Las fórmulas rectorales de la Universidad Nacional de Tucumán estrecharon lazos con los miembros de una fundación vinculada a la Sociedad Rural de Tucumán y que -sin estudios ni saberes biológicos- reparte discrecionalmente aportes del Estado por más de un millón de pesos diarios en "gastos de personal" para custodiar los libros y el legado del sabio naturalista tucumano.
La Sociedad Rural "del conocimento": Nicanor Rodríguez del Busto, Juan Carlos Díaz Ricci, Sergio Pagani, Mercedes Leal, José Frías Silva, Pablo Holgado, Santiago Paz Brulh y Luis Peña Critto.
La reciente visita de la fórmula para conducir la Universidad Nacional de Tucumán por los próximos 4 años, integrada por el actual vicerrector de la Sergio Pagani, Mercedes Leal y la actual decana de Filosofía y Letras completó un aval institucional de la UNT a la fundación Miguel Lillo, una institución autopercibida como "científica" que se encarga de custodiar el legado del notable naturalista tucumano Miguel Lillo a un costo para el erario público increíble: $481 millones de pesos anuales. Todo en manos de los integrantes de la Comisión Vitalicia que tienen la facultad de elegirse a ellos mismos y por fuera de toda injerencia de la Universidad Pública tucumana.
La fundación Lillo está presidida por José Frías Silva, conspicuo dirigente de la sociedad Rural de Tucumán y miembro -según el diario Clarín- de "una familia emblemática en la provincia de Tucumán (en lo político y en lo productivo). Una tradicional familia de campo tucumana, dedicada al cultivo de caña, citrus, ganadería, tambo y quesos, commodities, papa y maní". Lo acompañan en la conducción de la institución científica una cofradía también vinculada en torno al "campo" y la Sociedad Rural: Francisco Sassi Colombres, Nicanor Rodríguez del Busto, Luis Alberto Peña Critto, Elena Perilli de Colombres Garmendia, Santiago Paz, Juan Carlos Díaz Ricci, Pablo Holgado Fernando y J.D. López de Zavalía.
Miguel Lillo estudió en el Colegio Nacional de Tucumán que se abocó al estudio de la flora y fauna tucumana, llegando a ser el mayor coleccionista de aves de nuestra provincia. La Universidad Nacional de La Plata le otorgó el título de Doctor Honoris Causa, dio clases de química y física en el Colegio Nacional y la Escuela Normal y desde 1914 dictó cátedra en la flamante Universidad Nacional de Tucumán. Antes de morir, le donó todos sus bienes a la UNT: dinero, un amplio terreno, su biblioteca, su colección zoológica y herbolario de más de 20.000 ejemplares. Pero lo que desde sectores académicos se considera una "mala interpretación" de su legado, recayó en manos de una Comisión Vitalicia de una Fundación caracterizada por una cofradía de evidente corte conservador y sin saberes académicos que sustenten su función.
Días atrás, la fórmula integrada por José Luis Pío Jiménez - Hugo Fernández, también visitó la Fundación y posaron junto a los miembros de la Comisión Vitalicia.
En su página web, la Fundación Miguel Lillo se presenta como una institución descentralizada y autárquica que depende del Ministerio de Educación de la Nación, a pesar de compartir su espacio físico con la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT. Además, la fundación es administrada por una Comisión Asesora Vitalicia que maneja un presupuesto que en 2021 fue de $481.000.000 -más que algunas Facultades de la Casa de Altos Estudios-, de los que $445.000.000 (un 92% de los fondos) se destinan sólo a personal, algunos de ellos con salarios que rondan los $500.000.
"La administración del legado fue encargada por el Dr. Lillo a diez personalidades notables del quehacer científico y cultural tucumano (la llamada Generación del Centenario), quienes integrarían con carácter vitalicio y “ad-honorem”, una Comisión Asesora Vitalicia. En caso de fallecimiento o renuncia, los restantes miembros tendrían que nombrar a un sucesor", aclaran.
La Fundación cuenta con áreas de extensión y difusión de las Ciencias Naturales: Museo de Ciencias Naturales, Museo Histórico Miguel Lillo y su tiempo, Jardín Botánico y Centro de Información Geobiológico del NOA (Biblioteca); y con los Centros “Cultural Alberto Rougés” y “de Estudios Juan Dalma”. Todo en manos de los integrantes de la Comisión Vitalicia que tienen la facultad de elegirse a ellos mismos.
