ESTADÍA TORMENTOSA

“Me dejaron en manos de Dios o del diablo”: es jubilado y lo echaron del hotel en medio del diluvio

Luego de ver un video filmado por el inquilino, los dueños del hospedaje resolvieron desalojarlo inmediatamente. “Eran la una y media de la mañana”, reniega la víctima de la canallesca decisión.

29 Dic 2020 - 00:24

Rodolfo "Rudy" Stein, jubilado expulsado de un hotel tucumano por filmar un video de la tormenta. (Foto gentileza del entrevistado)

Rodolfo Stein es jubilado. Tiene 70 años y padece hipertensión. Es uno más de los cientos de miles personas de grupos de riesgo en el marco de la pandemia de Coronavirus que azota a todo el planeta y que, en Tucumán como en el resto del país, ya amenaza con desplegar su segunda ola. En la noche del lunes, casi llegando a la madrugada del martes, Rodolfo, que había arribado hace algunas horas desde Mar del Plata –donde vive hace más de 30 años-, decidió sacar su celular y filmar una de las numerosas e increíbles escenas que ofreció el último diluvio universal en la provincia.
 
En la filmación se puede ver cómo el agua de la calle entra a gran velocidad a la cochera del hotel ubicado en San Luis al 100, entre Crisóstomo Álvarez y San Lorenzo de la Capital tucumana. Mientras eso pasa y con la tormenta en su punto culmine, dos hombres intentan encender sin éxito una bomba para desagotar el estacionamiento subterráneo. Es en ese preciso instante que a Rodolfo se le ocurre pronunciar la frase que –para él- puede haber sido la causal de su expulsión:
 
- ¡Qué desastre! Qué desastre -, exclamó Rodolfo, atónito ante la cortina de agua que lo separaba de la completa vulnerabilidad, que es donde finalmente terminó.


 
Era la 1 y media de la madrugada cuando llamaron a la puerta de la habitación de Stein. Eran los empleados del hotel que, por órdenes de la dueña, le devolvieron el dinero equivalente a las noches restantes (había pagado por cuatro con tarjeta de crédito) y le pidieron que se retire. “Tuve que armar los bolsos y salir a buscar un taxi que me lleve a la casa de mi hijo que me lleve a la avenida Perón al 1000”, recuerda Rodolfo, que también da cuenta de un lastimado en una de sus piernas por un tropiezo que sufrió en las calles completamente inundadas de San Miguel de Tucumán. “Me fui humillado, cagado de miedo, con caras misteriosas pasando por el lado mío, empapado, vulnerable y temeroso; me dejaron en manos de Dios o del diablo”, agrega.
 
Pasó más de media hora hasta que Rodolfo pudo encontrar un taxi. “Un ángel que no sé de dónde apareció”, lo describe. Entonces fueron al hotel a retirar las maletas, que por suerte pudo guardar en Conserjería, y partieron rumbo a Yerba Buena.
 
“Hace 10 o 15 años que vengo a ese lugar para pasar las fiestas con los chicos. Al video lo pasé a un grupo de WhatsApp de ex compañeros del club UNI y después se viralizó”, explica Stein sobre el material que escandalizó a la dueña del hotel y, a continuación, se refiere a la frase de la polémica: “Ni mamado hubiera criticado a la gente del hotel, el ‘desastre’ era que seguía sumando agua y se llenó hasta el techo la cochera”. 
 
Rodolfo Stein nació en Vicente López, provincia de Buenos Aires. Venía a Tucumán desde muy pequeño y fue aquí donde dejó a toda su descendencia. Ahora pasa sus días en Mar del Plata y vuelve cada tanto al Jardín de la República, casi siempre para fechas importantes. De sus años en la provincia, donde pasó una parte de su infancia, no recuerda una tormenta como la última. Nunca había visto semejante tormenta. “De chico vivía en Chile al 300, frente a la cancha de Atlético Tucumán. Hablamos de hace 50 años, uno supone que algunas cosas habrían resuelto”, reclama sobre el estado de las calles y las consecuencias de las lluvias.
 
Ahora Rodolfo está preparando una demanda en contra del hotel que lo alojó y que luego lo expulsó en medio de la noche tormentosa. Casi sin taxis en las calles y con el agua aun cubriendo los tobillos, nada evitó que la gente del hospedaje tomara semejante decisión. Las autoridades del alojamiento ya recibieron una carta documento. Ahora todo está en manos de abogados.
 
“A nadie se le puede hacer eso, menos a un tipo de 70 años, de anteojos; mirá que yo he viajado y nunca me pasó algo así. Tuve muchísima suerte, a pesar de lastimarme la pierna, de encontrar un remisero, así como estaba con la presión alta”, concluye mientras tose.

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