DE LUTO

Dolor en el periodismo tucumano por la muerte de Vicente Guzzi

Fundador de la Asociación de prensa, perseguido y cesanteado en Canal 10, director de Radio Universidad, maestro de generaciones de trabajadores de prensa que hoy lo recuerdan con cariño y afecto.

20 Jul 2022 - 15:57

Vicente Guzzi. (Foto tomada de Facebook)

Dolor en Tucumán por el fallecimiento del reconocido maestro y periodista Vicente Guzzi, que se presentaba como "periodista y obrero", y fue uno de los fundadores de la Asociación de Prensa de Tucumán, director de Radio Universidad, perseguido y cesanteado en Canal 10 e histórico dirigente gremial.

Isauro Martínez recordó en un artículo publicado en metropolitana935fm.com que Guzzi pasó su infancia en Roma antes de arribar a Tucumán para completar sus estudios primarias y secundarias, comenzar la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y sumarse en los '60 al informativo de LV12 Radio Independencia.

Fue uno de los fundadores en los '70 de la que luego sería la Asociación de Prensa de Tucumán: allí se destacó como secretario gremial y fue determinante en la lucha de los trabajadores de diarios y medios para alcanzar el Convenio Colectivo de Trabajo en el año 1975.

Recuerda Martínez que en los '70 Guzzi se sumó a canal 10 pero "fue cesanteado en medio de la incipiente persecución ideológica que se había desatado contra los dirigentes sindicales que no encajaban con el modelo alentado por lo que la historia conoció como “lopezreguismo”".

"Como dirigente sindical estuvo siempre al lado de los trabajadores y se aferró a la defensa de la libertad de expresión orientando desde la Asociación de Prensa la organización de frentes sindicales para oponerse a las persecuciones que se dispararon desde la implementación del Operativo Independencia. El golpe de Estado estaba cantado y la intervención militar al sindicato era un hecho. Fue durante la dictadura que emprendió todo tipo de salidas para llevar la comida a su casa. Su pareja, la también dirigente sindical, delegada del Diario El Pueblo, Berta Miranda sufrió el secuestro en carne propia con Bussi que había usurpado el gobierno", recordó.

En ese sentido, destacó que Vicente y Berta "supieron sortear todo tipo de inconvenientes hasta que fueron convocados vía los contactos sindicales a participar de la experiencia del diario “La Voz”, casi en el inicio del fin de la dictadura", y allí "producto de la alianza de Montoneros con el sector del PJ que encabezaba Vicente Saadi, el periodista Vicente Guzzi se destacó por sus agudos análisis sobre política Internacional y en una redacción bullanguera también se animó a escribir sobre el sindicalismo argentino; en ese lugar se produjeron encuentros con escritores, poetas, reporteros, movileros que luego del cierre del diario se destacaron en otros medios gráficos".

"Al retornar nuevamente con su familia a Tucumán, Vicente intentó ser readmitido por las autoridades de la UNT, lo que no pudo lograr por lo que se incorporaría en Prensa de la Municipalidad de la capital tucumana. Luego fue convocado por las autoridades de la UNT para hacerse cargo de la conducción de Radio Universidad, en la etapa en que se denominó FM ”U”, posteriormente fue a trabajar en prensa de la gobernación hasta su jubilación.  Para quien escribe estas líneas, Vicente Guzzi fue un ejemplo de periodista militante, gran conversador, de diálogo animado, sobre todo cuando encaraba los temas cotidianos de la política", cerró su sentido escrito Martínez.

Primera Fuente subrayó que "Guzzi fue director de Radio Universidad, entro otros múltiples medios periodísticos de nuestra provincia, y formó parte del grupo de dirigentes que presionaron para la fundación de la Asociación de Prensa de Tucumán", y enfatizó que "sus colegas lo recuerdan como una persona comprometida con la verdad y con la sociedad, una persona fiel, de convicciones fuertes y valentía para defenderlas".

 

En las redes sociales se sumaron sentidos mensajes para recordar a Guzzi

Patricio Emilio Torne escribió:

VICENTE GUZZI QUERIDO !!!

