La ciudad de Monteros celebró los 302 años del milagro de la Virgen del Rosario y un periodista reconstruyó la historia de aquel episodio que marcó a los tucumanos. El gran misterio todavía sin resolver.
Foto: Michelín Andujar.
Fue la mañana fría del 29 de mayo de 1719 en el territorio que hoy es Monteros. Ese día tres mujeres se acercaron a rezar a la Virgen del Rosario para pedirle que proteja a sus hijos que habían ido a luchar al Chaco y fue en ese momento que se produjo el famoso milagro. Esa es la historia que reconstruyó el periodista Michelín Andujar en su cuenta de Twitter con motivo de conmemorarse ayer los 302 años de aquel suceso.
El periodista se basó en testimonios y escritos de los historiadores monterizos Tulio Ottonello, Angel Peralta, “Nino” Rivadeneira y Arturo Zelaya. “Mucho antes que naciera el pueblo de Monteros en el año 1754 estas tierras donde se levanta la ciudad ahora pertenecían al capitán Juan Espinosa, un español llegado a Tucumán con la expedición de Diego de Rojas en 1543. Espinosa era un ferviente devoto de la Virgen del Rosario, habiendo llegado a ser mayordomo de su Cofradía y, en cuyo honor se había levantado una capilla en 1573. Con el tiempo, la imagen de la virgen pasó a manos de José Espinoza de los Monteros, quien la tenía en su rancho porque la capilla donde estaba fue destruida”, empieza el relato de Michelín.
“El lunes 29 de mayo de 1719, tres mujeres se acercaron a rezar a la Virgen del Rosario, pidiéndole que proteja a sus hijos y fue en ese momento que se produjo el Milagro. La Imagen de la Virgen sudó de tal modo que mojó todo el vestido, el cajón de la limosna donde estaba colocaba, y sus mejillas se habían puesto de color rosado. Este milagro duró desde el lunes 29 al miércoles 31 de mayo. El Dr. Diego de Alderete, visitador eclesiástico que se hallaba en la zona, dio fe del suceso que por carta comunicó a la gobernación de Tucumán. En la carta al Gobernador Urizar y Arescopachaga, transcrita en el Libro de Actas del Cabildo, expresa que la imagen comenzó a sudar y fue tan copioso que bañó todo el vestido y el pie del cajón donde estaba”, continúa.
Michelín indaga en uno de los mayores misterios en torno a ese suceso: el lugar exacto donde ocurrió: “Desde el siglo XVIII hasta hoy el lugar es un misterio. Podría ser en la Villa Brava, en la Villa Nueva, en la zona del Arroyo El Tejar, entre los ahora barrios Centro y Villa Nueva o en el actual templo. Una teoría indicaba también que en donde sudó y lloró fue en una capilla ubicada en la zona comprendida entre lo que es hoy Yonopongo, 25 de Mayo y Huasa Pampa, pero fue refutada, ya que no se encuentran dentro de los límites de los ríos”.
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