Historias de acá

La odisea de Roberto para seguir estudiando sin internet

Roberto René Herrera es estudiante de fotografía y no puede seguir las clases en las aulas virtuales. La pandemia lo dejó sin trabajo y no tiene cómo conectarse desde su casa. Una carrera que se le hizo cuesta arriba.

28 Abr 2020 - 21:19

Roberto, su cámara y el afán de seguir su vocación.

La Plaza Hipólito Yrigoyen está casi desierta. Los tribunales y los bares que la rodean, todos cerrados. La pandemia ha paralizado el fluir constante de gente y el transito atribulado de los vehículos. Si se presta atención, hasta se puede escuchar el piar de los pájaros en las copas de los árboles. Antes de decretarse el aislamiento social obligatorio, Roberto René Herrera solía venir hasta acá y buscar un banco en el cual abstraerse del bullicio para poder conectarse al wifi gratuito. La última vez que lo hizo fue en la primera semana de marzo para matricularse en la facultad y poder cursar el segundo año de la carrera de fotografía. Después, llegaron el coronavirus, la prohibición de circular, las aulas virtuales y los problemas para él. Primero, se quedó sin fuentes de ingresos al cerrar sus puertas el taller de artes plásticas donde trabajaba haciendo bastidores y marcos. Después, empezó la odisea de seguir el ritmo de las clases online sin internet en la casa donde vive ni la posibilidad de salir a buscar la conexión gratuita ni contar con datos ilimitados en su teléfono. La carrera que eligió, ahora se le presenta como una carrera de obstáculos. 

Cuando Roberto se inscribió hace dos años en la tecnicatura en fotografía, lo hizo con el anhelo de aprender un nuevo lenguaje. Acaso así podría superar mejor su tartamudez, dificultad que lo había desanimado a seguir una carrera universitaria antes. El joven de 30 años nació en Tucumán, pero creció en Catamarca desde donde se vino en 2018 para iniciar un tratamiento con la fonoaudióloga Claudia Moreno Thillois y empezar fotografía: “La especialista me ayudó mucho y cuando me di cuenta ya estaba inscripto en la carrera. Creo que elegí la carrera porque veía en ella una herramienta; una forma de poder expresarme sin la necesidad de hablar. Hoy quisiera aprender todo lo posible acerca de este arte”. Tuvo que volver a cursar el primer año porque no tenía cámara y no llegó a presentar las fotos de los trabajos finales de las materias. Pero volvió a insistir el año pasado y ahora tenía todas las exceptivas de poder cursar el segundo cuando empezó la pandemia y las clases a distancia. 

En la casa de sus tíos en El Manantial donde vive no hay internet y, si bien algunos de los campus virtuales dispuestos en la facultad son gratuitos y no le consumen los datos del teléfono, en otras materias necesita tener crédito para poder ingresar. Lo mismo si los profesores le mandan un link con información que se encuentra fuera de la plataforma. Por la cuarentena, tampoco podía volver a la plaza o al frente de la Casa Histórica o al ciber donde solía ir antes. Entonces, Intentó contratar un servicio de internet. Primero, probó con una empresa donde le contestaron que no tenían cobertura en esa zona. Después, con otra que sí brindaba internet en El Manantial, pero que exigía el pago con tarjeta de crédito y él no tiene: “Comenté eso que me pasaba en el grupo de un curso de fotografía que empecé a tomar antes de la cuarentena y la profesora Soledad Arostegui vio lo que pasaba y ofreció su tarjeta de crédito para que yo pudiera solicitar el servicio. Es más, llamó ella para tramitar todo y por el momento fue imposible ya que no cuentan con líneas y debía conseguir un teléfono fijo para poder hacer la instalación”. 

