INSEGURIDAD

"No parecían mecheras": qué pasó en Mimo, el local de ropa para niños en Concepción

"Mecheras cool", "No tenía pinta la mina", "No tiene pinta de estar tan necesitada", "¿Qué campera, eh?", "Vergüenza es lo que te falta", "¿Esa chica joven es la ladrona?". Las apariencias engañan, el modus operandi asombra y lo que pasó deja con la boca abierta. Habla Patricia, la dueña.

22 Abr 2021 - 19:34

Mimo, uno de los locales más prestigiosos de ropa para niños y niñas.

“Mecheras cool”, “No tenía pinta la mina”, “Está bien vestida y no parece tener necesidad de robar y muchas veces juzgamos a personas muy humildes por su forma de vestir pensando que son ladrones y mírenla a la sinvergüenza ésta”, “No tiene pinta de estar tan necesitada”, “¿Qué campera, eh?”, “Vergüenza es lo que te falta”, “¿Esa chica joven es la ladrona?”

Entre la incredulidad y la furia, los comentarios se replican en la página de Mimo & Co, el local que vende ropa para niños y niñas en la calle San Martín 1249, en el corazón de Concepción. Sin saber si reír o llorar a esta altura de la semana, Patricia, la dueña del local, habla con el diario el tucumano del robo a tiempo que detectaron las empleadas del local, el robo de 20 prendas que los sensores de la puerta de entrada no iban a detectar por una simple razón: papel metalizado. 

“Eran dos mujeres. La primera salió corriendo y la segunda, la de la foto, quedó encerrada en el local. Había forrado por dentro el bolso con el que entró con papel metalizado para neutralizar el sensor de las alarmas. Metió toda la ropa de un solo movimiento en el bolso y cuando la vieron lo soltó. Luego hicimos la prueba con 30 alarmas en el bolso y ninguna suena en el detector de alarmas. Tomen nota”, pide Patricia.

“Me imagino que tiene nombre y apellido”, “Sáquenle el barbijo”, “¿De dónde es?”, “Quiero creer que está presa”, “Sinvergüenza”, “Chorra”.

Los comentarios no cesan y se amontonan. “¿Presas? No… Ya nos pasó la primera vez. Yo estaba yendo. Las chicas me llamaron y les dije: ‘Sacale toda la ropa y que se vaya’. ¿Qué querés que haga? Si llamás a la Policía, toda la ropa va a Tribunales cinco meses y la mechera está medio día presa, sale de vuelta a la calle y encima vuelve y te amenaza. Ya por experiencia rescatamos la ropa y se fue. Ojo, ellas también tienen su experiencia. No parecían mecheras. No como las de antes”.

Con el bolso con doble forro de papel metalizado para anular los detectores de alarma, Patricia habla delas mecheras que ingresaron a Mimo, un local de ropa de diseño y calidad para niños y niñas, quienes se diferencian del imaginario popular de las mecheras que se mueven por el microcentro o por El Bajo, con segundas marcas, siempre con el peligro de estigmatizar al que roba, pero si vamos a hablar de peligro, primero escuchemos a Patricia.

“Antes estaba lleno de mecheras todo el tiempo. Se ponían las remeras debajo del buzo, una corría para un lado, otra para el otro. Las que vinieron ahora al local hablan distinto. Se visten distinto, tienen otra forma de operar: saben más, tienen conocimiento de sus derechos. Por ejemplo, cuando la vimos con las manos en la maza, inmediatamente soltó el bolso porque sabe que el policía no la ve con el bolso en la mano no es robo: es intento de robo. Así como lo leen: es tremendo”.

“En el único momento que se molestó y se puso agresiva fue cuando la empleada le sacó fotos: ‘¡No me saqués fotos, estúpida!’, le decía, con tono aporteñado. Pero antes se había manejado por el local totalmente tranquila, estaba con un buen bolsito, no parecía para nada. No es la mechera común. Después nos enteramos que ya habían estado en Cheeky, nuestra competencia. Nos estaban queriendo robar mercadería por un valor de 40 mil pesos cuando nosotros sobrevivimos a la pandemia gracias al delivery de 8 a 23. Te duele cuando te pasan estas cosas”.

Claro que no es la primera vez que le pasa algo así, lamentablemente, a la dueña de Mimo, pero las repercusiones fueron enormes. Quizás lo sean más cuando se enteren dos ocasiones pasadas que trae a colación: “Recién recordaba dos ocasiones que me tocó vivir: la primera era una maestra que se había robado un rompevientos y la segunda fue cuando entró una señora que nos había robado un sábado en un horario pico y caminaba con las piernas muy abiertas".

"Tenía una pollera y la hice sacar del local y llevar a la comisaría. Durante el camino me amenazaba. Caminaba despacio, como podía, con las piernas bien abiertas. Llegamos a la comisaría y le digo a la policía: ‘Fíjese, además, qué tiene debajo de la pollera’. Tenía un taladro. Antes de robarnos a nosotros, venía de una ferretería. ¿Qué tal?”.

El botín:


Paso a paso, cómo forran el bolso con papel metalizado para evadir los sensores de entrada:

Bolso:


Abren el bolso:
Lo rellenan con papel metalizado doble:


El plan desarticulado:








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