HISTORIAS DE ACÁ

"Nadie lo grita": el cadete tucumano de la Chacapiedras revela todo lo que pasó

El jueves a la noche, como desde hace un año, el joven salió en su moto para cumplir el turno de 12 horas de corrido y así poder alimentar a su familia. En la esquina poblada de bares donde se hacían controles, su grito de impotencia llegó al corazón de muchísimos tucumanos. Qué le hicieron y cómo vivió el día después. VIDEO

17 Jul 2020 - 15:36

El cadete tucumano de la noche.

La luz de la cámara de Isaías Cisnero se enciende en el rostro desencajado de un cadete tucumano a la altura del Gigante, la sanguchería clavada a metros de la Chacapiedras. La luz opalina de la cámara que tiñe ahora la campera blanca y roja del cadete se enciende apenas escucha los gritos durante la noche de furia del jueves. Pero es un grito que sale de la boca de un joven que está harto de lo que miles de tucumanos están hartos, o al menos de una sensación en común: se acuerdan del que trabaja y se olvidan del que roba.

- ¡Mostrá los papeles y va a estar todo bien!
- ¡Y si le estoy mostrando! ¡Nosotros que andamos laburando nos tratan así! ¡Somos giles laburantes nosotros!

La periodista Mariana Romero, de Los Primeros, le pregunta al muchacho: “¿Que te han pegado? ¿Quién te ha pegado?”

- ¡Me han pegado todos éstos! ¡Todos me han pegado!

Es en este momento del video viral que indigna a Tucumán cuando un policía se acerca a las cámaras y con la voz que sale detrás del barbijo dice mostrándolo: “Mire, anda con un cuchillo”. La escena, además del cuchillo, se acompaña con la cédula retenida al joven, quien estalla y se va a buscar su papel: “¡Eso es mío! ¡Eso es mío!”

Este viernes a la tarde, después de la noche de terror vivida, el cadete que enfrentó a los municipales y policías habla con el tucumano y aclara de entrada: “Ese cuchillo no es mío. Es de una de las mesas. Lo han levantado de una mesa y me lo quisieron plantar. Toda la escena montan”.

¿Cómo empezó todo? Como desde hace un año, el cadete (de quien preservaremos su nombre) se subió a la moto que refinanció dos veces para poder trabajar en servicios de cadetería, es decir, antes de que se convirtiera en el boom laboral que es desde el 20 de marzo, día del comienzo de la cuarentena. Desde entonces, el trabajo se multiplicó y sus horas de trabajo también: “Trabajo todos los días. Nunca descanso. De domingo a miércoles hago un horario donde paro a comer. Y jueves, viernes y sábado estoy 12 horas en la moto. Son los días que más se trabaja y no podés tomarte un respiro”.

Dolorido en el empeine por los golpes recibidos durante el forcejeo con las autoridades, el cadete tucumano revela lo que no se vio: “Sí, estoy bien. Un poquito el empeine nomás me duele. Del forcejeo. De algunas de las patadas que me dieron. Te juro que duelen las patadas. Se las siente. Todo empezó cuando estábamos en la Chacapiedras esperando que nos entregaran un pedido de Mom. Estaban haciendo relevamientos en las mesas de los bares, cuando pasa Romero (Enrique, subdirector de Tránsito de la Municipalidad) y señaló nuestras motos: ‘A todas estas también’. Con cachiporras nos amontonaron y nos pidieron los datos”.

Al cadete tucumano que enfrentó al grupo de policías se le había destornillado la patente de la moto: “La tenía, pero no colocada. Un tornillito se le salió y no había podido ponerle, pero la tenía encima. Les mostré todo, los papeles, todo. Pero ahí empezó uno a decirme: ‘Pero no tenés la patente’”. El diálogo siguió así entre el municipal y el cadete cuando le mostró la patente en la mano:

- ¡No, no, no! ¡Llevale pal pingo! ¡Llevalo! ¡Llevalo! ¡No importa!
- ¡No me la llevés! ¡Estoy laburando!

