Al día siguiente de jubilarse, allá por 2013, Juan Sánchez se volvió referente del comedor Don Bosco, ubicado a 200 metros de la costanera del Río Medina, en Aguilares. Su día a día y la responsabilidad de alimentar a 250 personas.
Juan Sánchez está a cargo del comedor Don Bosco.-
Ubicado a 200 metros de la costanera del Río Medina, en Aguilares, el comedor Don Bosco proporciona almuerzos y meriendas a 250 personas. La mayoría de quienes asisten son niños. Juan Sánchez, responsable del centro de nutrición, expone los desafíos que debe sortear todos los días.
“El 31 de octubre de 2013 me jubilé y al día siguiente estaba encargado del comedor. Sin embargo, Don Bosco tiene 35 años de antigüedad, y fue fundado cuando prácticamente no existían los barrios que lo rodean: eran poquitos habitantes y muy humildes. Hoy es un comedor de referencia para los barrios vulnerables San Nicolás, Obrero, Evita, Municipal y asentamiento Río Medina”, comienza a explicar Juan.
Juan, profesor retirado de educación física, vive en carne propia los vaivenes socioeconómicos de nuestro país. Según declara, en sus orígenes el comedor tenía un carácter infantil, pero hoy también contiene a adultos. “Cuando comencé venía un promedio de 40 personas, se les daba la comida y nada más. Actualmente estamos pasando las 250. Durante la pandemia, por las restricciones de presencialidad, entregábamos alrededor de 400 viandas diarias. Cada vez hay más gente”, se lamenta.
De lunes a viernes, Sánchez se levanta minutos después de las siete de la mañana, desayuna y automáticamente sale a buscar los recursos para el comedor. “A las 9 estoy entregando la mercadería para que las cocineras preparen el almuerzo. Mientras tanto, los chicos van desayunando y toman clases de apoyo escolar con los voluntarios de un instituto local. Para el mediodía la gente ya hace cola para entrar a comer”, comenta. Los martes y jueves, por la tarde, Don Bosco también entrega meriendas a los niños, porque el resto de los días hay merenderos en la zona que ya cubren esa necesidad con mate cocido.
“Nosotros preferimos darles leche con chocolate, y a veces arroz con leche. En el almuerzo intentamos dar carne o pollo, y siempre verduras. Procuramos que sean alimentos que los sustenten, porque en los recorridos que hacemos le preguntamos a la gente qué come y nos responde ’lo que tengamos’. Usualmente son fideos o arroz hervido, o mate cocido con pan. Es una realidad lamentable”, expresa Juan.
El referente del comedor Don Bosco relata que la mayoría de la gente que vive en la zona vive de la cosecha del limón, el arándano o la papa. “En otros casos son ayudantes de albañil o changueros. La situación que viven es muy fuerte, con casas muy humildes, y los planes de asistencia social no les alcanzan para vestirse, curarse y reparar sus hogares. Los chicos no completan el primario y los que empiezan el secundario lo abandonan. Las amas de casa no tienen oficio. Buscamos atacar dos frentes: la deserción escolar y el desempleo”, agrega.
Mientras tanto, las adicciones y los casos de violencia van en aumento. “Los problemas sociales son los que más nos están aquejando en la zona. Los vecinos tienen mi número y estoy muy atento por la noche, porque periódicamente sufrimos vandalismo”, comenta Sánchez. El comedor, que tiene un espacio para 130 personas sentadas, hoy es un centro de contención ante las problemáticas que relata. Por este motivo, Don Bosco lleva adelante clases de apoyo escolar y diversos talleres para la comunidad en general.
Juan explica que su intención es que los chicos, hijos de padres que tampoco terminaron sus estudios, puedan continuar con su aprendizaje. “En estos dos años de pandemia la brecha se hizo más grande, porque no todos tenían acceso a un celular o cómo conectarse a internet. Las maestras de la zona me comentaban que, de cada 35 alumnos registrados por grado, solo 15 participaban. Y de esos 15, solo 5 entregaban la tarea. ¡Había 30 que quedaban afuera!”, exclama.
Además del apoyo escolar, el comedor implementa desde mayo un programa de oficios para que las amas de casa tengan al alcance una forma de contribuir con la economía hogareña. Por ejemplo, se dicta talleres de peluquería y de fabricación de dulces y mermeladas. “Todo esto que cuento fue posible gracias a EDET, que nos acompañó para que podamos hacerlo”. Juan se refiere a las acciones de Responsabilidad Social Empresarial de la distribuidora de energía, que creó el programa “EDET junto a los comedores” para promover una sociedad más justa, solidaria y equitativa.
Trascender la urgencia
Con el ánimo de impulsar acciones que aborden la problemática de los comedores comunitarios, EDET firmó un convenio con la red Cáritas de Tucumán. La distribuidora destina acompañamiento profesional y un presupuesto fijo para dos comedores con un formato de ciclos semestrales, para luego comenzar a apoyar a otros dos.
El programa, que comenzó en mayo de 2021, tiene como objetivo generar beneficios a largo plazo y perdurables en el tiempo. Es decir que, aunque no se desentiende del sentido de urgencia que genera la necesidad de alimentos, procura trascender la inmediatez e intervenir en estructura edilicia y equipamiento. Además, facilita talleres y materiales para capacitaciones en oficios, alimentación saludable, violencia doméstica, creación y cuidado de huertas, entre otros.
“Estos son los cambios que se deben producir: saber que no van a pasar toda la vida pidiendo en un comedor, sino que pueden gestar sus propios recursos para solventar sus necesidades”, expresa Sánchez. “Además de brindarnos alimentos nos ayudan con los talleres y todos los elementos necesarios. También nos acercan profesionales para hablar con la comunidad de ciertas problemáticas, como ser la violencia de género”, agrega.
Actualmente Don Bosco también cuenta con actividades recreativas de tango, folclore y danza árabe. El deporte, como un reconocido factor protector ante las vulnerabilidades sociales y promotor de hábitos saludables, ocupa un lugar importante en la agenda. Por este motivo, EDET también hizo entrega de pecheras, conos para postas, redes y pelotas para las prácticas de fútbol, hándbol y vóleibol.
Superación
“Realmente ahora el comedor tiene vida. Pasan cosas movilizadoras. Voy a contar algo que me impresionó gratamente hace poco: hay dos señoras que se anotaron en el taller de mermeladas porque no quieren andar pidiendo plata. Ahora quieren aprender a leer y escribir… ¡Están aprendiendo a la par de los niños, en las clases de apoyo escolar!”, expresa Juan con alegría.
El comedor, que hoy se convirtió en un centro vecinal de superación, no descansará hasta conseguir su objetivo. En palabras de Sánchez: “Que nadie nos necesite y que todos los niños puedan compartir la mesa con sus padres”.