Andrea es la madre del joven de 16 años que falleció en un hecho que fue caratulado como "Suicidio". En esta nota rompe el silencio y da una versión escalofriante de lo sucedido. ¿Qué pasó?
Juan tenía 16 años.
“Ahora el 22 de diciembre van a ser dos años ya. Estas fechas son las más difíciles. Yo soy muerta en vida. Durante un año no salí de esta pieza. Solo me levantaba para ir al baño y volverme a acostar. No tenía fuerzas. Desde que mataron a mi hijo, ni teniendo a mis hijas encontraba motivos para seguir. Su muerte se llevó todo. Y es muy feo vivir así: él se llevó la felicidad de todos. Me cuesta estar en un encuentro: tener que reír, que piensen que estoy disfrutando. No puedo disfrutar porque él está en mi cabeza. Siento que si él no está, no tengo derecho a ser feliz”.
Andrea Durán habla este jueves con el diario el tucumano. Desde el primer minuto hace un esfuerzo sobrehumano por mantener la voz. Es la madre Juan José Durán Goytía, un joven de 16 años cuya causa fue caratulada como suicidio, una versión totalmente distinta a la que denuncia la madre del muchacho a quien le oficiará una misa, el próximo 22 a las 20, en la iglesia San Pedro Nolasco, en la calle Matheu, esquina Buenos Aires.
Si Andrea Durán ha encontrado fuerzas para salir de esa pieza de su casa en Ranchillos es porque ha encontrado un grupo de apoyo de madres del dolor, a quienes junto a Verónica González y muchas más se han unido por una causa en común: buscar justicia por sus hijos. “Hasta hace poco no tenía fuerzas ni siquiera para ir a las marchas. Mucho menos para hablar. Pero la última vez hablé. ¿Sabés por qué? Porque ya me harté. Ya estoy asqueada de tanta injusticia. Ya estoy harta de que no te escuchen. Mi hijo tenía 16 años. Tenía toda la vida por delante”.
El día que Andrea Durán sintió que murió fue el 22 de diciembre de 2018, pero el calvario comenzó unos meses antes: “Todo comenzó en una picada de autos. Mi hijo tuvo un altercado con quien yo creo que es su asesino. Luego de ese altercado, mi hijo se enamora de una chica mayor que él y se va a vivir a su casa. Nunca me gustó que mi hijo viviera en otra casa. Él me decía que lo trataban bien, pero como era menor de edad le avisé que iba a ir a buscarlo con la Policía si hacía falta”.
De acuerdo al testimonio de Andrea, el presunto asesino de su hijo había caído preso durante esos días hasta que apareció una noche junto a la pareja de Juan: “¿Ves, hijo? Te dije que algo no me gustaba. Te pido por favor que dejes esa casa y vuelvas a vivir con nosotros”.
El hijo de Andrea no da noticias desde el 8 de diciembre de 2018 hasta que el día 20, dos días antes de su muerte, Juan llama a Andrea: “Mamá, yo voy a volver a la casa”. Recuerda Andrea, quebrada: “Desde el jueves 20, mi hijo me mandaba mensajes, me contaba cosas que veía ahí, pero insistía que a él lo trataban bien. Iba a volver el sábado al mediodía después de que jugara a la pelota: ese día tenía dos partidos. Y me insistía: ‘Mañana sábado voy a ir’. Hasta le había pedido a mi marido que le sacara unas zapatillas. Y el domingo todos íbamos a salir al centro”.
Lo que Andrea Durán quiere decir es que, pese a la carátula de la causa, su hijo Juan nunca dio señales de suicidio, tal y como lo estableció la Justicia: “Iba a ser el padrino de comunión de mi nieta. Nunca hizo una despedida en Facebook o dio señales de que iba a quitarse la vida. Todo se desencadenó la última noche cuando volvió a aparecer el contacto de las picadas: esa noche estaba mi hijo con su amigo, a quien le quisieron pegar un tiro. El amigo escapa, pero a las dos cuadras recibe un llamado: ‘¡A Juan! ¡Le pegaron un tiro a Juan!’ ¡Mi hijo no se mató!”.
“Cuando le pegaron el tiro, lo quisieron tirar al canal que pasaba por donde era la vía, cerca de la plazoleta Dorrego. La Policía nunca llegó: era muerte dudosa y le pusieron suicidio. Lo trasladan al Padilla en camioneta, se les cae mi hijo en medio del pasillo y a las 6.50 de la mañana fallece. Desde entonces, a la carátula nunca la cambiaron. El 27, días después del hecho, le robaron el celular a mi marido que es el teléfono que usaba mi hijo para comunicarse con nosotros. Solo le robaron el celular, donde podía haber mensajes e imágenes".
"Y desde entonces todo siguió: he tenido amenazas en la esquina de mi casa. Como un día que venía con mi hija de 6 años: la apuntaron con un arma y me dijeron: ‘Tu hija va a terminar igual que tu hijo’. Hicieron circular la versión de que mi hijo estaba jugando a la ruleta rusa. Mi hijo jamás se hubiese matado. Quien lo mató nos arruinó la vida. Era mi único hijo. Mi padre se murió de tristeza hace 10 meses al no poder ver Justicia. No quiero morirme de la misma manera”.