Agustín Calderón vivía en situación de calle y era conocido por todos como “Limusín”. Su sonrisa de niño se apagó hace unos días y ahora todos lo recuerdan con cariño y tristeza. “Era un amoroso, un gran tipo, y es un dolor muy grande su pérdida”.
Limusín, un personaje entrañable.
La Plaza Urquiza era toda suya. Cualquiera de sus bancos podía servirle de cama en aquellas noches en las que no tenía dónde más ir. Ahí lo encontraban siempre quienes ahora extrañan su sonrisa de niño grande sin malicia. En las calles, Agustín Calderón se ganó el cariño que le había faltado en su casa desde pequeño. Los UKZ, la banda de skaters que suele reunirse en la plaza, lo adoptaron como uno más de su crew y ahí fue que empezó a ser apodado como “Limusín”. Su rostro era conocido en los bares bohemios del centro como Pangea donde tenía muchos amigos. La semana pasada, cuando se supo que había fallecido, la tristeza se apoderó de todos aquellos que lo frecuentaban y que nunca olvidarán su cariño. La suya es la historia de una vida demasiado dura para un corazón tan tierno.
Agustín Calderón tenía alrededor de 25 años, pero todos lo recuerdan por su espíritu infantil. Frecuentaba la Plaza Urquiza donde se supo ganar la amistad de los skaters y ahí lo conoció Agustín Silva allá por el año 2004 cuando ambos eran unos changuitos. “Nosotros andamos en skate ahí y él iba con dos pibitos más. Él era changuito, andaba aspirando pegamento en aquel tiempo, me acuerdo que él era más tímido y los otros más bardos. Hace poco, él me contó que esos chicos que lo acompañaban se habían suicidado. Mirá vos las vueltas de la vida, él ha sorteado un montón de obstáculos, se ha limpiado y era un chango que no tenía ningún vicio, sin embargo, ha terminado así. Era un niño, el niño que todos tenemos dentro él lo llevaba a flor de piel”, recuerda el joven de 28 años que ahora vive en Córdoba donde estudia la carrera de diseño gráfico.
En la plaza y en el centro se acostumbraron a verlo vendiendo estampitas, Mentitas o sahumerios. En la Urquiza también lo veían sumarse a las clases de gimnasia y de baile junto a las señoras mayores de Barrio Norte y también ahí aprovechaba para tirarse unos pasos cuando se reunían los tangueros. Siempre sonriente y con una energía vital que se transmitía a los demás. Fueron los integrantes de la crew de skaters quienes lo bautizaron como “Limusín” o “Limosín” o “Limu”, en la versión abreviada de su apodo. Según explica Agustín Silva, el sobrenombre surgió de un juego de palabras propio de los skaters. Por un lado, significa “limado”, en el buen sentido, aclara, porque “Limu” podía, de pronto, ponerse a bailar o caminar invertido como una araña. Por otro lado, también por las limosnas que a veces pedía. En todo caso, el apodo nunca fue despectivo, sino todo lo contrario, cargaba con el cariñoso afecto de los jóvenes que lo conocieron.
A Limusín podía vérselo seguido en Pangea donde iba a comer y donde también se había hecho de amigos que solían contenerlo. También en el drugstore El almacén, en Junín y Corrientes. Aunque uno podía encontrárselo en cualquier lado porque las calles de la ciudad eran suyas, podían ser su hogar y también el lugar de encuentro con los integrantes de esa familia que se fue forjando al andar. Agustín recuerda que en el drugstore festejaron su cumpleaños el 12 de octubre de 2018. Ese día, Limusín parecía apresurado por irse. Lo cual les resultó muy extraño porque él pasaba más tiempo en las calles que bajo techo. Lo que le inquietaba es que ese día era su cumpleaños. Entonces, le compraron un Alfajor Águila y la encargada de El Almacén encontró una vela. Un video registra aquel festejo improvisado. Se lo puede ver soplando varias veces la vela sin lograr apagarla. “Ves el video y te llega mucho porque él tenía una sonrisa muy autentica. Me acuerdo que no la podía apagar a la vela y que sopló tres, cuatro, cinco veces. Me acuerdo de verlo contento, pero que también tenía la mirada un poco perdida”, relata Agustín al recordar ese día.
“Le gustaba mucho ir al ciber a ver películas, le gustaban las comedias. Venía y te contaba la película de pe a pa y se cagaba de risa solo. Una hora entera te estaba contando la película. Cuando íbamos a andar en skate siempre estábamos con un parlante y él ponía los últimos temas de reggaetón, no tenía problema de ponerse a bailar junto con las señoras que iban a hacer gimnasia a la plaza y también bailaba con la gente de la murga en el piletón del Parque Avellaneda”, cuenta Agustín de su amigo y tocayo. También recuerda que desde hace varios años arrastraba problemas de salud: “En un momento se había lastimado el dedo gordo del pie y tenía gangrena. Le hemos insistido para que vaya al médico. Era medio terco con eso a veces”.
Andando por bares y plazas, Limusín aprendió los códigos de la calle. Sin embargo, los rigores de la vida a la intemperie no endurecieron nunca su corazón: “Él era una persona muy simpática y muy dada. Algunos lo tomaban para la joda, era dado, pero no dejaba que lo tomen para la joda. Si sos de la calle y te prestás, te agarran para la pelotudez. Él se hacía respetar”. Muchos de los que participaban en aquellos años de la incipiente movida del skate en Tucumán crecieron junto a él. Changuito de la calle, changarín y bailarín, su presencia jamás pasó desapercibida. Supo querer y hacerse querer.
