Historias de acá

Policía y Rey Mago, hace 25 años que el sargento Quiroga es también Baltazar

Se crió en Villa Muñecas y desde hace cinco años vigila la casa de la Cultura de la Municipalidad. Un agente que se involucra con su entorno, trabajó en escuelas de ciegos y sordos. En la mañana del viernes se paseó junto a Melchor y Gaspar, por la peatonal Muñecas, donde niños y adultos le pidieron saludos, fotos y abrazos, para que la ilusión no se corte ¡Felices Reyes!

03 Ene 2020 - 19:24

Baltazar en la peatonal Muñecas, el sargento Quiroga en la Casa de Cultura.

Anochece en el Parque 9 de Julio y el trencito, en su última vuelta, cruza por la Casa de la Cultura de la Municipalidad. Por el ventanal, se ve una luz prendida y a María Luisa frente una máquina de coser, rodeada por las telas largas y oscuras.

María Luisa de Zavalía es empleada municipal, jefa del departamento de Artes Visuales y Literatura, pero en la noche del jueves, y desde hace varios días, es quien prepara los nuevos trajes para los Reyes Magos que andarán en la mañana del viernes 3 por la peatonal Muñecas y por las plazas de la ciudad.

-Los trajes anteriores ya tenían sus muchos años, dice y se concentra en la costura de las nuevas prendas, tarea que llevó adelante junto a Ana Sánchez y Mariela Molina, dos compañeras más de la repartición municipal.

Detrás de ella, espera sentado junto al libro de actas el sargento Mario Quiroga, de 40 años, quien todos los días, en turnos de 24 horas de trabajo por 48 de descanso, cuida la casona ubicada en la esquina noroeste del Parque.


Y es también, quien desde hace cinco años, tiempos en que entró a trabajar ahí, interpreta a Baltazar en los Reyes Magos municipales. Pero desde hace 25, Mario recorre su barrio, Villa Muñecas, con el mismo atuendo en la representación organizada por la iglesia Santa Rosa de Lima.

-Pienso que el Policía debe involucrarse con su entorno y sin olvidar su función de resguardar a las personas y al edificio que tenga a cargo, opina Mario quien proviene de una familia de nueve hermanos.

Rey Mago y policía, Mario dice que quiere romper el prejuicio que caen sobre algunos oficiales como duros y sin sentimientos.

Policía y Rey Mago, Mario también dice que el grado de rigidez de cada agente depende de la situación en que le toca ejercer.  


Y a él, particularmente, su oficio lo ha llevado por lugares donde, quizás, el ejercicio del corazón era parte primordial de la seguridad.

Fue guardia en la escuela especial Luis Braile, donde asisten niños y niñas ciegos o con problemas de vista, y también en la escuela especial Próspero García para estudiantes sordos e hipoacúsicos.

Aprendió lenguas de señas para que los chiquitos lo entendieran, por ejemplo, o llevó de la mano a quienes recibirán su diploma, como alguna de sus actividades cotidianas.

-Trabajar en esas escuelas me movilizó mucho. Me acercó a preguntarles a las personas cómo están, si necesitan algo, si las puedo ayudar. Se crean relaciones muy sanas con la comunidad de esa manera. En mi caso, por ejemplo, aún sigo en contacto con las familias de esos chicos. Y eso cambia tu vida, cambia tu mente.

María Luisa saca el traje de la máquina y Mario se lo prueba. Extiende las manos para medir el largo, y va bien. El que tiene los detalles dorados es el que le gusta a él.

En la mañana siguiente, a partir de las 10, se encontrará con los otros Reyes: con Melchor, Eduardo Agüero, técnico sonidista de la municipalidad, y con Carlos Cáceres también guardia policial de la casona de Cultura, para cumplir con un año más de este proyecto municipal que empezó hace quince años, impulsado por el teatrista y payaso Juan Carlos Wayar.

Pero antes, debe pasar la noche, y Mario, con su camisa blanca impecable, dará rondas por el Parque, atento a que todo esté bien. Despedirá a María Luisa, la acompañará hasta la puerta y la mirará irse, le indicará un joven dónde debe tomar el 124, y vigilará en la soledad y el silencio de los guardias y de los  serenos nocturnos.


El centro de la ciudad ha amanecido el viernes con bocinazos y colectivos repletos. Parece que los tucumanos aún no han salido de vacaciones, y en la prisa de la última hora, madres y padres buscan regalitos para el día de Reyes.

Melchor, Gaspar y Baltazar se encuentran en la esquina de Muñecas y Mendoza. Junto al arbolito conformado con estrellas rojas, hay música que los acompaña: “Llegaron ya, los reyes eran tres”.

Una niñita en silla de ruedas le toma la mano a Baltazar cuando su mamá le saca la foto. Y no se la suelta. Un papá pide saludos para su hijita, en un video selfie. Una señora se ubica para la foto y seríe: “es para mi nietita dice”.


Si con remera hace calor, con el traje de Rey Mago debe estar bastante difícil esta mañana en el centro. A tal punto que uno de ellos pide de regalo una Levité, cuando se hacen las doce y tienen que hacer el corte. Por la tarde andarán por las plazas de la ciudad.

Mario dice que en los momentos en que tiene puesto el traje de Rey Mago se le cruza la nostalgia, la alegría. Que se le mezclan sentimientos: “hay personas que nos dicen: nunca dejen de hacer esto”. Que se acuerda de cuando era niño y ponía el pastito, los zapatitos. Y que se apena por quienes pierden la ilusión. Pero que se alegra cuando los niños se acercan, le dejan cartitas o se sorprenden al verlo.

Como aquella vez, que una nenita de su barrio le pidió una foto cuando estaba disfrazado. Y lo reconoció.

-¿Mamá, es el policía?

Sí, es el Policía. Y también es Baltazar.

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