Con los valores de la canasta básica por las nubes, los barrios populares padecen el precio de los alimentos. Karmen, de barrio San Francisco, relató la realidad en estos centros de solidaridad.
Ayer miércoles, en su informe mensual sobre la Canasta Básica de los tucumanos, la Dirección de Estadísticas de la Provincia informó que un adulto necesitó durante octubre $18.266,42 para no caer en la indigencia, mientras una familia tipo, conformada por dos adultos y dos menores debió contar con $120.224,09 para no caer en la pobreza.
Este viernes, FM latucumana habló con Karmen Ovejero, que trabaja en una cocina comunitaria del barrio San Francisco, a la altura de avenida Independencia al 4.200 y contó la actualidad de este centro alimentario que asista a más de 20 familias.
“La situación es desesperante. Soy parte de ese sector que está golpeado. Pertenezco a la cocina comunitaria por las dificultades económicas que hemos tenido en mi familia”, contó a Anita Pedraza.
“Somos parte del equipo que está viendo cómo construir soluciones para asegurar el plato de comida en todas las cosas. Todos los días es pensar y repensar. Antes podíamos programar un menú, pero hoy por hoy no sabemos qué vamos a cocinar, qué plato va a salir porque los precios cambian permanentemente”, se lamentó.
En ese sentido, Karmen contó que reciben asistencia del Ministerio de Desarrollo Social que brinda mercadería con las que se arma el menú: Sostenemos a 21 familias, todos los días se elabora comida, tenemos un merendero y funciona hasta dos o tres veces por semana. Principalmente es asegurar que los niños tengan su merienda y las familias su plato de comida asegurado”.
Sobre la realidad en los barrios, la mujer contó que “es un reflejo doloroso, porque lamentablemente en todos los espacios la gente, los comentarios son siempre los mismos y que los precios están en constante movimiento”. “Estamos en un momento de oportunismo porque los dueños de la mercadería remarcan todo el tiempo los precios, a pesar de que no haya movimientos económicos. El precio que subió no bajó más”, se quejó.
“En la familia no solo se come, hay que vestirse, los servicios están muy caros. En nuestra cocina tenemos problemas con el suministro de agua y nos obligó a correr la producción hacia la tarde noche. Ahora que se viene el calor, el temor que nos abraza son los posibles cortes de luz. Nos vamos preparando para intentar tapar esos baches que van a venir”, aseguró.
Por último, Karmen contó que los platos de comida que le dan a la gente no es la polenta “que uno imagina”, sino que son platos nutritivos y ya piensan en las fiestas de Fin de Año. “Es contagioso el clima navideño pero se pone difícil porque uno quiere ser parte de los festejos. En la cocina charlamos y organizamos un menú navideño para que todas las casas tengan un plato navideño y esperar el milagro que se solucionen estas cosas”, cerró.