Él tiene 65 años y no puede moverse: "Me tienen que alzar para cruzar". Ella es la cocinera del merendero del barrio: "Necesitamos ayuda, por favor". El relato en primera persona de Cecilia, asistente solidaria de una situación crítica. VIDEOS
Así cruza María para ir a cocinar para los chicos del merendero.
José Francisco Estrada tiene 65 años y tiene inmovilizada la cadera. No se puede mover dentro de su casa sin la ayuda de un andador. Si tiene que ir al almacén o al médico, el panorama se complica: “Me tienen que alzar para cruzar”, le dice por lo bajo a Cecilia Laino, quien trabaja a pulmón en un merendero del barrio El Sifón, uno de los más postergados de San Miguel de Tucumán.
Ese trabajo a pulmón llevó a Cecilia a encender la cámara de su celular y grabar la dura realidad que vive José, quien dice: “Acá es un foco infeccioso, es agua de cloaca, ahí están los mosquitos, no te dejan dormir de día ni de noche. Vengan a arreglar las calles, el intendente, el gobernador, nosotros los votamos. No solamente los ricos tienen derecho a vivir, también los chicos, mis nietos, mi descendencia”.
A los pulmones de Cecilia, de José, de los nietos de José llega el olor nauseabundo de la laguna olvidada: “José es el señor que vive en la Alejandro Heredia al 1500. Sí o sí hay que bajar por esa calle para ir al merendero. Ya había habido un caso de dengue. Es una cuadra entera podrida, con tres bocas de cloacas abiertas, con los chiquitos del asentamiento de la vía jugando al lado”, explica Cecilia.
La tarea de Cecilia y un grupo de voluntarios consiste en dar tres veces a la semana el almuerzo a las familias, pero la olla no alcanza: “Ayer eran 145 familias, quedaron 15 familias sin comer. La mayoría de las familias están en el asentamiento de la vía. Nosotros vamos por la Mitre, bajamos por Colombia y ahí están. Desde Desarrollo Social recibimos leche, galletas, yerba y azúcar en esta situación de emergencia sanitaria. Pero ellos ya no quieren colchones, ropa ni nada más que no sea el arreglo de las cloacas”.
“De la SAT tienen que llegar sí o sí. Es un olor nauseabundo el que se siente, te descompone. Es un color verde, viscoso. Me dijo José que es un problema de toda la vida. Tienen miedo por los casos de dengue. Viven con este problema: ellos mismos han ido a destrancar, sacar la basura, tratar de que corran más el agua. En medio de todo este drama, los chicos juegan a la pelota, andan corriendo, hay uno con yeso que mete la pata en el agua. Tienen que poner piedras para cruzar: están a dos cuadras de la Mitre, pero parece que están en otro mundo”, denuncia Cecilia.
“También nos dieron una olla para cocinar a los chicos. Estábamos haciendo arroz con leche y se trepaban a las tapias para preguntarnos: ‘¿Ya está? ¿Ya está?' Tienen mucho hambre. Y si alguien los critica por no quedarse en sus casas los invito a que vengan, a que vean con sus propios ojos la situación", aclara Cecilia.
"Cerró la escuela 252 adonde asisten, obviamente no tienen internet y no llegaron los cuadernillos para que hagan la tarea”, se lamenta Cecilia, quien entrevistó a los vecinos de la zona, entre ellos a María, la cocinera del merendero: “Necesitamos un techo para cocinar. Estamos a la intemperie cuando llueve o da el sol. Necesitamos que nos ayuden, por favor”.