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"Pena y ternura": adiós a Don Arias, el querido señor que vendía lapiceras en Tucumán

Hugo Vicente Arias ha fallecido a los 85 años. Sin lugar a dudas, ha sido una de las personas más respetadas por la sociedad. Sus comienzos como inspector y la bronca por el final que atraviesa a los tucumanos. El último pedido. VIDEO

26 Jul 2023 - 16:34

Adiós, Don Arias.

“Me gusta escribir. Llevo un diario donde relato las cosas que me han tocado vivir, las más destacables. Tengo ya completo un libro sobre la historia de los mormones en Tucumán. Yo soy mormón. Y he recopilado la historia de los mormones para explicar qué han hecho desde que han llegado a Tucumán hace más de 50 años. En mi vida estudié 14 cátedras. Entre esas están Filosofía, Psicología, Historia, Geografía, Bioquímica. Todo lo que estaba a mano lo estudiaba y lo entendía. Hasta el día de hoy lo entiendo. De hecho, en mi casa de Ciudadela tengo muchos libros”.

Hugo Vicente Arias le contaba una noche a eltucumano su historia de vida. Quién era ese señor que vendía lapiceras, marcadores, fibras, cuadernos para colorear y lápices a precios simbólicos para grandes y chicos fue la pregunta que nos llevó a él aquel caluroso verano de 2019, precisamente en la 25 de Mayo al 300, frente al entonces supermercado Carrefour.

Aquella noche, iluminado para la foto bajo las luces de la librería San Pablo ya cerrada como indica el horario comercial, mientras los negocios dejaban caer sus persianas, mientras las calles comenzaban a despoblarse, mientras todo eso pasaba Don Arias seguía ahí, con un puñado de lapiceras Bic apretadas por una gomilla ofreciéndolas como ramos: “Yo quiero que los chicos estudien, que aprendan a escribir, a leer, que cuenten su propia historia. Yo hace años que les vendo y ellos me colaboran comprando. Siempre me han apoyado”.

Siempre peinado a la gomina o al limón, alguna veces más canoso que otras, con sol o frío, el único traje que le quedó de sus tiempos de inspector en la DGI ahora lo usaba para vender lapiceras. “Después de la DGI, viajé a Buenos Aires y rendí un examen como visitador médico en un laboratorio de bioquímica aplicada, estuve ahí un tiempo, después volví a Tucumán y a los 70 años empecé a vender lapiceras. La vestimenta se debe a que cuando iba vestido, por decirlo de alguna manera, vulgar, los guardias de la facultad y los policías me veían y me decían: ‘Tomate el palo de acá. Si te vestís bien, no vas a tener problemas’. Entonces uso traje. Y así, cuando entro a vender en alguna institución pública, es otro el trato. Todos me decían: ‘Pase, profesor. Pase, doctor. Pase, ingeniero’. Cualquier nombre de profesional. Desde ese momento empecé a sentir algo que sobrepasa al amor y que es el respeto y el reconocimiento de los jóvenes”.

Justamente los jóvenes han sido la familia que Don Arias no ha encontrado en los últimos años, donde vivía en difíciles condiciones en una pensión de Ciudadela, casi como único sostén de lo que entendía por hogar. Ese amor de los jóvenes tuvo una muestra caudal en la Facultad de Filosofía y Letras: “Hay un hecho que ha repercutido en muchas partes: fue cuando me botaron de la Facultad del Parque. La decana de ahí me dijo que no quería que vaya más porque tenía otra persona. Yo tenía una mesa en los pasillos. Destruyeron la mesa y todo lo que tenía. Y me avisaron que si yo no me iba, me iban a hacer sacar por la Policía. Esto pasó hace tres años (en 2016). No dije nada y me fui. Cuando los chicos se enteraron por qué yo no iba a vender, tomaron la Facultad y, hasta que no dieran una contraorden, iban a seguir tomando la facultad”. El reclamo le permitió a don Arias volver a vender: “Y volví de mejor manera, con el apoyo de esos 2500 chicos”.

Ni la pandemia evitó que Don Arias saliera a vender y hubo muchas veces que vimos, con sus pasos lentos de mocasín, cómo emprendía el regreso a pie desde el centro hasta su casa en Lamadrid al 1600, demasiadas cuadras para un señor grande hasta que un estudiante que pasaba en taxi lo veía y lo llevaba. Luego, ese estudiante hacía pública en Instagram la penosa situación de Don Arias y eso generaba una nota, y el revuelo mediático, y la impotencia de los lectores, y el silencio de los gobernantes y una colecta de todos los tucumanos y tucumanas para darle una mano.

Hoy, Don Arias ha fallecido a los 85 años. "Lo despido con pena y ternura, una mezcla de sensaciones", le cuenta a eltucumano Guadalupe, quien ayudó a Don Arias en sus horas más difíciles. De hecho, las últimas veces ya lo habíamos visto perdido en un banco de la plaza San Martín o en las escalinatas de la Facultad de Derecho cuando cerraba el comercio, pese a los achaques de la edad y problemas de salud que contaba en aquella nota de 2019: “Tuve un problema pulmonar hace unos años, pero luego se hizo una junta médica que me dio el visto bueno para que saliera a vender. Me dijeron: ‘Bueno, Don Arias, usted está totalmente sano y si nosotros le privamos que salga a vender no tendría ningún sentido. Si a usted es lo que le apasiona, hágalo tranquilo. Tiene para 20 años más’. Eso me decían los doctores”. 

Y lo que decía Don Arias al final de aquella nota se parecía a un mensaje para quienes lo conocieron: "Si la calle está como está es por lo que ha subido el costo de vida. Lo único que puedo decirles a los jóvenes ante este escenario es que, en lugar de seguir los pasos de sus abuelos o de sus padres, sean ellos los que se atrevan a preguntarse: ¿quién soy yo? ¿qué hago? ¿cómo estoy viviendo la vida? ¿mi vida qué es? ¿qué camino estoy siguiendo? El día que encuentren su camino, su personalidad va a ser muy rica. Es lo que yo aprendí: una persona que estudió su propia vida. Y soy lo que soy por lo que hago: ayudar a las personas, enseñar lo que conozco y sobre todo colaborar con los chicos, sean quienes sean, buscando su camino, en la calle o donde estén".


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