Como parte de una época de bandidos al estilo far west, Uñates, de Arcadia, ingresó al bajo mundo por un crimen no cometido. Aún en la actualidad, sus palabras resuenan entre quienes aún lo recuerdan: "La policía me ha hecho malo".
Hoy nos movemos por la ruta 38, nos vamos al sur provincial, más precisamente al Departamento de Chicligasta, ahí nomás de la conocida “Perla del Sur”, Concepción. Nos asentamos en Arcadia, comuna ubicada a unos 6 kilómetros de la ciudad de Concepción, una población que ha crecido en los últimos años y que de acuerdo al último censo (2010) cuenta con un poco más de 2000 habitantes. Seguimos en corto viaje hacia Concepción, hacia su cementerio municipal.
¿Qué imagen puede invocar algún tipo de relación entre Arcadia y el cementerio de Concepción? ¿Qué representaciones del mundo del delito se presentan entre estos dos espacios? Hoy les queremos presentar la Historia de un bandolero y santo, un tanto olvidado, del sur provincial: Juan Vizcarra o Uñates.
La figura de Uñates se yergue sobre un cúmulo de memorias acumuladas en un proceso temporal tan extenso, que nos retrotrae a fines de la década de 1920 hasta su muerte en manos de la policía en 1933. La reconstrucción del mundo delictivo de aquellos años siempre nos queda supeditado al acceso de expedientes o qué tanto los diarios de época pueden mencionar la figura que se esté buscando. Para la época, diarios como El Orden y La Gaceta tenían ciertas prerrogativas que hacían de aquellos lugares que no fueran San Miguel, un espacio de notas al margen o de “ecos del interior”. Así la figura de Uñates se pierde entre un sinnúmero de sociales, novedades y avances del progreso que se presentaba desde el sur provincial.
¿Que conocemos de Uñates? Algo muy común para los casos de bandoleros paradigmáticos, un “modelo” que es parte de la historia de aquellas figuras del mundo delictivo que resultan canonizadas: un altercado con el mundo del orden, representado por la policía. Uñates no fue la excepción. De acuerdo al historiador concepcionense Héctor Herrera, tuvo un altercado con la policía que llevó a que asesinara a dos de sus miembros luego de un entredicho ocurrido por cuestiones de dinero en una Fonda. ¿Que había sucedido? Uñates se encontró con un amigo a beber un vino, fueron acusados de retirarse y no pagar, cuando los testimonios cuentan que el pago fue realizado. En el camino fueron interceptados por dos policías que maltrataron al acompañante de Uñates. ¿El resultado? Las lenguas hablan de un policía muerto de un hachazo y otro herido que falleció posteriormente, ambos de la mano de Uñates que defendió a su compañero.
Los testimonios de sus andanzas se pierden en el tiempo, pero podemos pensar en el Tucumán de esos tiempos, que saltaba de los radicales Miguel Campero y José Graciano Sortheix, a la intervención federal de facto (1930 - 1932) y al gobierno de Juan Luis Nougués (1932 - 1934). Las perspectivas políticas del mundo tucumano fueron lo más contrapuestas que pueden pensar en un lapso de casi 10 años. En ese ir y venir de gobiernos, se suscitaron crisis propias y ajenas, como la internacional del ‘29 que, siguiendo a los diarios de época, golpearon a los sectores populares tucumanos. Y como si de un retorno hacia vivencias del pasado se tratasen, fuera de San Miguel de Tucumán se dieron casos de bandidos rurales que venían a poner en jaque la búsqueda de un orden social y político que tambaleaba. Al igual que había sucedido durante las crisis del radicalismo temprano bajo los gobiernos de Juan Bautista Bascary y Octaviano Vera, la prensa se encargaba de crear una imagen social que tocaba ciertos márgenes del “Viejo Oeste” norteamericano. Es así que tenemos, más allá de Uñates, el caso del temible Ramón Reynoso, alias “el gauchito” en Aguilares o los hermanos Álvarez dentro del departamento de Cruz Alta.
Volviendo a las andanzas de uno de los hombres más buscados entre los campos del sur, nos encontramos testimonios orales que acrecientan la idea de un Uñates preocupado por sus compañeros, por ayudar a quienes menos tenían y que andaba con una Virgen encima que lo protegía en sus enfrentamientos con la policía. En estas cuestiones, la vida de Uñates no se aleja de las leyendas de
Bazán Frías o las acciones de
Mate Cosido. Inclusive, si seguimos tomando como base los testimonios nos encontramos al pueblo de Arcadia como protector de Uñates frente a la policía, una construcción que se ejemplifica en el ocultamiento de su figura frente a los representantes del orden. Para el trabajo físico del ocultamiento se encargaban los cañaverales.
Uno de los pocos testimonios sobre su figura se presenta en el diario El Norte Argentino en su edición del jueves 15 de junio de 1933 bajo el título “Con audacia asombrosa un bandolero se presentó en una casa de negocio retirándose luego sombrero en mano”. Allí se realizaba una crónica sobre el suceso que había tenido como protagonista a Uñates el lunes 12 de esa semana: había ingresado al local comercial de don José Molina, que se encontraba atendido en esos momentos por su mujer doña Luisa de Molina, quien pasmada ante la presencia le espetó que se retirara del local, a lo que ante las disculpas del caso Uñates se retiró, no sin antes llevarse un sombrero ante la ausencia notable de la policía. Más allá del juicio valorativo, el diario comentaba que el bandolero tenía “sentados sus reales” en los montes de Arcadia, a los cuales conocía de memoria y que además “pudo hasta ahora burlar la persecución policial por contar con un sin número de parientes y amigos que lo amparan, - relatando sus hazañas por lo de Arcadia, Río Seco, etc”.
Sin testimonios escritos, con leyendas y testimonios orales en cambio, llegamos al final de la vida de Juan Uñates. El 23 de junio de 1933, en el paraje de La Aguada, a 6 kilómetros de Arcadia se encontraban frente a frente, el sargento José Moreno y Juan Uñates. ¿Qué sucedió? Los testimonios varían entre que desenfundaron y murieron ambos de un disparo; que Uñates asesinó a Moreno y un grupo policial lo ultimó; y finalmente la hipótesis que Uñates fue traicionado siendo asesinado por la espalda luego de dar fin a la vida del sargento. Como bien podemos observar en el documental “Juan Uñates - Santo y Bandolero”, la muerte trajo aparejada su santificación popular, un tanto perdida al día de hoy, al igual que la tumba del sargento que fue removida hace unos años.
Tal como sucedió con otros casos que se irán mostrando, siempre la idea parece ser la misma. Trabajadores, “guapos”, buscados por la policía por acciones no cometidas. Casi que se puede escuchar a Uñates en conversaciones de fonda decir: “La policía me ha hecho malo”.
Único retrato conocido de Juan Uñates, el bandido de los cañaverales.-
**Este artículo fue realizado con la colaboración y edición de Hector Herrera, historiador concepcionense y director del documental sobre Juan Uñates. Para más información: hectorherrera2021@hotmail.com**
Bibliografía y fuentes
- Coluccio, Félix, Devociones populares argentinas y latinoamericanas, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2001.
- Documental, Juan Uñates - Santo y bandolero, dirigido por Héctor Herrera.
- Instituto Superior de Estudios Sociales (ISES - CONICET - UNT), Diario El Norte Argentino, 15 de junio de 1933.
Mirá el documental:
Agustín Haro es Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Alumno admitido del Doctorado en Humanidades (UNT) y director de Revista Historia para Todos. También se especializa en desentrañar perfiles de criminales tucumanos de la antigüedad.
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