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A 29 años del atentado a la AMIA: el recuerdo de Martín, el "tucumano que ayudaba a todo el mundo"

Martín Figueroa tenía 47 años durante el crimen que aún conmociona al país. Con seis hijos y una nieta, el hombre es una de las 85 víctimas asesinadas ese 18 de julio de 1994.

18 Jul 2023 - 06:57

Imagen de archivo. Foto el diario ar.-

Este 18 de julio se cumplirá un nuevo aniversario del atentado perpetrado contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), que dejó 85 muertos en 1994

Una de las víctimas, que aún reclaman justicia, es Martín Figueroa, un tucumano de 47 años que se encontraba en el edificio de calle Pasteur 633, en el barrio porteño de Once.

Martín había nacido en Tucumán en 1947. Era electricista y trabajaba en las refacciones que se llevaban a cabo en esos momentos en la AMIA. A los 16 años decidió mudarse a Buenos Aires para encontrar un futuro mejor. Lo apasionaban varias cosas: su oficio, el fútbol, la política, el barrio y su familia. Se había afiliado al radicalismo y desde esa militancia ayudaba a quienes podía: si había que conseguir un remedio, él estaba; si se trataba de hacer el trámite para una jubilación o un sepelio, ayudaba; si había que buscarle trabajo a alguien, ponía el hombro. Su mujer, María Magdalena Albornoz, recordaba que “en cada inundación se metía con el agua hasta la cintura para colaborar en los rescates”.

Fue dándole una mano a un amigo que necesitaba una casa, Hugo Basiglio, que Martín entró a trabajar en los arreglos que se hacían en la AMIA. Él se lo recomendó al arquitecto Andrés Malamud, a cargo de las refacciones. Y ambos comenzaron su labor allí. El dinero sería para poner en marcha sus proyectos: finalizar su casa, terminar de pagar el auto y tomarse vacaciones con su esposa (llevaban casi 25 años de casados y nunca habían salido de veraneo) y sus seis hijos.

En diciembre Martín y María cumplirían sus Bodas de plata, y ese mismo mes de julio harían una gran fiesta a modo de anticipo. Alquilaría la misma parrilla de un amigo, en la que habían celebrado la compra de su primer auto al mismo Malamud, al que se lo estaba pagando en cuotas.

El 18, Martín fue a la AMIA para que le pagaran por su trabajo. Al día siguiente, los Figueroa tenían alquilado un micro para ir de excursión a la Ciudad de los Niños, en La Plata. Ese viaje quedó trunco por la violencia extremista. Y también, su sueño de regresar a Tucumán el 14 de octubre, el día que su escuelita, la N° 288 de la localidad de Santa Ana, cumpliría 75 años. Estaba invitado para los festejos, e izaría la bandera Argentina junto a una compañera. Hasta había calculado a qué velocidad haría la ruta a su ciudad para llegar a tiempo y disfrutar del manejo.

María recuerda lo último que le dijo Martín: ”Nosotros lo tenemos todo, nos tenemos a nosotros, tenemos hijos, una nieta hermosa y sana, tenemos la casa, el coche, el trabajo, ¿qué nos falta...? Nada”.

Una semana después del atentado, Martín fue velado en su casa de Villa de Mayo. Todo el barrio se reunió para aplaudirlo en su despedida, seguida por una enorme caravana de vehículos. Al poco tiempo, un panadero ambulante de la zona llegó a su casa. Y le dejó a María y sus hijos unas palabras: “A la familia de mi amigo Martín quiero hacerles saber que lo recuerdo con su sonrisa amplia, sincera, y que extrañamos su generosidad y su hombría de bien. Recuerdo que cuando mi esposa estuvo enferma y la internaron por segunda vez, yo necesitaba una suma importante de dinero que no tenía, y apareció la mano desinteresada del amigo, el que recurrió a su vez a distintos amigos y me solucionó el problema”.

En 2020, en el marco de los homenajes que se realizan en conmemoración del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), colocaron una placa en la escuela N° 288 de Santa Ana, en Tucumán, para honrar la memoria de Figueroa.


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