BajadaTras el faltazo, el mensaje de monseñor Carlos Sánchez fue contundente.
Las sillas del arzobispo para Jaldo y Alfaro permanecieron vacías o fueron ocupadas por feligreses oportunistas. (Foto: José Romero Silva)
Luego de dos años, la Iglesia tucumana volvió a celebrar un Corpus Christi. Lo hizo frente a la Catedral de Tucumán, en Plaza Independencia, al aire libre. Y a la cita estaban invitadas autoridades provinciales y también municipales. Entiéndase el gobernador Osvaldo Jaldo y el intendente de San Miguel de Tucumán, Germán Alfaro. Ninguno asistió. Las sillas de plásticos acomodadas especialmente en primera fila, quedaron vacías o fueron ocupadas por feligreses oportunistas o ansiosos por ver pronunciar el discurso del arzobispo Carlos Sánchez desde más cerca.
El domingo estuvo frío, pero no tan frío para quienes ansiaban venerar el cuerpo de Cristo antes de la llegada del invierno. No fue el caso de las máximas autoridades políticas de Provincia y Municipio, que decidieron pegar el faltazo en la fresca tarde de domingo en la que se celebraba, en paralelo, el Día del Padre.
La última vez que Jaldo y Alfaro se vieron las caras en un servicio religioso fue en el tedeum por la Revolución de Mayo, un cruce que dio tela para cortar durante poco más de una semana por el “no saludo”, las razones e implicancias de los gestos, miradas y dichos posteriores a la tradicional ceremonia en la que la cabeza de la Iglesia tucumana aprovecha la oportunidad para lanzar un poco de leña al fuego al tiempo que los dirigentes se hacen eco de las críticas y se comprometen a atenderlas.
En esta ocasión, Monseñor Sánchez dio un duro discurso, que estuvo enfocado mayormente en el hambre que sufren argentinos en todo el país a causa de la actual crisis económica. “Tenemos tantos hermanos hambrientos en nuestra sociedad, con hambre de paz, justicia y equidad; con hambre de oportunidades, de libertad y de esperanza; con hambre de ser tratados con dignidad, como a hermanos y tantas otras necesidades”, expresó ante la mirada atenta de cientos de feligreses presentes a las afueras de la Catedral.
Al finalizar la misa, el arzobispo fue consultado por el siempre punzante Luis Medina sobre la ausencia del gobernador y del intendente. Aprovechó, entonces, para enviarles un mensaje. “Esta es la manifestación del pueblo de Dios. Aquí está el pueblo de Dios. Hoy es Día del Padre, había otros compromisos. No sé. Caminemos juntos sin diferencias, sin echarnos culpas ni cascotearnos los unos a los otros, sino aceptándonos, amándonos, perdonándonos y sabiendo pedir perdón también”, concluyó, entre algunas risas cómplices.