La joven tucumana fue a España a participar de una muestra y dictar talleres, pero todo se volvió un caos a causa de la pandemia: cancelaron sus vuelos para volver, se quedó sin dinero y pronto se vence su visa. “Han esperado hasta el último momento y en menos de un mes explotó todo”, cuenta.
Ruth espera poder volver a Tucumán.
Todo parece una distopía, parte de una ficción apocalíptica propia del cine catástrofe de Hollywood. Pero es real, tan real como la angustia que vive por estos días la fotógrafa tucumana Ruth Argañaraz al desconocer cómo hará para volver al país en medio del caos generado por la pandemia de coronavirus. Desde una casa en Barcelona donde permanece recluida como parte de la cuarentena, la joven de 27 años debía volver a la provincia el 24 de marzo y hace unos días cancelaron su vuelo de regreso: “Las noticias son muy raras. De Argentina llegan unas noticias y de acá otras. Eso que dijeron de que iban a repatriar a lso argentinos en el exterior no es tan real, en Aerolíneas Argentinas no atienden y en la cancillería no tienen ni idea. No hay ninguna solución, no puedo hacer nada más que esperar”. Calles desiertas, hospitales abarrotados y desabastecimiento en supermercados don parte del caótico panorama actual en España.
Mientras en Tucumán es la hora del almuerzo, en Barcelona Ruth se prepara para la merienda. Mucho más no puede hacer. Afuera, no hay casi gente caminando en las calles y los únicos comercios abiertos son las farmacias y los supermercados. Escenas que se repiten en distintos rincones de la Europa acechada por la pandemia. En esa ciudad, recién ayer se estableció la cuarentena para todos los habitantes y ella siente que la medida llegó demasiado tarde: “Han esperado hasta el último momento y en menos de un mes explotó todo”. Por estas horas, más allá de la amenaza real del coronavirus, la preocupación de la joven es cómo y cuándo podrá volver a Tucumán. Desde hace dos días, cuando cancelaron su vuelo porque tenía una escala de dos horas en Roma (una de las ciudades más afectadas por la propagación del virus), no ha encontrado ninguna respuesta a esas interrogantes. “Aerolíneas Argentinas está repatriando a los argentinos que se encuentran en Madrid y Roma y nos pidieron a los que estamos en otros lugares que esperemos. Estoy con un grupo de argentinos que están en la misma situación y les pidieron que vuelvan a su casa para evitar amontonamientos. Yo mandé un mail a cancillería y todavía no me respondieron y el número de teléfono que pusieron en aerolíneas para estos casos no atiende”, explicó.
La fotógrafa llegó a Barcelona el 13 de enero para participar con su obra “Soportar” de una exhibición en el centro cívico Pati Llimona
luego de haber realizado una plataforma de crowdfunding y distintas iniciativas para costear el viaje. Argañaraz trabaja con procesos fotográficos antiguos en los que mezcla distintos químicos y los expone al sol para formar imágenes. Desde que está allá ha participado además de diversas conferencias y dictado talleres con los cuales costeaba su estadía. La llegada de la pandemia cambió sus planes. “Como cancelaron todo quedé con las clases colgadas y no puedo generar dinero para mantenerme acá. Para colmo lo del impuesto del 30% a las compras en el exterior sigue corriendo, lo que me parece una mierda porque sólo compro cosas para comer y lo que es necesario”. Desde entonces, Ruth se mantiene gracias a su tarjeta de crédito y a la hospitalidad de Etel, una amiga que conoció allá, que la hospeda en su casa.
Ruth cumplió sus 27 años la semana pasada cuando todavía no se había dispuesto la cuarentena que confinó en sus casas a más de siete millones de catalanes. Por esos días la situación era de incertidumbre, pero lejos estaba del caos actual. Según informa el diario La Vanguardia de España, son 509 los infectados de coronavirus en esa ciudad, aunque no es de las más afectadas en el país. La tucumana prefiere no seguir las noticias que sólo contribuyen a generar más pánico entre la población. “Es todo un círculo de no saber qué pasa. Es jodido porque desde Tucumán mi mamá me manda todo lo que ve en internet y la prensa amarillista genera más pánico. Mis amigos me hablan todo el tiempo, pero no tienen cómo ayudarme desde allá”, comenta.
“En estos momentos hay mucha gente que se lo tomó la situación muy a pecho y directamente se confinó en su casa y sospecha de todo el mundo, pero a muchos recién les están cayendo la ficha. Yo estoy encerrada en mi propio mundo, pero, por lo que veo, mucha gente está generando pánico y hay muchos a los que no le importa un carajo”, retrata la psicosis colectiva que se ha apoderado de gran parte de la población una vez establecida la cuarentena: “Los hospitales están colmados de gente que va a hacerse la prueba ante cualquier síntoma de resfrío. No me puedo imaginar que pasaría si esta situación se traslada para allá que hay mucha menos infraestructura”. Otro de los síntomas de la desesperación de la gente es el faltante de productos en los supermercados: “En los súper hay desabastecimiento porque hay gente boluda que se bajó góndolas completas… no hay papel higiénico en el súper”.
Por el momento, la joven pasa sus días tomando mates, leyendo y buscando actividades para realizar en la casa donde se encuentra recluida: “Me compré químicos para hacer obras, hablo con amigos y comparto con la gente de la casa”. Ruth espera por novedades que le permitan saber cuál será su destino, para colmo, el 13 de abril se le vence su visa de turista y en la oficina encargada del área de migraciones no están atendiendo al público. La situación que vive es desesperante por no saber cuándo podrá volver a su casa de Plazoleta Mitre: “En estos momentos no puedo pagarme un pasaje para volver a la Argentina y, si lo tuviera, tampoco puedo hacerlo. Sólo puedo esperar y esperar lo mejor, aunque veo el panorama bastante complicado. Ya sé que cuando vuelva tengo que hacer cuarentena, pero por lo menos voy a estar allá”.