La médica infectóloga Adriana Bueno es sumamente crítica al referirse a las medidas preventivas adoptadas por el Gobierno provincial. Analiza las razones de la explosión descontrolada de contagios por Coronavirus y adelanta lo que espera de octubre. “Corremos el riesgo de que convivan dos epidemias producidas por virus”, advierte la profesional médica.
Adriana Bueno, médica infectóloga e integrante de SITAS. (Foto: Vientos Tucumanos)
“¿Qué es lo que hace falta? Más testeos”. De esa forma responde Adriana Bueno, médica infectóloga y miembro del Sindicato de Trabajadores de la Salud (SITAS), respecto a la consulta de eltucumano.com sobre nuevas medidas a adoptar para frenar la curva de contagios por Coronavirus que, desde hace algunas semanas, parece imparable.
En este sentido, la Dra. Bueno destaca la labor realizada por todo el personal del Sistema Provincial de Salud (SiProSa). “Desde el 15 de marzo hasta el 24 de julio, la gente de Atención Primaria de Salud ha hecho un trabajo inmenso, como han podido en todos los límites y pasos clandestinos, a la par de municipios y comunas, haciendo testeos rápidos e hisopados. Y pasó lo que pasa en todo el mundo, que el virus logra franquear los límites, pero con el tiempo para poder capacitarse, armarse con los elementos de bioseguridad”, destaca.
Sin embargo, la preocupación de la infectóloga va más allá de la cantidad de contagios. La médica pone su atención en el número de médicos y trabajadores de la salud de primera línea contagiados. "Ahora tenemos los elementos de bioseguridad, pero tenemos más de 1600 colegas contagiados y otro número similar de contactos estrechos”, asegura. Y agrega: “¿Cuántos trabajadores de la salud han pasado por el screening? No sabemos cuántos trabajadores de la salud han fallecido, no sabemos cuántos trabajadores de la salud están internados; debemos conocer esos datos”.
Según las cifras relevadas por el Ministerio de Salud provincial hasta el 28 de septiembre, sobre un total de 16.482 muestras positivas por COVID-19, el 9,9% corresponde a personal médico.
“Nosotros no llegamos a ser los principales vectores de contagio al tener nuestros elementos de protección más complejos, pero sí lo que podemos decir es que la insuficiente cantidad de testeos en el personal médico hace que no se detecten a tiempo a los colegas asintomáticos que están transmitiendo la enfermedad a otros compañeros de trabajo, con jornadas prolongadas de trabajo en espacios cerrados, estrechos y sin ventilación”, se lamenta y adelanta lo que cree pasará en verano. “No vamos a poder prender los aires porque no todos los aparatos tienen los filtros necesarios para impedir la transmisión del virus”, explica.
No es una realidad científica aún que el aire acondicionado ayuda a transmitir más fácilmente el virus, aunque sí existen una serie de estudios serios que dieron credibilidad a la tesis. En agosto, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos
probó la teoría en un restaurante y, dos meses antes, en junio,
hizo lo propio el Centro Chino de Control y Prevención de Enfermedades. En este último caso no señalaron un tipo específico de artefacto vector, sino que se establecieron una serie de factores, como tiempo de permanencia y distancia entre personas, como facilitadores adicionales de contagio.
La preocupación por los aparatos de aire trae consigo un temor adicional, al de una enfermedad que suele llegar con el calor y las lluvias y que Tucumán espera evitar a toda costa este año: el Dengue. “Habrá que estar con las ventanas abiertas pero lo que vendrá de afuera será calor y mosquitos; corremos el riesgo de entrecruzar, de que convivan las dos epidemias, y las dos producidas por virus”, teme la profesional, que no se anima a especular con los efectos que podrían causar en un paciente la convivencia de las dos enfermedades. “Sería lo mejor que no coexistan en un paciente las dos enfermedades, porque seguramente no va a pasar nada bueno, eso es la presunción a priori”, señala.
Sobre la gestión de la pandemia en Tucumán, Adriana Bueno es crítica en todos los niveles. Desde lo edilicio, pasando por lo ocupacional y hasta el trabajo de campo y medidas preventivas adoptadas. “El virus pone de manifiesto las falencias, no queda nada bajo la alfombra, se pone a la luz la vetusta infraestructura hospitalaria frente a epidemias”, critica. “Todo lo que hace a diagnóstico por imágenes está dentro del hospital, por tanto, los pacientes que lo necesitan deben recorrer todo el edificio para hacerse los estudios, no hay unidades autónomas, ni hablemos de los ascensores, todo lo que hace a la discapacidad; los médicos tenemos siempre los baños y cocinas más chicos”, insiste y agrega: “Estamos con la posibilidad del dengue y me pregunto cuántos nosocomios cuentan con telas mosquiteras, tienen rejas, pero no telas mosquiteras”.
