Visibilidad Lésbica

“Todavía nos corren de los bares por darnos afecto”: la vida militante y orgullosa de Andy

A los 43 años Andy Díaz dijo basta y decidió romper con los mandatos para asumir su deseo. En el Día de la Visibilidad Lésbica, cuenta su historia de lucha y militancia: “Salir del armario fue entrar en la clandestinidad”.

07 Mar 2022 - 16:31

Andy, la presidenta de la biblioteca Ayelén.

Para llegar a ser quien es hoy, Andrea Díaz tuvo que romper con muchos mandatos: ser una buena esposa para su marido, una buena ama de casa y lo que el modelo heteropatriarcal entiende como una buena madre para sus hijos. A los 43 años, le dijo basta a todas esas imposiciones para asumir su deseo. Ese acto de libertad, paradójicamente, la arrojó a la marginalidad: “Yo salí de grande del armario, eso ha significado encontrarme y tener, de pronto, una vida. Lo que había antes de reconocerme y saberme quién soy, era algo que no tenía nada que ver conmigo. Venía de un matrimonio de muchos años y me tuve que fugar para ser quien soy. No aceptaban que me haya corrido de eso para lo que, supuestamente, estaba destinada. Salir del armario fue entrar en la clandestinidad”. 

“Desde el día uno empecé a militar. Mi existencia empezó a ser un territorio de militancia. Al salir del armario a la edad que yo salí y ser lesbiana, empezás a laburar el concepto del orgullo y empezás a militarlo. La militancia salva vidas y a mí me la salvó”, cuenta Andy a eltucumano.com. Hoy, con 51 años, se asume como lesbiana y lo hace desde su espacio de lucha como presidenta de la Biblioteca Popular de Cultura LGBT+ “Ayelén” que se inauguró en julio de 2018. El nombre de la biblioteca fue elegido para conmemorar a Ayelén Gómez quien fue víctima de transfemicidio en agosto de 2017: “Este espacio de militancia es necesario para poder darle curso real a todas las leyes de ampliación de derechos de las personas que se encuentran dentro colectivo. La única forma de hacerlo es a través de la transformación cultural que vuelve tangibles esas leyes”. 

Para Andy el de hoy no es un día más, ya que, desde 2010, los 7 de marzo se conmemora en todo el país el Día de la Visibilidad Lésbica por el lesbicidio de Natalia “Pepa” Gaitán, asesinada de un escopetazo por el padrastro de su novia por su condición de lesbiana: “Es un día de visibilidad que es algo que a nosotras nos cuesta un montón. Somos invisibles incluso a veces dentro del colectivo LGBT cuando nos violentan por nuestra condición sexual. Dentro del calendario de conmemoraciones LGBT+ tenemos fechas y figuras icónicas que marcan puntos de quiebre como los transfemicidios o la figura de Lohana Berkins. En este caso, tiene que ver con el asesinato de Pepa Gaitán quien representa a todo un grupo de compañeras lesbianas que son activistas en los barrios y que están en las periferias, en lugares donde no se accede a muchas cosas. Por lo general, en esos lugares, nosotras somos carne; carne que se mancilla”. 

“Vivimos en una sociedad donde la mujer es violentada y las lesbianas somos doblemente violentadas”, remarca Andy. Según explica, esas formas de violencia se replican en todas las instituciones como el sistema educativo y el de salud: “A esa violencia la vivís en la Maternidad, en el Centro de Salud, en la escuela pública, en los colegios confesionales… En la biblioteca lo vemos todo el tiempo cuando tenemos a pequeños o adolescentes que están expresando otra identidad de género ahí observás cómo se materializa la discriminación y la violencia”. 

A ella, como a muchas otras, no le resultó nada fácil el proceso de asumir su orientación sexual en una sociedad regida por los patrones que impone la heteronorma. Las amenazas de algunos miembros de su familia eran constantes: “La sociedad te vuelve clandestina y tu historia personal también. Empezás a esconderte de esas personas que te amenazan y de todo el sistema. Hay mucho temor, hay miedo hasta de perder la vida, sobre todo, cuando has renunciado a la vida que traías. Era impensado que deje a mis hijos, que deje toda una vida construida de acuerdo al estereotipo de lo que se espera de una mujer: que sea buena ama de casa, compañera del esposo y no poder seguir siendo madre como te gustaría ser porque te hacen sentir que estás fuera de toda norma”. 

“Pienso que la sociedad en Tucumán todavía no está preparada para respetar las expresiones de las distintas orientaciones sexuales en los lugares públicos. Todavía nos corren de los bares por darnos afecto. Nadie saca de un bar a una pareja heterosexual por prodigarse cariño, pero cuidado con que vayan a hacerlo dos mujeres o dos varones. Es impensado que siga pasando, pero acá en Tucumán pasa. La discriminación es muy fuerte acá”, destaca Andy. 

Hoy Andy es quien eligió ser gracias a todos estos años de lucha y militancia. Espera que toda su experiencia sirva para que, en el futuro, otras mujeres no tengan que padecer lo que ella ha padecido: “Ahora tengo otra familia que son mis compañeras de militancia. Ellas se convierten en tu familia, son las que están por vos cuando las necesitas. La idea es que toda esta lucha sirva para las generaciones que vienen y que no tengan que pasar por esto. Todo tiene que ver con mi experiencia y con el lugar donde estoy ahora, pero también con comprender que, fuera acá de las cuatro avenidas, existe un interior donde hay lesbianas que son sistemáticamente vulneradas. Ese es nuestro trabajo y el compromiso de militancia, brindarles herramientas a esas compañeras que están fuera del circuito hegemónico”. 


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