Vicente, puedo asegurarlo, fue de las mejores cosas que me pasó en la vida. Nos conocimos en la ciudad de Mendoza, en uno de los encuentros que, cada tanto, realizábamos los directores de radios universitarias para hablar de cosas que, en general, no servían de mucho. Al menos, eso era lo que pensábamos los dos. Él era director de la radio de la Universidad de Tucumán, y se me acercó, después de una de mis intervenciones, diciéndome algo así como que se alegraba de haber escuchado mis conceptos, porque mostraban que yo no era un carcamán como casi todos los otros. Me causó mucha gracia que un “viejo” como él me dijera eso, y no pasó mucho rato hasta darme cuenta de que él no sólo no era un carcamán, sino, por el contrario, un tipo de avanzada, con un espíritu más vital que el de una cancha llena escuchando a los Redondos. Vicente era, lo que se dice, un periodista de fuste, con una tradición en distintos medios, y un compromiso militante y gremial que daba orgullo ser su amigo.

Su casa en Yerbabuena fue mi casa, nuestra casa, porque siempre estuvo abierta para mí y los que quisieran acompañarme. Berta, su compañera, y sus hijos: Líbera, Leda, Fafá y José, desde el primer día en que los visite, fueron mi familia. Él me devolvió al Tucumán que en algún momento sentí que había perdido; él me llevó a verme con el Cacho Ledesma y Estela; a reencontrarme con el Huevito Vivanco y abrazar a Luisa, su hermana; él me llevó a visitar la tumba del “Negrito” Fernández; él me convenció que no había asesinos capaces de borrar ese Tucumán que nos incendiara el corazón en los 60 y, por sobretodo, él me confirmó que la memoria, la solidaridad, el no bajar los brazos y resistir hasta el último instante, es un síntoma que perdura por siempre cuando te comprometiste con el pueblo. 

Vicente siempre fue peronista, pero nunca sectario, y de ello pueden dar testimonio la inmensa cantidad de compañeros militantes del campo popular que lo conocieron. Vicente tenía el corazón inmenso y generoso para todo aquel que lo necesitara, aunque también fue un cabrón con todos los despreciables de cualquier investidura e identidad política, y lo hacía saber a los cuatro vientos. Pero lo que más admiración me generaba de él, era ese flujo energético que sacaba de cualquier lugar y modo para celebrar la vida, para hacerte sentir que todo era posible, y había que estar atentos para no perder el tren de la alegría.

Hace un rato me avisaron que el Vicente había muerto, tranquilo, muy tranquilo, después de estar jodido durante los últimos meses, y yo pensé, ¡justo hoy, viejo!!! ¡Justo hoy cuando ya tengo un buen cupo de amores muertos en este día! Pero quizá deba ser así, como que es la fecha ideal para que se vayan los mejores, no sé. 

Hubiese querido recordar infinidad de anécdotas hablando de nosotros, tu familia, los amigos geniales que me presentaste; nuestro viaje a Amaicha del Valle; tus licores, tus ahumados, tus historias tanas, las fiestas mayas en tu casa, pero de pedo que pude con esto, porque el mazazo en el corazón y la tristeza no me habilitan a otra cosa.

Los de la Gral Paz te seguiremos queriendo y agradeciendo hasta el último instante de nuestras vidas. Esto, dalo por seguro.

El Pato y los suyos

 

Gerardo Epelbaum afirmó:

Ha muerto Vicente Guzzi. Durante dos años fue mi alumno en el gimnasio. Cada clase era una cascada de historia, filosofía y leyenda. Vicente fue una brisa fresca llena de sabiduría: en esas clases en la que trabajábamos su flexibilidad yo trabajaba mi mente contra la resignación y la adultez: porque Vicente era un adolescente, no porque adolesciera de nada sino porque Tenía siempre planes maravillosos para el futuro y una intensa visión de la vida. Como a mi, no le gustaba la idea de envejecer como se envejece en esta sociedad, por eso Vicente Guzzi hacía cada día una revolución de rabia y luz ! Eso era Vicente: una revolución. Agradezco al Universo haberme dado su Amistad profunda. Nos unía el odio a todos los fascismos posibles y el amor a lo que viene, al futuro. Y más allá de toda ansia, el profundo amor a lo que existe.

 

Laura Bravo sostuvo:

Hoy se fue un amigo del face Vicente Guzzi . Gran tipo, solidario, periodista, cocinero exquisito, comprometido con la memoria, la verdad y la justicia. Nunca conversamos personalmente pero tener de amigo a su hijo Jose Guzzi me basta y sobra para saber de la madera del árbol de dónde cayó ese fruto. Abrazo apretado a su familia. Hasta la victoria siempre compañero.

"Vuela con las estrellas y con tu luz. Gracias Vicente Guzzi por darnos tu generosa inteligencia", dijo Teresita Guardia.

