Rosana Chehín, investigadora del CONICET y directora del Instituto de Investigaciones en Medicina Molecular y Celular Aplicada, explicó en FM latucumana 95.9 los alcances de un descubrimiento realizado por especialistas tucumanos en conjunto con un centro de París.
La semana pasada, científicos tucumanos fueron noticia nacional e internacional luego de que se publicara el descubrimiento de que un derivado de un conocido antibiótico, la tetraciclina demeclociclina (DMC), tiene efectos protectores sobre las neuronas que se ven afectadas en la enfermedad de Parkinson (EP), lo que sienta las bases para avanzar a estudios preclínicos para comprobar si puede evitar la muerte de estas células y, de ese modo, detener la progresión de la patología que afecta al 1% de la población mayor a 65 años.
Este martes, Rosana Chehín, que lideró la investigación en Tucumán, explicó en detalle este descubrimiento en FM latucumana 95.9, que en principio da esperanzas en todo aquel que padece o tiene esta enfermedad neurodegenerativa, crónica y progresiva. “Su incidencia en el mundo está aumentando porque su principal factor de riesgo de esta enfermedad es el envejecimiento. Con el aumento de la expectativa de vida, gracias a los avances de la medicina, el envejecimiento de la población es muy fuerte, sobre todo en los países occidentales”, comenzó señalando.
En ese sentido, la investigadora del CONICET y directora del Instituto de Investigaciones en Medicina Molecular y Celular Aplicada del Bicentenario (IMMCA, CONICET-Tucumán-UNT), contó que hace 15 años que trabajan con el Parkinson: “Conformamos un equipo internacional con la doctora Rita Raisman que es una tucumana que vive hace más de 40 años en París, y toda su vida se dedicó al estudio de la enfermedad, con la doctora Elaine Del Bell de la Universidad de San Pablo y químico, doctor Bruno Figadère, de la Universidad de Paris-Sud Saclay, en Francia”.
“Nosotros buscamos fármacos que pueden detener o entorpecer el proceso de muerte neuronal que se produce en las neurodegenerativas. Por una mera casualidad que nosotros llamamos serendipia, hemos encontrado que un viejo antibiótico que es la doxiciclina es capaz de parar o enlentecer este proceso. Hemos trabajado mucho con ese antibiótico pero desgraciadamente no se lo puede utilizar como protector porque si uno usa de forma masiva y permanente un antibiótico se crea resistencia. Con Bruno Figadère, en base a estudios biocomputacionales que hacemos, hemos encontrado como modificar esa molécula para que conserve su capacidad neuroprotectora pero sin su capacidad antibiótica”, detalló sobre el trabajo que salió publicado en la revista en una importante revista de medicina.
Sobre las dificultades de encontrar una cura a este tipo de enfermedades, Chehín indicó que el Parkinson fue caracterizado por primera vez por James Parkinson hace 200 años. “Desde entonces toda la comunidad científica está estudiando las causas de la muerte neuronal para poder detenerla. A pesar de los esfuerzos lo único que existe son paliativos, o sea que simplemente es lo que se llama terapia reemplazo, que se trata de que la persona enferma tenga lo que producía las neuronas que se van perdiendo. Pero esto es paliativo”, reiteró.
“Lo que hay que hacer es ver como a modo de problema, parar la muerte de la neurona, porque una célula está especializada en producir neurotransmisor, es muchísimo más eficiente que un precursor del neurotransmisor que uno le pueda administrar al paciente. Los pacientes actualmente son tratados con algún agonista, que hace algo parecido a la dopamina dentro del sistema nervioso central, que controla el movimiento y el estado de ánimo. Si las neuronas se van cerrando disminuye la producción y aparecen todos los problemas”, explicó.
Y agregó: “Apuntamos a que la fábrica no cierre. En esto consiste nuestro trabajo”.
Por último, la investigadora explicó las dificultades de encarar grandes desarrollos científicos de manera individual en Argentina. “El sistema científico a pesar de los avances, tiene una inversión muy chiquita y la ciencia necesita de grandes inversiones por el importante equipamiento”, aseguró.
“Lo que cambió nuestro equipo de trabajo fue encontrarnos con la doctora Raisman, que juntas pudimos hacer un muy buen equipo y a partir de eso trabajar en colaboración. Esto cambió el rumbo de lo que hacemos”, remarcó.
“La formación que nos da la Universidad Nacional de Tucumá y el impulso del Conicet, estamos muy bien formados. Trabajamos codo a codo con el instituto del cerebro de Paris, que está dentro de un hospital donde nació la neurología. Estamos a la altura de las circunstancias, trabajamos con Harvard, el departamento de virología de Nueva York. Nuestra preparación está a la altura, lo que falta es la inversión”, reiteró.
Para cerrar, destacó que dentro del sistema de salud de la Provincia hay un grupo que está trabajando en cuestiones de Parkinson. “Ese grupo está intentando llevar adelante todo lo que tiene que ver con las estadísticas y lo que tiene que ver con abrirnos al mundo con todos los proyectos de investigación clínica que hay. El sistema de salud está trabajando”, finalizó.