Es en este momento álgido de la situación que llega el primer golpe: “El policía reacciona y de prepo me mete una trompada en la boca. Me sacan de la moto pegando. Me rompen el pantalón, la campera que nos da la empresa, la que uso todos los días. Así: sin mediar palabra. Me pegaban de costado. Todos veteranos, pisando los cincuenta y pico”.

El enfrentamiento del joven tucumano trabajador para literalmente llevar la comida a su familia ha sido replicado, comentado, compartido, destacado y aplaudido por la gran mayoría de la sociedad, comentarios en sintonía a los pronunciados por el muchacho: “¡Dejen trabajar! ¡Con los choros y los transas no hacen nada! ¡Siempre con el laburante!”

“Vengo de un barrio muy bajo. Sé lo que es laburar todos los días, tener todo lo que uno tiene en base al esfuerzo. Y que vengan y te traten de esa manera, no. Mi padre me inculcó desde chico una frase: ‘Nunca te dejés pisotear por nadie; si tenés que pelear, peleá por tu derecho. Por más que del otro lado esté la autoridad. Vos, hijo, tenés tus derechos’. Eso me dijo mi viejo, eso me quedó marcado a fuego. Pero con la justicia no podés. Yo no soy el primero: al chico que lo esposaron por atar la bici en la galería, ¿en qué quedó eso? ¡Quedó en la nada! ¿Y al que le pegaron en la Alem? Menos”.

El día después del video de la Chacapiedras, el joven padre de familia revela que mientras fue a buscar recuperar la moto, ocho abogados lo llamaron para asesorarlo legalmente: “¿Sabés lo que le dije a uno? ‘¿Para qué querés que haga la denuncia? Si vos y todos van de la mano. Es toda una cadena que arranca por Manzur, sigue con Maley y la Giannoni. Si no se resuelve todo esto que se está haciendo mal, no se termina más”.

Los gritos y la luz de la cámara encendida ante la injusticia sentida por el cadete tucumano retumban en las retinas de quienes lo han visto: “Dije lo que dije porque a la sensación de injusticia la vivo todos los días. Los laburantes nos rompemos el culo todo el día. Yo estoy todo el día arriba de la moto. Nos hinchan los huevos por todo, amigo. ¿Por qué no le hinchan a los transas? Saben que se quedan sin la cometa. No son todos. Pero esto no es de ahora”.

“Es algo que veo todos los días. Tengo 15 transas alrededor de mi casa. Todas las noches se ve la misma historia, por eso la impotencia. Nadie lo grita. Si tenés la cámara, gritalo, sacate la impotencia. No estamos en dictadura. Lo mismo pasaba cuando lo agarraban a los vendedores ambulantes: somos gente que se levanta día a día para ganarse el pan, pero ven un choro y no, a los 10 minutos sale”.

Hay una parte ya final de las imágenes que vieron muchísimas personas este viernes y que es la pregunta de un policía al joven después de que les grita: “¡No sean tan culiaos!”. El policía se acerca y le espeta: “¿Por qué faltás el respeto? ¿Por qué faltás el respeto? ¿Por qué faltás el respeto?”.

“Ellos quieren el respeto y no lo dan, amigo. Por ejemplo, ¿por qué no vienen bien y te piden las cosas de buena manera: ‘Buenas noches, señor, ¿los papeles?’ Tanto que hablan del distanciamiento social, bajan a provocar, todo forma parte del show que quieren hacer”, relata el muchacho, quien pagó el acarreo de la moto este viernes a la mañana, recuperó la moto y volvió a trabajar por las calles tucumanas: “Más vale que ya he vuelto. No queda otra”.

Durante uno de sus recorridos este viernes, hay una imagen que le ha quedado grabada: “Estaba dejando un pedido en la Balcarce y Marcos Paz, cuando me empezaron a gritar los obreros de una construcción. No sé cómo me reconocieron, pero me decían: ‘¡Bien, amigo! ¡Por fin al alguien que dice lo que pasa!’ Recibí miles de mensajes. Pero esa escena me quedó grabada. Esos obreros y sus palabras me quedaron grabadas".


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