que terminaron en su despido. A su forma, recordó Álvaro, su hijo le dijo que si le habían hecho eso, debía buscar justicia. La decisión también la acordó con su esposa, Eugenia, que fue un pilar fundamental todo el tiempo. Entonces, llevaron el caso al estudio de la familia Tejerizo. Les advirtieron que era un caso complicado.
"El jueves me fui al colegio a buscarlo y le conté que había ganado. Lo primero que me preguntó es cuánto tiempo duró; claramente, él lo tenía en su cabeza", comentó Armanini. El pequeño también quiso saber si su papá podrá volver a su viejo trabajo. Esa pregunta podría obtener respuesta el próximo lunes, fecha de vencimiento que tiene Monsanto para apelar.
Lo novedoso
A casi dos años y medio del inicio de la demanda contra Monsanto, el juez de Conciliación y Trámite del Trabajo (I° Nominación), Carlos Frascarolo, instó a Monsanto que devolverle a Álvaro Armanini el puesto de trabajo que tenía en la empresa, entre otras disposiciones. En un fallo, que Tejerizo señala como inédito para la provincia, instó también instó a la firma a pagarle una indemnización y abonar los costos del litigio, por citar sólo algunos puntos.
Además de la reinstalación en el puesto de trabajo, Tejerizo señaló que la decisión contempla no sólo la legislación laboral, sino también la ley antidiscriminación. Asimismo, la letrada destaca la decisión del juez de mandar a que los directivos de Monsanto realicen un curso dictado por la Justicia sobre trato a empleados con discapacidad. En ese sentido, recordó que hace algunas semanas salió un fallo para que directivos de un sanatorio tomen clases sobre violencia de género por un despido por embarazo.
"Es importante porque trasciende lo judicial y tiene que ver con lo social. Esperamos que esta sentencia tenga un impacto en la sociedad, que no sea sólo para el caso de Álvaro, sino que Monsanto y otras empresas aprendan a tratar personas con discapacidad", reflexionó la abogada. "Esas pequeñas cosas van a hacer que la situación vaya cambiando, porque realmente vivimos en una sociedad donde los discapacitados tienen poca inclusión y es una cuestión de educación. Este fallo laboral trasciende y abre una puerta y una mirada nueva", agregó.
Tejerizo también observó que Tucumán está algo atrasada en relación con la jurisprudencia nacional y celebró, en ese sentido, la apertura de Frascarolo, a quien la causa le llegó por sorteo. Casualmente, el magistrado es especialista en temas relacionados con la discriminación. Además, señaló que el juzgado funcionó bien y que tuvieron la "suerte" de que todas las instancias se transcurrieran conforme a derecho.
¿Y ahora?
La sentencia de Frascarolo todavía puede ser apelada por Monsanto. La empresa tiene tiempo hasta el lunes. "Si vencido el plazo ellos no apelan, la sentencia queda firme. Desde ahí se los intima para que en 10 días comiencen a dar cumplimiento", explicó Tejerizo.
En la espera, Álvaro Armanini anticipó: "Yo estoy dispuesto, puedo seguir haciendo lo mismo, yo solamente he quedado en silla de ruedas, mi espíritu sigue siempre es así, quiero realmente la igualdad". "Será un poco más dificil para mi una serie de cosas, pero trato de ser consecuente con mis actos", resumió.