Mañana se aplicarán nuevas restricciones en San Miguel de Tucumán que causaron distintas opines. Las nuevas medidas preventivas han causado todo tipo de opinión. Rubén es una taxista que tiene bien claro lo que piensa y lo que va a hacer.
No es un feriado más en Tucumán porque este 12 de octubre, el tema central de conversación en todas las mesas familiares y de café de la ciudad fue la novedad del retroceso de fase en San Miguel de Tucumán, del que, al momento de redactar esta nota, no se conocen los detalles y se espera que el COE los revele de un momento a otro.
Algunos medios hablan de Fase 1, aunque a ciencia cierta solo se sabe que se dejará el Distanciamiento Social para volver al Aislamiento, lo que implica, necesariamente, nuevas restricciones que buscan disminuir la circulación de gente para también disminuir la del virus.
Las potenciales medidas han causado discusiones entre lo familiares, amigos o compañeros de trabajo. Están quienes creen que es necesario que el Gobierno suprima la mayor cantidad de actividades posibles para frenar la ola de contagios que no para de crecer. Pero también están los que creen que la cuarentena, como estrategia de prevención, fracasó y que insistir con ella o incluso retroceder de fase no tiene sentido o, incluso, es un error que solo profundizará la crisis económica, sin solucionar la sanitaria.
En muchas ocasiones, no hay sociólogos, economistas y politólogos más sabios que los taxistas, trabajadores de del día y de la noche que recorren las entrañas de la ciudad como ningunos otros, interactuando con miles de personas de todas las edades, géneros, clases sociales e idiosincrasias. Los taxistas, recibidos en la universidad de la calle, conocen el humor social mejor que nadie y entienden, en muchos casos, a la perfección como se acatarán las normativas.
Es por esto que el eltucumano.com charló Rubén, hombre de 65 años, con más de 40 trasladando pasajeros desde y hacia los más diversos puntos de la ciudad. Con las ventanillas bajas, el barbijo tapándole la boca y la nariz, y la lona plastificada que lo aisla de los pasajeros que suben en los asientos de atrás, el taxista resume su pensamiento desde la primera frase: “Hay que laburar, no queda otra. No me puedo quedar en casa. En Tucumán somos muchos los que vivimos al día”, arranca diciendo en relación a las medidas que empezarán a regir desde mañana.
“Yo estuve guardado en mi casa cuando empezó la cuarentena, me quedé en casa y no salí en ningún momento. Respeté todas las medidas. Pero hay un límite y ahora no me queda otra y tengo que salir a trabajar”.
Si bien es cierto que el trasporte público de pasajeros es un servicio esencial que está exento de las medidas y que puede continuar con su actividad aún en Fase 1, Rubén sabe que su trabajo está condicionado directamente por el flujo de gente en la calle: “Cuando empezó todo, yo no salía, pero los compañeros que intentaban trabajar se volvían a las sin plata, porque no había viajes y algunos la pasaron mal porque si no recaudan, no comen”.
En tiempos donde las redes sociales se han vuelto un terreno propicio para los rumores, la desinformación y los trascendidos de dudosa procedencia, todo esto puede materializarse en una taxi donde por cada pasajero hay una historia, una media verdad, o una mentira y media, que llega a oídos de Rubén, que después le aportará su propios matices para convertirla en su propia versión de los dichos y contárselas a otras, difuminando el límite entre la realidad y la fantasía, entre el mito y el hecho.
“Aquí en el auto tengo conversaciones con mucha gente y me contaron que varios llegan con cualquier enfermedad a los hospitales y los médicos le meten que es Coronavirus. Hace poco, una señora me contó que su marido era fumador de toda la vida y que murió por eso, porque sus pulmones cada vez estaban peor, pero lo anotaron como que murió de Coronavirus”, relata el transportista.
Más allá de la veracidad o no, sobre los rumores callejeros, Rubén tiene conciencia plena sobre a lo que se expone y sabe que su trabajo es uno de los más riesgosos en tiempos de pandemia, porque sin la circulación de la gente conlleva un peligro para la sociedad, imaginen en el que conlleva para él, que hay cientos de personas que le respiran en la nuca desde medio metro durante 12 horas, cuando sube al auro a las 11 de lamñana y se baja a las 11 de la noche, todos los días.
“Cada uno tiene sus formas de pensar, pero yo sé que expongo, no digo que no. Llevo y traigo gente de todos lados y para todos lados. No digo que no me voy a contagiar, sé que algún día me tocará, porque ya lo dijeron bien claro: ‘el 80% de la población mundial se va a terminar contagiando’, entonces tenemos que seguir laburando con nuestras vidas normales. Hasta ahora no me pasó nada", resume.
“Algunos dicen que esperemos la vacuna para poder estar tranquilo, pero si hay enfermedades que han trabajado años para hacer la vacuna y no la hicieron nunca, como el Sida o en Cáncer, y capaz que a esta tampoco la puedan hacer. ¿Nos Vamos a quedar toda la vida encerrados?, no moriremos de hambre antes”, finaliza Ruben, mientras cobra el viaje. Al bajar se lo escuchar murmurar: “Hay que laburar todos los días, no queda otra” y avanza hacia la esquina donde una seño le hace señas con el brazo levantado.