Historias de acá y de allá

Sin aislamiento ni barbijos: cómo vive una tucumana la pandemia en Suecia

Elisabeth Nieva viajó al país escandinavo para conocer a la familia de su novio y ahí los sorprendió la pandemia global. Cómo es la vida cotidiana en el lugar que Alberto Fernández usó de ejemplo frente al modelo argentino: “Acá todo el mundo acata lo que dice el gobierno”.

14 May 2020 - 21:50

Elisabeth y Rikard viven su amor en las calles suecas.

Cualquiera puede pensar que Argentina es el país más sencillo de todo el mundo. Como cuando se arroja al aire una moneda, por acá la realidad parece dirimirse a cara o cruz y todo se vuelve más simple porque sólo basta con elegir de qué lado estar: Unitarios o federales, peronistas o antiperonistas, Maradona o Messi. Ante una realidad compleja y por demás caótica, nosotros la hacemos fácil, tanto que nos alcanza y nos sobra con partirla en dos. Parecemos empujados hacia la polarización perpetua y al pensamiento binario. Sólo se trata de elegir un bando, no importa cuándo lean esto. La última de estas dicotomías llegó con la pandemia y de la mano de los medios ávidos de nuevas grietas que socavar: salud o economía. Entonces, mientras acá se imponía el aislamiento social como forma de hacer frente al avance del coronavirus, hubo quien encontró en Suecia el claro contrajemplo de un Estado que había aplicado un modelo exitoso para proteger las finanzas. El presidente Alberto Fernández dijo el viernes pasado: "Cuando escuchen decir sigan el ejemplo sueco, sepan que los 3.000 muertos suecos equivalen a 13.900 muertos en Argentina". Esas palabras avivaron la polémica y nos llevan a preguntarnos cómo se vive la pandemia en el país escandinavo. La tucumana Elisabeth Nieva se encuentra ahí en estos momentos y cuenta su experiencia para mostrar los grises de una realidad donde no todo es sólo blanco o negro. 

En las calles suecas la gente camina sin barbijo, los estudiantes de la primaria siguen yendo a la escuela y quien lo desea puede sentarse en un bar o en un pub a tomar una cerveza, siempre y cuando el lugar no exceda la capacidad de cincuenta personas. Esta es la realidad con la que convive a diario la Licenciada en Educación Física Elisabeth Nieva. La joven de 28 años se encuentra en Suecia desde las primeras semanas de febrero, cuando fue a conocer a la familia y a los amigos de su novio Rikard Adamsson, oriundo de allá, más precisamente de Sandviken, una ciudad a 200 kilómetros de Estocolmo donde los agarró la pandemia: “Desde mi experiencia no veo ni paranoia ni miedo, pero si mucha responsabilidad de la gente. Acá, por ejemplo, no se acostumbra a saludarse con un beso, pero los que son muy amigos se abrazan. Ahora, la gente ya no se abraza y no hay ningún tipo de contacto, son súper cuidadosos en todo”. 

“Al principio, como en todos lados, pasaban las noticias de lo que estaba sucediendo en China, España o Italia, no nos imaginábamos que esto iba a ser tan rápido en todo el mundo. Lo primero que han hecho acá es cerrar las fronteras para los que venían de afuera de Europa partir del 18 de marzo. Esa fue la primera medida que tomaron y fue repentina, todo lo demás normal, es como que el gobierno sueco ha puesto toda la responsabilidad en los ciudadanos”, explica la joven tucumana. Según comenta, algunas de las acciones que se tomaron desde entonces fueron la suspensión de las clases presenciales en los niveles secundario y universitario que ahora se dictan de manera virtual, la imposibilidad de realizar eventos públicos o privados que convoquen a más de cincuenta personas y la construcción por parte del ejército de grandes hospitales de campaña completamente equipados cerca de los centros de salud. Además, los trabajadores del sistema sanitarios fueron preparados para afrontar la pandemia: “Toda la gente de sanidad ha tenido capacitaciones súper rápido, por lo que tenían bien en claro cuáles eran sus funciones cuando se propagara el virus”. 

