Efectivos policiales dieron con el responsable de la misteriosa desaparición en la sala velatoria municipal de Famaillá. Cómo fue que las sillas terminaron en manos de Robertito, el prestamista.
Vaya uno a saber qué urgencia le apretaba los bolsillos. Algún muertito de vieja data en el almacén. Acaso una deuda de juego. Quizás, la emergencia de hacerse con un dinero que le era tan necesario como esquivo. No lo sabemos. Muchos secretos los hombres guardan en los resquicios más profundos de sus conciencias atormentadas. Lo cierto es que, mientras todos en Famaillá se preguntaban ayer qué había pasado con las sillas de la sala velatoria municipal, El Gordo Tony corría su propia carrera para empeñárselas a Robertito. Las fuerzas del orden resolvieron el misterio policial y recuperaron las sillas. El drama humano detrás de esta historia continuará siendo un enigma.
Según consta en la denuncia policial, a las 19 de ayer los responsables de la sala velatoria municipal “Ángel de la guarda” constataron la ausencia de 20 sillas tapizadas de cuero negro que forman parte del mobiliario de la casa fúnebre. Faltaban las sillas y también brillaba por su ausencia El Gordo Tony, uno de los serenos del lugar. Un primer indicio les llamó la atención: no había cerraduras rotas ni signos de violencia en el lugar. Ante esto, decidieron dar parte a la policía para iniciar las averiguaciones correspondientes.
Las fuerzas de seguridad fueron hasta el Centro de Monitoreo de Famaillá y procedieron al análisis minucioso de las imágenes de las cámaras de seguridad. Ahí fue que descubrieron a una camioneta Toyota Hilux que circulaba cargada con las sillas negras. Al investigar la procedencia del vehículo dieron con el propietario del mismo quien confesó haber realizado el flete de las sillas por pedido del sereno de la sala velatoria. Las indagaciones policiales comenzaban a destejer el misterio y a recorrer el laberinto de intrigas que los conducía de manera inexorable a la figura de El Gordo Tony.
El fletero, a su vez, reveló cuál había sido el destino final del mobiliario sustraído. Esta información los llevó hasta una vivienda del barrio Oeste de Famaillá conocida como “La pileta de Robertito”. Una vez ahí pudieron constatar la presencia de las sillas de la sala velatoria. Fue el propio Robertito quien confesó que Tony le había dejado las sillas en calidad de empeño a cambio de una suma monetaria cuyo monto no fue especificado. El hombre accedió a realizar el préstamo a raíz de la insistencia de El Gordo Tony que no parecía dispuesto a dar el brazo a torcer. Una vez revelado el origen de las sillas, el prestamista procedió a entregárselas de forma voluntaria a las fuerzas del orden.
Los efectivos se comunicaron con la Unidad Fiscal de Delitos contra la Propiedad desde donde ordenaron que las sillas sean secuestradas y posteriormente entregadas a la municipalidad mediante un acta. A su vez, se determinó que reciban las declaraciones testimoniales de las personas involucradas y que la investigación continúe para esclarecer el hecho en su totalidad.
El enigmático caso que ha sido la comidilla más resonante de las tertulias y conversaciones famaillenses finalmente ha sido revelado para lauro de las fuerzas de seguridad y oprobio de la reputación de El Gordo Tony. Vaya uno a saber qué lo motivó a empeñar las sillas. Desde esta tribuna periodística no somos quienes para juzgarlo ni solicitarle que siente cabeza. Queda para él, como para cualquier otra alma pedestre, el sano y justo beneficio de la duda.