La semana pasada, a través de un grupo de WhatsApp, Agustín recibió en Córdoba la noticia del fallecimiento de su amigo como un aguijonazo al corazón: “Fue bastante duro, hace un tiempo que no sabía de él y como andaba. No sabía que estaba enfermo. Fue muy duro”. Muchos se volcaron a las redes sociales para recordarlo. “Vos me enseñaste taaaantas cosas! Pero principalmente a poder mirar el mundo con otros ojos. Hoy mi corazón está muy triste, ojalá hubiera podido hacer más. Descansá en Paz Agus”, escribió en su muro de Facebook Marcia Rosales. “No muere el que vive en nuestros recuerdos. Personas olvidadas, desatendidas, sin contención familiar, sin contención de ningún tipo, reducidas por la sociedad, invisibles para muchos. Siempre que tengan la oportunidad de ayudar a alguien en situación de calle háganlo, puede ser su primera comida de días o ultima. Limusin amigo de miles de Tucumanos”, lo homenajeó Irene Villa en la misma red social donde posteó un video en el que se lo ve sonriente. “Mi hermano te voy a extrañar, la verdad no merecías esto, vos no, pero nos tocó el destino de tener una madre sin corazón, sin huevos para ver por nosotros. Me hubiera gustado tanto que le vida te haya regalado la dicha que tuve yo, pero lamentablemente así es la vida. Dios te quiso para que seas un ángel y no sufras más en esta vida de mierda. Te amo y te amare por siempre”, fueron las palabras de su hermana Andrea Makenzie Calderon que fue criada por otra familia.
“El sol te ha llevao, triste muy triste he mirao el fueguito que se apagaba...suerte que te he podido amar,amar la lluvia que te ha mojao y me ha salpicao. Plumita pa que alce vuelo y te lleve al cielo, suerte que te he querido... Agustin. A usted mi amigo, tu perdida traza un camino, uno de no olvidar que nos has dejao, sos un ángel , siempre lo fuiste , has llegado a mi vida para sacudirme y para enseñarme la pedagogía del amor, de la presciencia, me da bronca, mucha bronca, estuve toda esta semana enojada porque la política pública sea como es...pienso en tus gustos en que te hubiera gustado, tener un montón de estampitas, andar en skate, hacer grafitis, los semáforos me duelen , me duele la calle, miro a las puertas de las iglesias y me acuerdo de vos sentado ahí , y siempre estabas contento…”, es el fragmento de la semblanza que hizo Tatiana Sosa Berni desde su cuenta de Facebook. Los recuerdos, las palabras de cariño y de gratitud se multiplican por cientos.
Tatiana conoció a Limusín hace seis años cuando ella trabajaba en la Dirección de Juventud que depende del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia. “Ha sido una cosa increíble porque la tristeza profunda ha sido compartida por muchos que lo querían. Agustín ha sido un chico muy sufrido, muy desprotegido, con muchas ausencias. Sin embargo, él ha sabido construir sus redes a lo largo de toda su vida y ha transitado por distintos espacios, lo que me ha sorprendido de él ha sido eso, su resiliencia y la capacidad de establecer lazos constructivos y de mucho apoyo a lo largo de su vida”, cuenta la joven de 31 años.
“Le gustaba mucho la música. Le gustaban las canciones de Chiquititas y Britney Spears, dibujaba y cantaba. Tiene miles de anécdotas, la riqueza de su alma es lo que vas a encontrar en todas las historias que hablan de él. Era un amoroso, un gran tipo, y es un dolor muy grande su pérdida”, reflexiona la trabajadora social que, a pesar de que hace varios años ya no trabaja en esa área, nunca ha perdido el vínculo con Limosín quien solía visitarla a menudo. Tanto a ella como a Luisina, su madrina de bautismo, ya que hace unos años se hizo bautizar.
Para Tatiana, la pandemia y el aislamiento social influyeron en la desmejora que sufrió la salud de Agustín quien sufría de una serie de enfermedades crónicas y que en las últimas semanas estuvo internado en Centro de Salud con problemas respiratorios. Con la llegada de la pandemia y el cierre de los lugares que solía frecuentar, Limosín perdió el contacto con esa red de personas que solían contenerlo y brindarle un plato de comida. Según recuerda, transitó por las casas de varios familiares, pensiones y el alojamiento que le brindó una iglesia evangélica. También y, sobre todo, las calles, las plazas, ahí donde encontró cierto calor de hogar donde supo hacer nido: “Son tiempos sociales y económicos muy complicados y estos chicos han hecho sus redes en lugares de tránsito público. Hay una política pública muy débil de acompañamiento del Estado a estos chicos que están en una situación muy grave. Creo que esto debería servir de reflexión para la sociedad, es inadmisible que las vidas de los jóvenes estén tan vulneradas y que desemboquen en la muerte”.
La historia de Limosín es la historia de muchos chicos marginados que buscan su lugar en el mundo y cuyas vidas la realidad social termina coartando de manera prematura: “Me parece importante resaltar lo rico de su vida y de su presencia, él ha sido una persona que ha sabido buscar esas redes para sobrevivir en un contexto tan adverso. Agustín sí quería tener una vida más digna y no ha tenido las oportunidades”.
Limosín fue llenando una vida yerma con el cariño que supo cosechar en los demás. Y si bien su ausencia hoy es motivo de tristeza y de dolor, quienes hoy lo recuerdan, siempre lo recuerdan con una sonrisa dibujada en su rostro de niño.