El transporte público funciona con normalidad y la gente sigue asistiendo a sus trabajos, aunque aquellos que tienen la posibilidad de realizarlo a distancia, pueden hacerlo desde sus casas si así lo desean. Tampoco es común ver a gente con barbijos en las calles porque su uso no es obligatorio y el gobierno tampoco lo ha recomendado. Tal es la relativa normalidad con que se afronta la pandemia en Suecia que el pasado fin de semana, tanto Elisabeth como Rikard han corrido la ultra maratón de 65 kilómetros "Hofors varv efter varv", en la que ambos se ubicaron quintos. Ella en la categoría de damas y él en la de hombres. En la competencia, participaron sólo cincuenta participantes, tal como está permitido.


Según cuenta, más que medidas de cumplimiento obligatorio, el Estado sueco dio una serie de recomendaciones a los ciudadanos. Es por eso que, aun cuando no está prohibido hacerlo, es visible la disminución de gente circulando en los espacios públicos. Los que han dejado de salir a las calles son los adultos mayores que se encuentran dentro de la población de riesgo. Se los puede ver en los umbrales de sus casas cuando son visitados por sus hijos, siempre respetando la distancia y sin mediar contacto físico. A Elisabeth le asombró ese nivel de acatamiento: “Lo que me ha sorprendido mucho es que los adultos mayores no salen ni a hacer las compras en los supermercados. Acá todo el mundo acata lo que dice el gobierno, hasta los más jóvenes”.

Desde que se fue a Suecia, Elisabeth se ha mantenido en contacto permanente con sus familiares y amigos en la provincia: “Todo el tiempo me están llegando mensajes. Lo que más he leído es que en Tucumán el dengue es más peligroso que el coronavirus, muchos amigos y conocidos se han contagiado”. Se hace difícil sopesar y comparar la realidad tucumana con lo que sucede a más de 12.200 kilómetros de distancia, entre sociedades, culturas y economías completamente diferentes. Ella cree que tanto el aislamiento social como el uso de barbijos en Argentina han sido medidas acertadas y que el modelo sueco no sería aplicable a nuestra realidad: “Acá ha funcionado ese sistema porque la sociedad funciona de otra manera, sinceramente no creo que esto hubiese funcionado en Argentina. Acá la gente es mucho más responsable y la sociedad es muy diferente. Nosotros estamos muy acostumbrados a compartir vasos, mate, acá no se comparte nada”. La preocupación y la discrepancia de la tucumana tienen que ver con la forma en que las medidas tomadas acá han afectado a algunos rubros de la economía: “Me parece que está bien la cuarentena, pero me parece que haber cerrado tantas fuentes de trabajo no ha sido acertado, la gente no ha tenido tiempo de organizarse. La peor parte es no saber cuándo podés retomar tu actividad. Yo soy profesora de Educación Física, tengo muchos amigos que trabajan como preparadores físicos o en gimnasios y ahora no están trabajando y no saben cuándo van a volver”. 

Las estadísticas hablan de dos realidades muy diferentes frente a la pandemia. Mientras que las últimas cifras indican que en Suecia hay 28.582 contagios confirmados y 3.529 personas fallecidas por el coronavirus, en Argentina se registran 6879 infectados y 344 muertes. Se trata de dos maneras distintas de encarar la crisis, mientras que acá el objetivo del Estado nacional es aplanar la curva de contagios y que el virus se expanda más lentamente, allá se han propuesto llegar al pico de contagios lo más rápido posible. “El gobierno sueco desde el primer momento ha salido a decir que no han tomado decisiones políticamente guiadas, sino médicas. Acá lo que el gobierno planteaba es que sí o sí iba a haber un pico de contagios y no buscaron retrasarlo, sino que siga su curso. Ellos sabían desde el principio que iba a haber mucha gente contagiada, pero estaban preparados desde el día uno para eso”, comenta la joven tucumana quien hizo hincapié en que la economía del país escandinavo también sufrió algunas de las  consecuencias de la pandemia, como sucede en otras partes del mundo. Si bien las grandes compañías todavía no han despedido empleados, hay trabajos estacionales que no están funcionando cómo solían hacerlo y algunas industrias, como es el caso particular del turismo, que están paralizadas.