Bueno no se guarda nada y también señala poca preparación del personal médico frente a la pandemia. Denuncia también malas condiciones laborales. “Este virus pone de manifiesto que tenemos médicos, pero no entrenados. Trabajás para ver 100-150 pacientes por día y 50 niños por día”, reclama. “Son $56.000 lo máximo que gana un ingresante, tienen que pasar 30 años para cambiarte las condiciones de trabajo; aunque no se quiera hablar de dinero, hay que hacerlo porque esto es un servicio de salud y somos profesionales, hay que explicar que acá se necesita dinero para vivir”, agrega.
La profesional infectóloga es sumamente crítica con el foco de preparación, sumando camas en lugar de –según ella- personal acorde. “Camas encontramos en las mueblerías, es lo más fácil, el tema es quién se hace cargo, quién va a manejar todo; estamos haciendo el trabajo de dos a tres personas, estamos agobiados física y psicológicamente”, se lamenta.
Y el cómo llegamos hasta esta situación que demanda la integrante de SITAS es también uno de los temas señalados por ella como falencias que facilitaron la propagación del virus. Demoras que resultaron siendo decisivas para moldear la realidad actual de la provincia. “En Lastenia nunca se supo quién fue el Caso Cero, se supuso que el contagio ocurrió en una estación de servicio, se estigmatizó a una familia, con todo lo que eso supone”, critica. Bueno avanza un poco más en el tiempo y recuerdo lo ocurrido en Concepción, donde tuvo lugar el segundo brote interno del virus. “El 1° de agosto, cuando explotan los contagios en Concepción, nosotros habíamos establecido como gremio (SITAS) que no había nexo y que se trataba de circulación comunitaria. Sin embargo, el Gobierno dijo que se había establecido el vínculo”, denuncia. “En Concepción nunca se conoció el nexo, vinieron 10 personas de Epidemiología y jamás se pudo establecer; el 12 de agosto la provincia recién decide reconocer lo que ya todos estábamos viendo y esto hizo muy difícil las tareas de bloqueo y, aun así, se ha luchado como se ha podido”, sentencia.
“El virus lo que mas necesita es una autocrítica permanente para poder actuar a tiempo”, reflexiona sobre todo lo ocurrido hasta antes de la explosión de casos. Y ahora, la mirada está puesta en el presente de la pandemia, con una curva de contagios que no encuentra cima. “Ya nos toca la tarea de los que hacemos la asistencia de la enfermedad de un virus que tiene un 80 por ciento de asintomáticos o pacientes con síntomas leves”, describe. "Del volumen total de casos, un 15 por ciento necesita internación en salas y un 5 por ciento cuidados intensivos”, agrega. Esto, en números crudos, detalla, significa que de 900 casos diarios más de 100 personas buscará salas comunes y unas 50 demandarán atención en terapias intermedias o intensivas.
“Octubre viene peor que septiembre, seguimos subiendo y todavía no vemos la cima. No llegamos todavía ni a la meseta; mirá todo lo que nos falta transitar en Tucumán”, advierte Bueno. “Estábamos en plena duplicación de casos y nos manteníamos neciamente en la Fase 5, que es como una suerte de libertad condicionada”, recuerda y critica. “Nunca se dice que podés hacer lo que querés, era solo circulación del 75%, sin embargo, fue una cosa de nada; yo comprendo lo económico, pero ahora estamos así”, se lamenta y agrega: “Estamos rogando que el mosquito nos deje terminar un poco con esto para recién comenzar con lo otro”.
Cuarentena total, cierre de fronteras, prohibición de actividades, restricción de movilidad nocturna; hasta ahora ninguna de las medidas restrictivas pudo evitar la escalada de casos que registramos en la actualidad. Bueno no sólo apunta contra las autoridades gubernamentales, también hace mención a ciertas desobediencias sociales que definen en parte a la comunidad que nos rodea.
“Creo que se podrían haber hecho mejor las cosas, creo que sí, pero no hemos logrado que la gente se ponga el casco todavía, tampoco que las motos y bicis paren frente a un semáforo; hace falta decisión política”, concluye la infectóloga.