crisis y adicciones

"Aquí la cocaína siempre estuvo envenenada"

Tras el episodio vivido en Buenos Aries, donde murieron 24 personas tras consumir cocaína adulterada, Emilio Mustafá Psicólogo Clínico y Psicólogo Social con vasta experiencia en el abordaje de las adicciones a nivel comunitario, analiza la situación actual en barrios populares de Tucumán y señala al narcotráfico como un mecanismo de control social.

13 Feb 2022 - 15:57

Imagen ilustrativa.

Desde hace más diez días la situación del consumo de drogas se puso en agenda mediática en todo el país luego de que 24 personas perdieran la vida y se registraran más de 80 intoxicaciones en Buenos Aires por consumir cocaína adulterada con "Carfentanilo”, un opioide 10 mil veces más fuerte que la heroína. Si bien no se conocen casos de tucumanos afectados por consumir dosis de esa partida, en la provincia son numerosos los consumidores de ésta y otras sustancias psicoactivas. Adultos, jóvenes e inclusive niños viven una realidad de la que poco se habla. 

“Lo que pasó en Buenos Aires fue grave, pero nos permite poner de relieve un debate que es necesario tener: las adicciones son problemas de salud mental y se debe abordar desde esa premisa, no desde la mirada punitivista como lo propone la Ley 23.137 que trata al consumidor como un delincuente. Esa mirada lleva a un discurso de odio y pone como responsable del problema a los barrios pobres, pero no se apunta a los verdaderos responsables, que no viven en las villas”, explica en diálogo con eltucumano.com Emilio Mustafá, Psicólogo clínico y psicólogo social que trabaja en dispositivos territoriales en barrios populares de Tucumán desde hace más de una década.

Al igual que en el resto del país, en Tucumán la pandemia recrudeció el problema de las adicciones y generó un trastorno de salud mental: pánico, depresión, ideación suicida. El consumo de alcohol se multiplicó por el doble, el consumo de psicofármacos se disparó. En el caso particular del consumo de cocaína, que es transversal en todos los sectores sociales, también se vio un incremento. En los barrios más pobres impactó profundamente porque, durante el 2020 el paco y la cocaína se encarecieron por el cierre de la frontera tras las medidas impulsadas en el marco de la pandemia.

Las causas que llevan a hombres y mujeres de los barrios vulnerados a consumir distintos tipos de sustancias, son múltiples. “En los sectores más pobres, las drogas aparecen muchas veces como un lugar de sostén ante tanta sensación de frustración y vacío. Para los que no tienen tantas carencias, en cambio el problema es no tener claro un proyecto. Esto habla de un individualismo extremo. No se trata de un de los pobres. Se volvió una cotidianidad, es un fenómeno social”, explica el profesional de la salud mental que se desempeña en la Secretaría de Adicciones, en el marco del abordaje comunitario.

A pesar de la transversalidad de la problemática, en los barrios populares el consumo impacta de una manera particularmente grave. Al tener pocos ingresos, la calidad de lo que se consume es siempre más baja.  “La cocaína es más cara mientras más pura es. En los barrios se consume la “alita de mosca” que tiene entre un 15% y 20% del alcaloide y el resto es pura adulteración", detalla y añade: "Los transas ganan más plata cuanto más volumen sacan. De un kilo de pasta base, con la adulteración -que puede contener nafta, kerosene, clorhidrato, soda cáustica- llegan a sacar hasta 5 kilos. No tienen escrúpulos con tal de sacar el dinero,se manejan con  criterios económicos. Es un problema complejo, policausal que afecta a todas las personas a niveles biopsicosocial  y, si bien llega a todas las clases sociales, se muestra comuna crudeza atroz en sectores económicos más bajos”, recalca el psicólogo.

“Aquí la cocaína siempre estuvo adulterada, se le ponen tóxicos para procesarla. El problema es que, en Tucumán, hace mucho tiempo se instalaron cocinas de estiramiento de cocaína donde le ponen azufre, veneno, paratión para aumentar el volumen, también le ponen aspirina y hasta vidrio molido”, reconoce Mustafá que trabaja con jóvenes del barrio Los Vázquez desde hace 7 años y en La Costanera hace 10.

En estos barrios se generaron varios avances a nivel comunitario. "El Cepla (Centros de Prevención y Atención Primaria de las Adicciones) de la Costanera fue la conquista de una lucha que duró 4 años", expone. Los vecinos de estos barrios tuvieron un destacado protagonismo en la conquista de muchas de las políticas que hoy se implementan en materia de adicciones. "En los barrios más pobres surgieron organizaciones como las "madres del pañuelo negro" y la "hermandad de los barrios"; esto demuestra que, cuando la comunidad está organizada y el Estado está dispuesto, se avanza", reconoce.

Según el relato del psicólogo, un papelito de paco antes de marzo de 2020 costaba $25 y después de la pandemia, llegó a costar hasta $150. Esto generó que se vuelva a consumir pegamento y lamentablemente se volvió a instalar. El pegamento se había comenzado a consumir en vísperas de la crisis de 2001.