La Comisión Asesora Vitalicia y el Directorio están integrados por:
Presidente ad honorem: José Frías Silva
Vicepresidente ad honorem: Carlos Gustavo Rossini
Secretario ad honorem: Francisco Sassi Colombres
Tesorero ad honorem: Nicanor Rodríguez del Busto
Vocal ad honorem: Elena Perilli de Colombres Garmendia
Vocal ad honorem: Luis Alberto Peña Critto
Vocal ad honorem: Santiago José Paz
Vocal ad honorem: Juan Carlos Díaz Ricci
Vocal ad honorem: Fernando J.D. López de Zavalía
Dirección Ejecutiva: Lic. Pablo Holgado
En 2021, las investigadoras Cristina Picón y María José Amiune fueron "excluidas" de la Fundación siete años después de su contratación y en el marco de la prohibición de despidos del Gobierno Nacional durante la pandemia de coronavirus. La Asociación de Docentes e Investigadores de la UNT (Adiunt) denunció que "al despedirlas, la Comisión Asesora Vitalicia está incumpliendo un Acuerdo Paritario firmardo", y recalcó que "las colegas impugnaron un concurso en el que no se respetaron las reglas establecidas por reglamento" y que "con posterioridad, las autoridades resolvieron reducir sus contratos a 3 meses, y despedirlas a partir de abril".
Adiunt advirtió que "el concurso en cuestión tuvo vicios significativos, tanto en las entrevistas como en la exclusión de las colegas del Orden de mérito, pese a que tienen antecedentes en investigación, proyectos y becas desde 2006", y recordó que "Cristina Picón y María José Amiune, además de ser dos destacadas investigadoras jóvenes, son madres de hijas/os pequeños; dejarlas sin trabajo en el desesperante contexto de la pandemia, es un acto de violencia laboral".
En enero de 2006, un artículo publicado por el blog Museo Foro, denunció que "la Fundación fue dirigida por José Antonio Haedo Rossi, responsable primario de la decadencia y el atraso científico institucional, empleando prebendas, prestamos de dineros, premios y castigos", y reprochó que "fue interventor del CONICET para la dictadura militar continuando inexplicablemente en su cargo de director del Lillo hasta la fecha indicada". También planteó que "durante esa intervención, se mantuvo como Director de la Fundación Miguel Lillo y mediante el poder de ese cargo logró que la Institución fuera reconocida por el Estado Nacional, fundamentalmente autoritario entonces, para alcanzar que se consolide a escala nacional y provincial, de la mano de Antonio Bussi".
"Se llegó a decir que, en esa época, los sótanos de la Fundación Lillo eran utilizados para torturar a detenidos. Ese vínculo con el gobierno de facto favoreció a la Fundación Lillo, la que con sus actitudes represivas y atemorizantes, despertaron un terror y asombro que persisten aun hoy impidiendo la libertad de expresión, y desarrollando la obsecuencia. Las mentadas y populares denuncias anónimas de entonces, quizás fueron una más de las razones por las cuales desaparecieron personas, y también de la persecución permanente para quienes no estaban de acuerdo con sus políticas. Se utilizó el poder sucio para eliminar a investigadores de alto prestigio nacional e internacional que trabajaban en la casa (Muchos de Uds., lectores, sabrán los nombres). Todos fueron perseguidos y eliminados de algún modo, en algún momento, de las plantas de investigadores institucionales, antes, durante y después de las dictaduras. La Fundación Miguel Lillo instauró su propia dictadura, independizada incomprensiblemente del Gobierno, que lleva más de 40 años, a la cual el personal debió, o someterse, o retirarse. Con el retorno de la Democracia todo esto fue obviado, “no visto”, y las acciones persecutorias de algunos personajes, fueron enmascaradas con la benevolencia de una sociedad engañada (incluyendo jueces, ministros, presidentes, gobernadores) que no concebían siquiera la posibilidad de que esa sagrada institución cobijara un rasgo de militarismo faccioso que impida el crecimiento científico e intelectual, matándose de risa y burlándose de la memoria del hombre que les sirve aun de pantalla: Miguel Lillo", sentenció.
"En el marco de pensar estrategias que pongan en primer lugar a la investigación científica y a la ciencia, nos reunimos con autoridades de la Fundación Miguel Lillo para dialogar sobre políticas que tiendan a generar desarrollo científico para la comunidad. Seguimos pensando la UNT del FUTURO", afirmó el oficialismo universitario.
"Charlamos sobre los proyectos en #investigación y #extensión que vamos a impulsar desde el #rectorado. La Fundación y la UNT son hermanas y estamos convencidos de que debemos trabajar de manera integrada", resumió Jiménez.