“Me preocupa retrasarme con las materias, quedar libre o no aprender de esta forma. Incluso, se me pasó por la cabeza darme de baja en las materias y hacerlas el año que viene. Pero decidí intentarlo y ver cómo puedo hacer para seguir. Sé que de alguna forma podré y, si no, lo habré intentado al menos”, cuenta el joven el dilema en que se encuentra por estos días ante las dificultades para seguir con las clases de manera virtual. Por ahora puede seguir el cursado de las materias cargando crédito en su teléfono con la plata que venía ahorrando para comprarse una computadora, elemento indispensable para aprender a usar los programas de edición de fotografías. Sabe que, hasta que no cuente con servicio de internet en la casa donde vive, se le hará cada vez más difícil continuar estudiando y seguir adelante con su vocación. 

Algunos docentes que conocen su situación se solidarizaron con él y le brindaron su apoyo: “Le comenté a uno de los profesores y me dijo que las clases por videoconferencia no eran obligatorias,  pero que era bueno poder verlas ya que son necesarias para hacer los trabajos prácticos y, obviamente, los parciales. A los demás no les comenté porque creo que hacen todo lo posible también. Es una forma nueva y ellos se están adaptando a eso”. Sus compañeros también le dan una mano pasándole apuntes o resúmenes, pero siente que no es suficiente y que no puede seguir al ritmo que llevan los demás alumnos: “Entre compañeros hay mucha colaboración, pero no es lo mismo presenciar la clase a que te cuenten lo que se dijo o lo que ellos entendieron”.

Aunque para muchos pueda parecer más fácil estudiar desde sus casas, sin tener que ir a la facultad, lo cierto es que las clases virtuales suponen una serie de complicaciones para aquellos que no disponen de los recursos, como es el caso de Roberto: “Pareciera más cómodo aprender por internet porque no te movés de tu casa, pero para quien no cuenta con los medios, se complica. Y también hay materias que tienen mucho de práctica, los trabajos prácticos son justamente eso: hacer fotos en determinados lugares, imprimir el material y presentarlo ante el profesor.  Sin ir más lejos, en este momento debíamos ya estar haciendo un trabajo práctico con cámara analógica,  pero por la cuarentena fue imposible porque necesitas comprar rollos y están cerrados esos lugares”. 

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Durante la cuarentena, Roberto aprovechó para hacer fotos en el patio de la casa donde logró capturar las imágenes de algunos insectos. De esa manera, se mantiene practicando. En cuanto a las clases, debe optar por cuales seguir para no agotar todo el crédito del que dispone en teléfono. Como tiene que hacer una monografía para entregar próximamente, decidió no gastarse los datos en las clases en vivo. Él no culpa a la universidad, sabe que era la única opción posible para seguir adelante con las distintas carreras, pero también es consciente de que su caso no es el único y de que hay muchos otros alumnos con problemas similares: “Creo que la universidad hizo lo que podía hacer, conseguir algo que beneficie y colabore con la gran mayoría del alumnado. Seguramente hay más chicos que pasan por lo mismo, tengo algunos compañeros en la misma situación. Pero bueno, ya queda en uno arreglárselas como se pueda por ahora y pedir que esto pase rápido para volver a clases. Mi preocupación era, primero, la asistencia porque no sabía cómo sería en el caso de las videoconferencias. Ahora, es por las clases en sí mismas, o sea no verlas, porque significa perderte conocimientos y muchas veces no saber de qué hablan cuando piden un trabajo práctico por ejemplo”. 

Roberto está decidido a no bajar los brazos y a seguir con su vocación, pero esa carrera parece haberse convertido en una verdadera odisea. 

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Ángeles terrenales. #abejas #insects #insectlover #instaanimals #insectphoto #insectworld #insectos #insect_perfection #insectsofinstagram #insects_macro #naturaleza #naturelover #nature #nature_photo #naturephotography #naturelovers #nikonphotography #macro #macros #macroworld_tr #macro_nature_spirit #macrogardener #macro_perfection #macro_captures_ #macroshot #macro_vision #macro_world #macro_addiction #photooftheday #photo

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