La Dirección de Estadísticas Provincial reveló recientemente que los tucumanos vieron cómo el valor de los bienes y servicios ya subieron un 56,04%. ¿Qué hay detrás de los números?.
Familias enteras compartiendo la mesa. Foto de Facebook/Comedor Costanera.
Días atrás se difundieron los valores de la canasta básica alimentaria calculados para el mes de mayo de 2022 en Tucumán. En ese registro elaborado por la Dirección de Estadísticas de la Provincia (DEP) se establece que los tucumanos necesitaron $97.277 para no caer en la pobreza.
En este último informe publicado por la (DEP) se especifica que esos valores corresponden a un “grupo familiar promedio” compuesto por cuatro personas, dos adultos y dos menores, quienes, para no ser indigentes, necesitaron reunir en mayo $41.750,04.
En los barrios populares de la provincia es difícil superar esas cifras y son varios los comedores y es un hecho que, tanto comedores como merenderos vieron incrementada la demanda en lo que va de 2022. En este caso, la estimación de una “familia promedio” propuesta en el informe, no se corresponde con la tendencia real. En la Costanera, por ejemplo, en su mayoría las familias tienen al menos cinco miembros.
“Aquí la gente vive de lo que junta, la mayoría son cartoneros. También hacen fletes porque tienen el carro con el animal, y algunos el carro a mano. Otros, tienen cooperativas de trabajo, son padres de familia que barren la calle o limpian las plazas. No les alcanza para sobrevivir, ni para pagar la luz. Una familia aquí en la Costanera tiene 7, 8 personas y no alcanza. La mayoría tiene de 5 hijos para arriba”, explica en diálogo con eltucumano.com Mercedes del Valle Villagra, más conocida en el barrio como “Doña Cipri”.
Doña Cipri nació y se crio en la Costanera. Cuenta que las intenciones de su madre cuando ella nació hace 56 años, eran las de bautizarla como “Cipriana del Valle”, pero no la dejaron en el Registro Civil. Sin embargo, el deseo de su madre fue más fuerte y el apodo la acompaña hasta el día de hoy. Doña Cipri cuenta además que durante el tiempo que estuvieron juntos, su marido llevó el pan a la mesa para sus seis hijos con el dinero que juntaba lustrando zapatos.
Recientemente los datos procesados por la Dirección de Estadistica arrojaron que, entre mayo de 2021 y mayo de 2022, los tucumanos vieron cómo el valor de los bienes y servicios ya subieron un 56,04%. La mayor variación para este período se observa en la categoría “alimentos” y “bebidas no alcohólicas” 65,09% seguida por “prendas de vestir y calzado” 60,25%.
Luego de que dos de sus hijos comenzaran a consumir diferentes tipos de droga, Doña Cipri empezó a ayudar en grupos de apoyo de la lucha contra las adicciones. Hoy cocina en un comedor impulsado por jóvenes que intentan salir de las adicciones y que ya cumplió 7 años en funcionamiento.
En sus inicios el comedor funcionó en diferentes casas de vecinos del barrio, pero desde hace un mes y medio el Centro Preventivos Locales de Adicciones les brinda un lugar para cocinar y que las familias retiren las viandas.
“Son 29 en total los chicos del grupo que colaboran con el comedor. Le damos de comer a más de 85 personas. Retiran adultos y niños. Nos alcanza para cocinar una sola vez a la semana y les damos para que coman al mediodía y a la noche”, detalla.
Doña Cipri considera que los menús más comunes son los fideos con salsa, la salsa con albóndigas, polenta con queso, pizza, guiso de arroz con lentejas. Todas estas comidas incluyen un postre a base de leche. “Ahora vienen más personas porque hay más necesidad”, señala.
En este medio siglo vivido en la costanera, Doña Cipri asegura que las cosas cambiaron estructuralmente para bien, pero que la economía no ayuda y la desigualdad es tan grande que es difícil evitar que los más jóvenes comiencen a consumir diferentes tipos de sustancias psicoactivas.
“Yo he nacido y me he criado en la Costanera y ha mejorado mucho. Ahora hay agua, pavimento y cloacas. Se agrandó el dispensario, están las escuelas, hay un jardín, tenemos el Cepla y la cancha. Cambió totalmente. Antes caían dos gotas y se inundaba todo”, reconoce, pero además hace hincapié en que uno de los emergentes más crudos de la desigualdad: “Realmente la situación que estamos pasando, sin trabajo y con el aumento de todas las cosas es muy difícil. Hay muchas necesidades aquí en el barrio. Hay mucha juventud que ha dejado la escuela por tras del consumo. Algunos de los padres los llevan a trabajar en el cartón para tenerlos ocupados, pero no pueden”, relata.
“Aquí hay de todo: gente que está haciendo daño y gente que no baja los brazos. Estamos ayudando a los chicos del grupo para que dejen de consumir drogas, se los contiene haciendo deporte o cocinando. Cuando teníamos plata los llevábamos al Cadillal, a Tafí del Valle o a San Pedro. Hay chicos que nunca han salido del barrio”, concluye.