"El paco hoy cuesta $75 y tiene entre el 8% y el 10 % de alcaloide, el resto es adulteración. La más cara es la alita de mosca que cuesta entre $400 y $500. A la pasta base se le agregan más cosas: azufre molido y paratión que se usa para fumigar plantas. Estos químicos generan un profundo daño pulmonar y lo hacen más adictivo", señala. En esta dirección, reconoce que un chico adicto al paco consume entre 30 y 50 dosis en un día y cada dosis tiene un efecto de aproximadamente 10 o 12 minutos. "Se pasa de la euforia a disforia de manera brusca y después viene la angustia y la ansiedad por consumir la próxima dosis, después viene la ideación suicida y muchas veces llegan al suicidio. Es todo un proceso", relata.

"Con una cocaína pura tenes más posibilidades de tener una sobre dosis. Pero cuando tenes una situación de consumo de una cocaína de menos pureza, te daña el cuerpo, te morís por el daño en el cuerpo".


Narcotráfico y narcomenudeo en Argentina

En Tucumán la venta del paco comienza entre 2006 y 2007. En esa época, en la Costanera los que vendían drogas eran de afuera del barrio.  En 2013 ya los vendedores eran los propios vecinos. "Esto generó la degradación de vínculos sociales comunitarios. El narcomenudeo se ha afianzado y legitimado y es únicamente la punta de ovillo de una estructura más grande. El narcotráfico es esencialmente financiero, el narcomenudeo es una estrategia que permite que vecinos abran bocas de ventas sin que los verdaderos dueños del negocio se expongan. Esto es lo que genera la fragmentación comunitaria", indica.

El hambre en 2001 impulsó una organización de diferentes barrios populares con la idea colectiva de cuidar a los chicos para que todos coman. Con la venta de drogas dentro del barrio, se quebró el vínculo comunitario. Con el narcomenudeo corrompen a niveles de una crueldad atroz y no tocan nunca a los verdaderos responsables que están relacionados al sistema financiero. Los que manejan los negocios no viven las villas, pero los sectores populares son los que la pagan".


La invisibilización de las mujeres en situación de consumo

Otro de los elementos preocupantes de la problemática, radica en el abordaje específico de mujeres en situación de consumo. No existen hoy comunidades terapéuticas para las mujeres que son particularmente vulnerables en esta situación. 

"No se está abordando la situación de mujeres en consumo con la complejidad que tiene. La dinámica de consumo en las mujeres, implica mayor vulnerabilidad y crueldad porque es mayor el daño. Muchas de ellas mayor daño muchas chicas son cuestionadas por un discurso patriarcal porque pueden llegar a prostituirse por las dosis, y algunas son madres o incluso están embarazadas. Están invisibilizadas y necesitan un abordaje particular", detalla.

Actualmente las mujeres en situación de consumo que necesitan un tratamiento de desintoxicación, son atendidas en el Hospital del Carmen. Sin embargo, no son muchas las camas destinadas a este fin. "Con la experiencia que tuvimos, no pudimos hacer un seguimiento completo de una de las pacientes. Estuvo internada 20 días, y después volvió, pero no hay seguimiento porque hay comunidad terapéutica. Cuando vuelven al barrio tienen mayor estigma,  a causa del  discurso social escencialmente patriarcal, y eso les genera en muchos casos, depresión", agrega.

Por otro lado, en los barrios ubicados de la orilla del rio Sali, desde 2017 comenzó a bajar la edad en la que comienzan a consumir drogas. "Ahora arrancan  entre los 10 y los 11 años porque conviven con eso de manera cotidiana y eso impacta en las infancias. Al empezar a tan baja edad, se generan profundos efectos en el cuerpo que aún está en desarrollo. Es por esto que no se está a la altura de como viene avanzando la problemática. Por el nivel de naturalización que está habiendo. Afianzamiento de narcomenudeo en el barrio".

La complejidad requiere trabajo interdisciplinario y un abordaje con interconexión de todas estructuras del estado. Hay una gran necesidad de fortalecer medidas, declarar emergencia en salud mental. Para destinar presupuesto para recurso humanos concretos y agrandar estructura de abordaje. 


Seguirle el paso al avance de la problemática

Si bien Mustafá reconoce que el Estado avanzó con la cuestión preventiva, con la construcción de los Centros de Prevención y Atención Primaria de las Adicciones (Ceplas), asegura que es insuficiente ya que se agravó la situación de las personas que están en consumo. "El sistema de Salud esta desguarnecido para abordar la problemática en su complejidad porque la problemática avanza de tal manera que el sistema de salud está siempre un paso atrás. Hacen falta dispositivos de asistencia en crisis y desintoxicación, pero también tratamientos de las secuelas orgánicas que implica la el consumo de sustancias. 

Para lograr cambios estructurales en esta problemática, asegura que "es necesario atacar la desigualdad social que genera el sistema. Al mismo tiempo, hay que reconocer que al sistema en el que vivimos, el narcotráfico y las adicciones le son totalmente funcionales ya que opera como un verdadero mecanismo de control social para mantener su intereses." 

Es un momento muy importante poner en debate serio. Hacer un diagnóstico real de la situación y planificar políticas estratégicas de Estado pensando en los próximos 15 años, con inversión para la salud, estamos en un momento de mucha crisis: en Salud mental, crisis alimentaria y social, pero están en juego las generaciones que vienen.  "Hay que tomar decisiones hoy y darle prioridad a la salud y la vida de los jóvenes".

 

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