SOCIEDAD

"Me preocupa": crece la violencia en las aulas de Tucumán y un docente analiza qué es lo que pasa

Héctor Mamaní es profesor y tutor desde 20 años en establecimientos educativos y asegura: "Nunca vivimos una situación así". Luego de los tristes hechos sucedidos, aquí comparte su mirada para tratar de entender qué es lo realmente sucede y cuáles son los caminos a seguir en búsqueda de una solución.

30 Ago 2022 - 22:01

Un problema que creció después de la pandemia en todo el mundo. Foto: Unicef.

A un compañero se le cae una lapicera en el aula y otro reacciona mal. No se la pasa. La patea más lejos. Se le burla. Una compañera necesita una hoja y le arranca de la carpeta de la otra de un tirón. No se la pide. Se le ríe. Un compañero está sentado al lado del otro y ni siquiera saben muy bien sus nombres. Están con la cara iluminada por la pantalla del celular. Una alumna vuelve a su casa después de seis horas en el colegio y cuando está por contarle algo importante a su padre, sube el volumen del partido de fútbol y no hay diálogo.

Son pequeñas escenas. Son momentos que el profesor Héctor Lázaro Mamaní conoce. Desde hace más de 20 años enseña en los colegios tucumanos. Se desempeña en Literatura y es tutor en el Instituto General San Martín y en el Instituto Mariano Moreno, justamente establecimientos que llevan el nombre del padre de la Patria y de uno de los pensadores más influyentes de nuestra historia.

Es el profesor Mamaní quien dialogó esta noche con el tucumano para una nota que intenta abrir un espacio de ideas y de reflexión para toda la comunidad. Han sido recientes y preocupantes los casos de violencia que se han visto en las calles del microcentro hace unas semanas con alumnos de distintas escuelas e imágenes como las vividas en las aulas del Colegio Nacional han acrecentado la preocupación de los padres y las madres en un conflicto que tiene múltiples causas y que pueden por lo menos empezar a identificarse en una etapa claramente vinculada a la pos pandemia.

“Claro que me preocupa y en todas las instituciones se están ocupando del tema. La falta de diálogo y de comunicación entre los propios chicos es uno de los problemas que puedo identificar. Los chicos vienen de un año de pandemia, trabajando en burbujas, muchas veces sin saber quién está al lado, conversando con un desconocido, sin contención ni diálogo tampoco en sus hogares y con situaciones de violencia que suceden en nuestras calles y que claro que absorben”, indica el profesor.

“Son situaciones que los adultos protagonizamos. Por dar un ejemplo reciente: el padre llevaba al hijo en el auto, se le cruza un taxi, le grita de una manera tal, queda el chico aterrado al lado, baja para entrar al colegio y llega con toda esa carga encima. ¿Qué hacemos ante esta situación? Como tutor con mis alumnos hay que buscar el momento para hablar con ellos. A diferencia de antes, estamos en una época donde ambos papás trabajan y durante la mayor parte del día no hay nadie en la casa. El alumno no tiene un diálogo con un mayor y muchas veces reacciona y reacciona de la peor manera”, agrega Mamaní.

“El chico no tiene figuras por ahí donde fijarse. Para lograr algo elige el camino más rápido, han cambiado las premisas, hay chicos que no quieren izar la bandera, cambiaron los valores, no respetamos al otro, no sabemos esperar los tiempos del otro, pero son cosas que hay que solucionar. De esto hablo mucho con los chicos: inculco el respeto, la solidaridad. Hay que respetar al otro. Muchas veces vienen padres y me dicen: ‘Por favor, profesor, hable con mi hijo porque no me hace caso’. ¿Se entiende? El padre le pide al profesor, cuando lo que el chico, además de nuestro trabajo, lo que más necesita es de la presencia del padre”.

“Ante las ausencias, el celular también educa al alumno. Los medios masivos influyen. No tienen un eje en la Tierra que los ubique dónde están. Insisto: la falta de diálogo, no tener con quién hablar, hace que, personalmente, vea cosas que en más de 20 años nunca haya visto algo así. Otro tema a atender es que el chico piensa que puede hacer todo y no tiene límites. El chico cree que puede tener todo, que todo es sí. Un chico frustrado reacciona, no quiere estudiar, desaprueba la materia, y a veces no le importa”, agrega el especialista en educación.

“Lo que se consume también influye. La música, por ejemplo, muchas veces tiene un lenguaje que incita a la violencia. Por eso decimos que la literatura es clave, porque habla de distintas formas. Cualquier problema si lo lees y lo analizas, tiene solución. Estamos haciendo talleres con respecto a esto que estamos hablando. Charlas, talleres en todo el colegio con respecto a la violencia, a los valores. Me gusta citar a un escritor, a Isaac Asimov, quien sostiene: ‘La violencia es el último recurso del incompetente’. Cuando alguien no tiene instrumentos, la violencia es el último recurso”, enfatiza el profe Héctor.

“Hay malos ejemplos en todos lados: vemos a un político que agrede al otro, el chico piensa que eso está bien, un actor famoso repite lo mismo, lo vemos en todos los sectores de la sociedad. Todo lo que ven está en debate. Por eso estamos intentando que el chico no dependa tanto del celular, hemos empezado a reducir el uso de los celulares en el colegio porque con el celular en la mano todo el tiempo no hay diálogo, el celular te bloquea. Si pierdo el celular parece que pierdo todo. Nos hacemos tan dependiente del celular que ese celular es nuestro dios”, remarca.

Y por último reflexiona el profesor Héctor Mamaní: “Tenemos que lograr nuestros hijos se hagan más responsables de sus actos. Debemos trabajar junto a ellos en conceptos fundamentales como la tolerancia, la empatía, salir a la calle, ver cómo vive el otro. El principal problema es la falta de diálogo, de comunicación, sí, pero hay que ser tolerante, la violencia es el último recurso, no puede ser una constante en nuestras vidas. Debemos recuperar el interés por el otro, por nuestro par. Humildemente, considero que uno de los mejores regalos que me dio la docencia es cuando un alumno pasa a mí lado, me saluda y por allí se presenta y todos me dan un gran abrazo. Ninguno se cruza de vereda. Eso quiere decir que uno hace las cosas bien, con amor. Eso es lo que necesitan los chicos. Pero es una tarea de todos”.

El Profe Mamaní junto a su señora y a su sobrino.

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