MISA ANTI-EPIDEMIAS

“En 2014 me tocó hacer una misa por la sequía; esa noche llovió”

Este domingo tendrá lugar en Tucumán una Misa contra las Epidemias, un intento divino por contrarrestar la propagación del Dengue y el Coronavirus en la provincia. El sacerdote que presidirá la liturgia recuerda lo que pasó cuando debió interceder por productores rurales ante el Santo Padre a causa de la falta de lluvias, hace seis años.

13 Mar 2020 - 21:29

Padre Marcelo Barrionuevo. (Foto: Facebook de Marcelo Barrionuevo)

El domingo no será como cualquier otro para la Iglesia de Tucumán. La provincia vive momentos de incertidumbre y nerviosismo, asediada por el virus del Dengue y por la llegada inminente ─como confirmaron autoridades gubernamentales─ del temido Coronavirus. Mientras entidades públicas y privadas prefieren bajar sus persianas de manera total o parcial, la curia tucumana decide afrontar la epidemia y tratar de gestionar una ayuda divina para mitigar el miedo y el sufrimiento.

Marcelo Barrionuevo, que desde este sábado será el nuevo párroco de la Parroquia Cristo Rey, oficiará en ese consulado celestial una de las misas más importantes ─sino la más─ que se registrarán durante la jornada dominical del después del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 1/1 que establece restricciones para evitar la proliferación de las enfermedades que acechan a los tucumanos.

“El Dengue me ha hecho reaccionar”, dice el padre Barrionuevo sobre su iniciativa de convocar una misa contra las epidemias, luego de que su zona de acción, Parque Guillermina e inmediaciones, se convirtiera en la zona roja del arbovirus que hasta este viernes registra 85 infectados. “Vamos a hacer una oración para pedir la protección frente a la enfermedad, también voy a hacer una bendición de agua, para que el agua bendita también sea un modo de protegernos”, explica. Y sobre las posibles críticas que podría generar la decisión de continuar con la liturgia, pese al consejo del Gobierno de no realizar encuentros masivos, el párroco afirma: “Tampoco es que vayan multitudes a las misas”.

Para el sacerdote, los brotes de Dengue y la expansión mundial de Coronavirus no son hechos casuales. Para él, responden a conflictos geopolíticos que parecen empeorar con el paso del tiempo. “la humanidad está colapsada, golpeada por una realidad microbiológica. Ya algunos científicos y geopolíticos venían planteando que las guerras ya no serían con armas de fuego, sino que la problemática se transformaría en algo bactereológico”, analiza el religioso. Barrionuevo se refiere a la desigualdad que se vive en diversos lugares del mundo, como es el caso de China, de donde se supone surgió el temido virus COVID-19. “La situación está planteando cómo el mundo tiene desigualdades en el orden social, económico y en el ámbito de las oportunidades. Finalmente, esas realidades terminan afectando a la sociedad completa”, describe.

No todo es oscurantismo para el padre Barrionuevo, que en plena crisis sanitaria ve una oportunidad única para que la humanidad encuentre la unidad. “Más que nunca la humanidad debe estar unida y no ver al otro como un elemento de sospecha. Esto hay que curarlo porque saca condiciones humanas, la supervivencia saca de uno actitudes paradójicas; tenemos que ser solidarios y no individualistas, en la supervivencia nos vemos como rivales”, señala y pide especialmente por los grupos más amenazados por la pandemia, los adultos mayores: “Tenemos que tener un gran amor, cuidado y protección por nuestros mayores, padres y abuelos, que pueden estar en la zona de edad de riesgo; estar pendientes de ellos. Sugiero que las entidades del Estado cuiden mucho los geriátricos. Entra un bichito y te produce una pandemia”, reclama.

Si bien la misa contra las epidemias del domingo puede sonar como algo curioso y novedoso para muchos tucumanos, el padre Barrionuevo recuerda una ocasión que seguramente aún vive en la memoria de muchos. El 2014 Tucumán vivió una época de sequía que afectó severamente los cultivos de productores rurales. Sin poder encontrar una solución científica al problema, los terratenientes acudieron a la fe. Marcelo Barrionuevo tenía una gran responsabilidad: de él dependía ─ni más ni menos─ la llegada de la lluvia. Sin titubear, el padre hizo sacar las imágenes de San Simón y de San Judas. Cuando la misa llegó a su fin, nada ocurrió. Pero fue antes de terminar el día que lo que muchos creían imposible ─hombres de poca fe─ los dejó sin habla y mirando al cielo. “Esa noche llovió”, recuerda el sacerdote, que confía en que la cita divina del domingo, como pasó con la peste negra de la Edad Media en Europa, ayude a desterrar este nuevo mal que hoy pesa sobre todo el planeta.

“Rezamos para que los científicos encuentren la medida justa de remedio”, concluyó el párroco que buscará que el milagro ocurra en Tucumán para todo el mundo.

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