RUMBO A LAS PASO

"No sé, mami, hablá con el Presidente": no puede trabajar el domingo en las elecciones y vive un calvario

Andrea recibió hace dos semanas la notificación para ser vocal de mesa en la escuela Marina Alfaro y desde entonces sus días son una pesadilla: burlas, faltas de respeto y la respuesta que le colmó la paciencia.

06 Sep 2021 - 19:13

Faltan 6 días. Foto: Chequeado.

Andrea fue mamá por segunda vez hace seis meses y 13 días. Sus días felices tras la llegada al mundo de la pequeña se tiñeron en las últimas horas desde que comenzó a vivir un verdadero calvario que abre el debate: “Me llegó la convocatoria a ser autoridad de mesa, a ser vocal. Es la primera vez que me convocan, pero no puedo: la gordita está en plena etapa de lactancia y su alimento base es la leche materna. Está empezando a comer, pero básicamente toma la teta. No agarra la mamadera, no la quiere”.

“Había sido fiscal para un partido porque necesitaba la plata y sé lo que demanda estar ahí 12 horas. Pero en aquel momento mi hijo mayor era más grande y lo pude dejar con mi mamá. Ahora no puedo dejar a mi bebé ni llevarla conmigo, exponerla en una escuela en tiempos de pandemia. De verdad no puedo”, explica Andrea, cuyos problemas empezaron cuando le llegó la notificación de la Junta Electoral a la casa de su madre, donde ya no vive. “Mi mamá le dice al chico del correo qué pasaba si no la recibía ella. El chico le dijo que le convenía recibirla y que después buscara una justificación para no ir el domingo”.

Andrea trabaja seis horas como telemarketer desde su casa. Tiene una hora justificada por lactancia: “¿Te imaginás que a la bebé que está todo el día conmigo la voy a poder dejar?”, dice Andrea, quien como muchas madres tucumanas hace malabares para cumplir con todas sus tareas y, por si fuera poco, organizar una salida de su casa para hacer trámites es lo más parecido a un argumento kafkiano donde Andrea se convirtió en la protagonista de una historia que empezó con el WhatsApp de la Junta Electoral, siguió por hospitales públicos, el Caps de Villa Alem, y la visita a la oficina de la Junta Electoral a la vuelta del Poder Judicial. 

Lo que hice público hoy en Facebook es qué pasa verdaderamente si no voy. Los comentarios de la gente fueron, básicamente, que no vaya el domingo como vocal de mesa: ‘No vayas, no vas a ir presa’. Pero más allá de eso, mi indignación viene de la Junta Electoral. En el WhatsApp te contestan como si me contestara una amiga. Les dije: ‘Buen día, necesito justificar que no me voy a presentar como vocal en las próximas elecciones’. Me llegaron mensajes, no llegué a leerlos y los borraron hasta que me preguntaron, sin saludarme ni nada: ‘¿Por qué no te vas a presentar? Es una obligación’. Les respondí: ‘Porque estoy amamantando y no puedo estar 12 horas afectada y que mi hija no tome mi teta’. Me dijeron: ‘Tenés que pedir un certificado de lactancia en un hospital público’. Les consulté si podía ser un caps y me dijeron: ‘No’. Cuando les dije dónde lo tengo que presentar, no me contestaron más”.

Volviendo al malabarismo para dejar a su hijo de 8 años en la escuela, cargar con su bebé de 6 meses en plena pandemia, pedir horas en su trabajo, acomodarse con los horarios de su marido, Andrea fue a buscar la justificación al Hospital Padilla donde comenzó a encontrar caras incrédulas ante el pedido: “¿Cómo te voy a dar un certificado que estás amamantando?” Como tenía que sacar un turno y volver a la tarde, el recorrido de Andrea continuó en el Hospital Néstor Kirchner. “Me atiende una enfermera en la puerta del Hospital, re bien, y me dice ante mi consulta: ‘¿No es obvio que no podés ir?’. Con la cara me decía todo. Y me dijo: ‘¿Que los datos de la Anses no son suficientes? Ella me atendió muy bien y me dijo: ‘Encantada te haría pasar. Pero no están dando turnos. Solo pacientes oncológicos’. Ante tal situación, solo me quedaba el Caps de Villa Alem donde siempre que fui me atendieron de 10. Me habían dicho en el WhatsApp que no les servía una justificación del Caps, pero fue el último recurso. Y el ginecólogo dijo: “Yo le puedo hacer un certificado, pero es certificar que ha parido”. 

