En enero de 1987 Pablo de la Vega registró junto a un grupo de amigos con los que vacacionaba en Tafí de Valle, el aluvión que se generó tras un temporal. "Era impresionante el olor a barro", recuerda.
La creciente de El Blanquito en enero de 1987.
Las imágenes de la histórica creciente del arroyo "El Blanquito" ubicado en la villa veraniega de Tafí del Valle en 1987, quedaron inmortalizadas en las fotografias que Pablo de la Vega registró junto a unos amigos con los que vacacionaba en el lugar. Afortunadamente no hubo víctimas fatales en aquella ocasión.
De la Vega tiene 56 años y es el dueño de la Parrillada Los Hornos. Todavía recuerda vívidamente lo que ocurrió hace 35 años y lo relata en diálogo con eltucumano.com.
"Salimos del club a la casa de mis padres, ubicada en la loma de la cruz desde donde se veían las cabeza de creciente. Fue impresionante ver cómo llevaba agua, piedras, árboles y animales. Desde esa loma se ve el río del Churqui, y el arroyo El Blanquito", comenta.
"Luego recorrimos lugares para ayudar a la gente, el camping quedó encerrado entre 2 brazos del río, la gente no podía salir, recuerdo que el sacerdote Hugo Lamaison ayudaba con un lazo a sacar gente", relata.
Una de las cosas que más le impactó fue el ruido intenso y el olor que se sentía. "Me impactó el ruido de las piedras y era impresionante el olor a barro. Cuando veíamos venir el agua desde lejos arrastrando todo, mí vecina se fue rápido al club a decirle a la gente que miraba la creciente, que salgan porque venía mucha más agua. Minutos más tarde se derrumbó y cayó todo el alambrado. Se salvó muchísima gente", concluye.
Sobre el Fenómeno
A través de un convenio firmado con la Universidad de Zaragoza, la investigadora tucumana del CONICET María Marta Sampietro junto a su colega español José Luis Peña Monné, investigaron el fenómeno. Su trabajo, “Dinámica geomorfológica y riesgos de inundación del río Blanquito (Tafí del Valle, NW Argentina)” fue publicado en la revista “Journal of South American Earth Sciences”, en 2018.
“Se trató de una creciente producida por una lluvia localizada en la cuenca alta del río, de corta duración y alta intensidad. El estado de degradación de la cuenca, debido a su mal manejo -quemas, sobrepastoreo y tala indiscriminada, entre otros-, favoreció la saturación del sustrato de la zona y fue arrastrando todo el material aluvional hasta villa”, explicó a La Gaceta la investigadora de CONICET que fundó el Laboratorio de Geoarquelogía de la UNT. “En otras palabras, cuando la gente piensa en inundación, piensa en agua, pero en estos casos no lo es. Son sedimentos saturados que forman un flujo denso (llamado flujo de detritos formado por barro y piedras) que a medida que va avanzando va arrastrando todo lo que encuentra en su camino”, señaló.
Por otro lado agregó que, cuando el material arrastrado colmata la capacidad del canal por donde el río naturalmente escurre, genera que se desborde hacia los costados porque no tiene cómo fluir, lo que hace que el flujo de detritos arrastre todo lo que encuentra en su paso. "Sólo se detiene cuando cambia la pendiente por una sola razón: pierde fuerza”.
En el trabajo publicado por la revista internacional, los autores del trabajo, fueron contundentes en su conclusión: “Durante enero de 1987 lluvias de alta intensidad produjeron dos inundaciones con flujo de detritos. La localidad de Tafí del Valle y sus rutas fueron gravemente afectadas por estas inundaciones. Este antecedente, junto con mapas y el trabajo de campo, nos permitió establecer el comportamiento de El Blanquito. El resultado más importante es que existe peligro de que se registre una nueva inundación. No se trata de generar temores. Simplemente es un estudio en el que se descubrió que no se hizo ningún mantenimiento a los trabajos de sistematización de cuenca que se realizaron después del episodio”, concluyó la investigadora.