"Hoy partió un "imprescindible"  Vicente Guzzi. , querido compañero GRACIAS ! tú paso por este mundo dejo huella la de los hombres justos y necesarios. ¡ Hasta la Victoria Siempre ! Mi abrazo a sus hijos y esposa. Q.E.P.D", subrayó Ariel Espinoza.

 "Se nos fue un entrañable compañero. Gran periodista y persona. Hasta siempre Vicente Guzzi", indicó Sebastian Ganzburg.

Gabriel Fernández escribió:

Hoy se nos fue el querido amigo, compañero y colega Vicente Guzzi. Grande ya, y con varios achaques, transitó el último tramo dedicado a preparar y degustar manjares. Estaba descreído y algo enojao con el oficio, pero cuando lo llevó adelante, lo hizo con maestría. De hecho, realizó la mejor sección Internacional de los años 80, en el diario La Voz (con premio y todo). 

Aunque se peleaban, porque dadas las personalidades eso resultaba inevitable, la equilibrada obra de arte diaria estaba combinada con el suplemento semanal sobre la misma temática editado por Aram Aharonián. Lo cierto es que daba gusto leer el diario si, además de necesitar  informaciones y análisis locales que develaban el crimen y el saqueo de la dictadura, se disfrutaba al aprehender un panorama mundial bien completo. Y complejo.

Antes y después, este tucumano de acento ostensible, desplegó su labor profesional en muchos medios. Eso si: despotricando contra los periodistas (un gremio lleno de culorrotos, apuntaba esmeradamente), devaluando su talento (me dan el premio porque le meto el dedo en el culo a Reagan, pero no entienden un pito), renegando con quienes impulsaban ciertas prohibiciones (si no consumía dos atados de Kent largos no escribía), apoyando y cuestionando a los militantes por los derechos humanos (cómo van a ir a las marchas vestidos así, de todos colores), y siempre haciendo bien la tarea. 

A veces, con Berta, en el archivo –zona importante en tiempos pre google-, llevaban a los dos pibes y la hermanita, tan maravillosos como kilomberos. Un cierre armaron tal batifondo que el Viejo Propato, mítico organizador de redacciones, empezó a protestar: “La destrucción del diario, lo que no pudo la dictadura, lo están logrando los hijos de Guzzi”.

Mal arriao, el Vicente, fue y será por siempre mi gran amigo. 

Las reuniones en su casa resultaban inolvidables. Asentado en planta baja, hacía asado en el patio y los vecinos de arriba protestaban. Don Guzzi se plantaba al lado de la parrilla y gritaba “¡porteños de mierda, les molesta un asado!”. Berta y Vívian ordenaban lo posible hasta que bebíamos y comíamos a rienda suelta. Durante muchos años, cuando todos derivamos sobre distintos medios, nos seguimos viendo gracias a ese lugar de encuentro construido por el amor de la familia Paoletti, con Lili como anfitriona. Vicente llegaba con excelentes vinos y dispuesto a polemizar sobre todo lo divino y lo humano.   

Peronista duro, combativo, siempre listo para cuestionar a izquierda (tuvo interesantes contiendas con los trotskistas) y a derecha (una enorme porción de la dirigencia justicialista le resultaba intragable). 

Como tantos de nosotros, siguió percibiéndose periodista del diario La Voz mucho tiempo después del fin de aquella experiencia. 

En los años recientes intenté sin suceso que retomara el oficio, al cual ya rechazaba de plano. La última charla al aire en La Señal fue así. “-Gabriel, escuchame, ¿vos cómo te llevas con el periodismo? –Bien, me sigue gustando. –Bueno ahí está la clave. Yo me llevo mal, no me lo banco más, no quiero saber nada”. Igual, su hija Líbera lo homenajeó sin decirlo al cursar Comunicación en la Universidad Nacional de Córdoba. Es que la calidad de este gran jefe de sección era tan inocultable como su tonada. Como su calidez con los cercanos, como su tirria con los desleales. 

Hace dos años, a instancias de mi hijo Lautaro, realizó un video entrañable con grandes impresiones láser de las páginas más destacables del diario y me lo envió como presente de cumpleaños. Era el regalo que yo quería. 

Estas líneas son muy incompletas. Las enseñanzas de Vicente llegaron lejos y seguirán vigorosas. 

Vicente: Dale saludos a Tito Paoletti, por favor. Me los quiero imaginar ahora, discutiendo de actualidad.

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