Fue así que la odisea de Andrea continuó ya en vivo, escritorio de por medio, en la Junta Electoral. “Me fui a la Junta Electoral con un acta de nacimiento. Me atendió muy bien el policía, pero cuando entro ni buen día, mirándome las empleadas como diciéndome qué hacés acá, una con auriculares, otra tomando mate, muy desinteresadas en la atención al público, restándole importancia. Cuando les digo que iba a justificar mi ausencia el domingo, me dicen: ‘¿No vas a ir a votar? ¿De dónde sos? ¿Del interior o de Capital?’. No sé eso qué tendrá que ver, pero la empleada me miraba, miraba a la bebé. Me dice: ‘Sabés que tenés que resolver todo por WhatsApp’. Le explico que no me respondieron y le insisto: ‘No puedo ir yo el domingo’. Y aquí es cuando encima me han cuestionado: me dicen que son mis obligaciones, que no puedo faltar y me dice: ‘Le vas a tener que decir a tu marido que te la lleve cada vez que tenga hambre’. O sea: primero dieron por sentado que tengo marido y no puedo ser madre soltera. Dos: dando por sentado que mi marido tiene vehículo y no trabaja ese día. Me insisten con que lo tengo que hacer por WhatsApp. Le explico que me estoy tomando el trabajo de ir a hablarlo a la Junta y me responde: ‘No sé, mamita, hablá con el Presidente’”. Y antes de irse, el diálogo entre Andrea y la empleada de la Junta terminó así

-Dejá, entonces. Ya voy a hablar con el Presidente.

-Y sí, y sí, y sí.

“He salido hecha un manojo de nervios y de bronca. Lo encuentro a mi marido. Me dice él que iba a bajar. Pero no encontró estacionamiento. De verdad estaba muy intolerante la situación. No había desayunado. Mi bebé no había tomado la teta. Las horas que no trabajo no me las pagan. Y como último recurso me ofrecieron a que yo consiguiera un reemplazante que encima tiene que votar en mi misma mesa de la escuela Marina Alfaro. Yo no puedo ir. ¿Quién va a ir por 2500 pesos? Yo te juro que lo haría, pero esta situación me excede. No la voy a llevar a la chiquita. La bebé recién está probando sus primeras comidas, pero su fuente es la lactancia. Presenté el certificado, el acta de nacimiento y ya nunca más me contestaron. Nunca me dijeron más nada. Ahora estoy viendo si me voy a una comisaría”, relata Andrea. 

Y concluye: “La falta de empatía es total: trabajando desde un escritorio para el Estado podés hacer lo que querés, contestar lo que querés. Yo trabajo para el sector privado, sé lo que es atender a personas. Yo atiendo al público. Sé lo difícil que es hoy decirles a las personas que tienen que pagar esto, que tienen que hacer lo otro. Si estás ahí tomando mate en una banqueta, tenés que darme una solución. Es un trabajo que ya en el siglo XXI ya no se debería hacer. Si pasa algo, te tenés que quedar hasta las diez de la noche. Te dan un sánguche de milanesa y una gaseosa para almorzar y olvidate de la merienda. No me parece justo: todo lo que he vivido es indignante, estresante, no me parece justo. No voy a ir el domingo. Espero que se contemplen estas situaciones. Y que no tenga consecuencias el día de mañana. Pero espero que todo esto sirva para que se tengan en cuenta estas situaciones. De verdad: es desgastante”.

seguí leyendo