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"Yo entré": compró en la carnicería clausurada y rompió el silencio

Cristian vive a unas cuadras de la sucursal de Holando en la esquina de Juan B. Justo y Gobernador del Campo: "Me pareció raro el precio". Y revela qué pasó cuando vio el video: "Eso que aparece en el video no es la pata de una vaca".

22 Abr 2020 - 21:45

Cristian compró carne en Holando y vivió para contarlo.

La comida árabe que prepara la madre de Cristian es un clásico de la familia y no hay cuarentena que impida el ritual de una buena docena de sfijas, kipe, niños envueltos o algún manjar que lleve carne molida fresca, bien condimentada, lista para entrar al horno y, una hora después, todo se sirva a la mesa.

Los vencimientos no perdonan y Cristian se fue al Rapipago de Esquina Norte a pagar el celular de su padre, de su madre y el suyo: antes de volver a su casa, vio una fachada enorme pintada de blanco con manchas pintadas de negro, como si fuera una vaca Holando-Argentina, el nombre de la raza también conocida como vaca frisona.

Esa carnicería que vio Cristian, en un guiño creativo de los creadores, se llama Nuestra Holando, la carnicería clausurada esta mañana por la Dirección de Control Ambiental y Bromatología (Dicab) dependiente de la Municipalidad San Miguel de Tucumán. Claro que eso no lo sabía Cristian ni todos los vecinos de una de las zonas con mayor densidad poblacional de la ciudad.

“Entré y compré primo especial: pagué 280 pesos el kilo (no baja de los 400 y en algunos lugares supera los 500 pesos). Me pareció el precio tan barato. Cuando estuve adentro, vi que atendían dos empleados con guantes en las manos y la cajera estaba aparte: solo manejaba la plata. Se respetaba la distancia de un metro y no permitían que hubiera más de dos clientes. Lo que no me gustó fue ver a los cadetes que hacían los envíos detrás del mostrador”, relata Cristian, quien volvió a su casa con la carne, y luego comió el kipe de su madre.

“Mi madre siempre se fija en que la carne no tenga nada raro como el color de la grasa. Una vez, en otra carnicería cerca del Changomás, había comprado carne, la pusimos a hervir y empezó a salirle burbujas a la carne. Ahí nos dimos cuenta que eso no se podía comer y la tiramos”, recuerda su primera experiencia con carne en mal estado.

Esta vez, su experiencia en Holando no tuvo consecuencias, pero la patada al hígado llegó cuando vio el video de la carnicería donde había comprado el primo especial: “Apenas lo vi, lo compartí en las redes sociales y le comenté a mi vieja: ‘Por lo menos lo que nosotros compramos no es de caballo’. Cuando uno ve las imágenes se nota que eso que cargan no es una media res de vaca”.

Cristian destapa uno de los mayores temores de los vecinos y clientes habituales de la carnicería clausurada: ¿eran cortes vacunos? “Mi familia es del campo. Nosotros nos criamos en Las Cañadas, Leales, cerca de Los Gómez- Allá en el campo no tenés una carnicería cerca. Personalmente no me gusta ver cómo matan a los animales, pero uno crece viendo cómo se faena a un animal, o cuando se carnea un lechón para la Navidad".

"Eso que aparece en el video no es la pata de una vaca. Fijate que es una pata larga. Una media res pesa unos 400 kilos, es cargada por personas fornidas, corpulentas. Al lado de mi casa viven carniceros y coinciden: no sé qué es lo cargaron, pero de lo que no tengo dudas es que ahora vamos a estar más atentos a cada vez que compremos algo en una carnicería”.

Carne confiscada de la carnicería Holando.

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