La polémica por las declaraciones del Presidente Alberto Fernández el pasado viernes que acá tuvieron un lugar destacado en los principales medios nacionales y que ameritaron una respuesta de la embajada de Suecia en el país, según Elisabeth, allá no tuvieron repercusión alguna.  “Es difícil hacer comparaciones directas entre las medidas de contención que han adoptado diferentes países. Pasará tiempo antes de que sepamos qué modelos funcionan mejor”, fueron las palabras del embajador sueco Anders Carlsson tres días después bajándole el tono al revuelo mediático. Una vez más, la dicotomía no parece más que otro falso dilema que confronta a realidades distintas y respuestas diferentes ante la crisis. Está claro, el problema es demasiado complejo y no basta con arrojar una moneda al aire para decidir cuál es el camino a seguir. 

El amor entre una tucumana y un sueco y un plan en suspenso 

Elisabeth conoció a Rikard en la isla colombiana de San Andrés en la víspera de la noche buena de 2018. Ambos disfrutaban de sus vacaciones cuando se produjo el romance. Pronto descubrieron que tenían muchas cosas en común, sobre todo, el amor por el deporte. Ella suele participar de maratones y competencias de trekking. Él también, de hecho en Suecia se hizo conocido por una travesía que realizó solo a los 18 años cuando unió todas las montañas del país en 71 días. Ahora, tiene 24 años y continúa con su afición por esas actividades. El año pasado volvieron a verse para pasar las vacaciones y ahí surgió la idea de irse a vivir juntos un tiempo a Australia. El viaje a Suecia en febrero era apenas una escala en ese plan que ahora la pandemia puso en suspenso.

La joven tucumana llegó a Suecia con la intención de conocer a la familia y a los amigos de su novio. En el medio, llegó el coronavirus, sus vuelos se cancelaron y no tuvieron más remedio que quedarse en Sandviken. Allá, lejos de Estocolmo, el epicentro donde se encuentra la mayoría de los afectados por el virus, fue recibida con mucho afecto: “Desde lo que me ha tocado vivir a mí, la gente acá es súper amable. Todos me han tratado bien desde el día uno, son muy cálidos. Tantos los familiares como los amigos de mi novio me tratan como si fuera parte de la familia”. 


Se ha encontrado con una sociedad tan diferente que se le hace muy difícil compararla con su Tucumán natal. En materia económica, cuenta que los salarios son muy altos, pero también la vida se hace más cara allá, sobre todo, a la hora de comprar comida. También destacó que alrededor del 30% del salario se destina al pago de impuestos y que esto se refleja en el estado de las rutas, los servicios públicos y la educación que allá es gratuita, pero además el Estado ofrece becas de estudios para los integrantes de las familias con menos recursos. 

“Definitivamente, prefiero que me la pandemia me haya tocado acá. Estamos saliendo mucho y haciendo mucho deporte, se me hubiese quedado en Tucumán estaría encerrada en un departamento sin poder salir. Creo que uno se adapta a la nueva realidad, por ahora hay que quedarse en Suecia hasta que podamos seguir con nuestro plan de viajar a Australia. Para mí esta es una época que nos vamos a acordar por siempre, pero ya va a pasar”, reflexiona la joven que confesó que lo que más extraña de Tucumán son los asados y  los mates y las noches con amigos en las pistas de cachengue de los boliches Country y Jack London: “Acá casi todos son pubs y la música es, sobre todo, electrónica y muy poca gente baila. La cultura de la noche es totalmente diferente, toman muchísimo más alcohol, pero no bailan tanto y a mí me gusta bailar”.

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