DRAMAS DE ACÁ

"Tenemos que estar juntos": el calvario sin final de Milagro en Tucumán

Un mail anónimo, una carta sin firma bajo su puerta, mensajes por Twitter e Instagram, qué música escuchaba a la mañana, la noche que se sentó a su lado, la aparición en su casa y el drama contado en primera persona: "Mientras más intenso se ponía, más me angustiaba yo".

06 Ago 2023 - 18:04

Milagro.

Ya eran las doce y Milagro brindaba con su familia mientras el cielo de Tucumán recibía un feliz año nuevo. “¡Feliz Año Nuevo!”, decía Milagro cuando chocaba con su familia las copas de sidra o champagne y algunos perros asustados del barrio, como si supieran lo que estaba por pasar, ladraban también.

La escena feliz se repetía en la mayoría de las casas tucumanas: besos, abrazos, todos vestidos de blanco, corchos en el techo, música en los parlantes y ruido, mucho ruido. Sí, claro que la escena se repetía en la mayoría de las casas. Pero en una no. 

Mientras circulaba el helado de limón, en otra casa, lejos, había un cuarto en silencio. Sin luces, solo la pantalla de la computadora iluminaba el rostro de un joven. Y ese joven mandaba un mail. Un mail anónimo a Milagro. Un mail anónimo recibido en la bandeja de entrada de Milagro el 1° de enero de 2018. Ese día, de esa manera, comenzaba este calvario.

“El 1° de enero del 2018, sí, yo recibo ese mail diciendo que alguien me amaba. Un mail de cinco páginas de una cuenta anónima. Sin firma ni nada. Ese 1° de enero del 2018 es el primer registro de todo lo que pasó después”, le cuenta Milagro a eltucumano, aquí arriba, en la terraza de nuestra redacción en Moreno al 200, acompañada de su mamá Josefina, quien casi tira el vaso de agua sobre la mesa apenas comienza el relato de su hija. 

Tres meses después de aquel primer mail en enero, llegó marzo. Y en marzo Milagro cumple años. Familiares y amigos habían sido invitados a la casa de Milagro, quien corría emocionada a abrir la puerta cada vez que sonaba el timbre para recibir besos, abrazos y regalos también. Lo que Milagro no imaginaba ese día era encontrar un sobre de papel. Ese sobre contenía una carta escrita en computadora y alguien lo había dejado debajo de la puerta de la casa de Milagro. Así lo cuenta Josefina:

“Ese día nosotros festejábamos el cumpleaños de Mili y había venido mucha gente. En eso que vos abrías y cerrabas la puerta, encontramos la carta en la entrada de mi casa. La levantamos y lo primero que pensamos era que era alguno de los chicos invitados, pero tampoco estaba firmada. Esa fue la segunda interacción con quien luego sabríamos que era la misma persona del mail”. 

Y agrega Milagro: “Entre el primer mail de enero y la carta de marzo no había pasado nada, pero esto quiere decir que esta persona ya sabía cuándo era mi cumpleaños y dónde yo vivía, dónde quedaba mi casa. No conforme con esto me empieza a chatear bajo el nombre de una cuenta Your Mind is not mine (Tu mente no es mía). Me mandaba muchísimos mensajes. Yo para ese momento estaba de novia con un chico y mi novio en ese momento pensaba que yo le estaba siendo infiel. Mi celular sonaba todo el tiempo y era esa persona. Me mandaba mensajes todo el día, todo el día, todo el día.  Y mi novio me decía: ‘Vos me estás boludeando’. Yo le juraba que no. Y no. No sabía todavía quién era la persona que me escribía. Entre el mail, la carta y los mensajes de esta cuenta pasó todo el 2018. El 28 de noviembre del 2018 recibo estos mensajes y lo bloqueé. Pero no quedó ahí”.

El calvario de Milagro se intensificó en 2019 y cada vez peor: “En enero de 2019 recibo un mail y le contesto que deje de hacer eso: ‘Mirá, ya te lo dije por Twitter, esto no está bueno. Yo ya te dije que no quiero saber nada de vos. Este mail me asusta aún más por la cantidad de información que vos sabés de mí. Por favor, dejá de hacerlo, te voy a bloquear’. Mientras más intenso se ponía, más me angustiaba yo”. 

Esa respuesta de Milagro fue la primera vez que originó las falsas disculpas de su acosador: “Ahí él me contesta: ‘Perdón, sí, no te voy a volver a escribir. Yo no quiero que te sientas acosada’. Y no vuelvo a recibir una notificación, me voy de vacaciones de mochilera tres meses y cuando vuelvo recibo un amigo en mi casa. Le leo el último mail y me dice: ‘Amiga, esto es grave. Yo iría a la Policía’”.  

La idea de ir a la Policía ya había sido sugerida por Josefina, la mamá de Milagro, ante la cantidad de datos que el joven sabía de su hija: “Hay una carta donde él manifestaba conocerla, qué sabores de helado le gustaban a Milagro, todo: dónde se compraba la ropa, todo, sabía todo de ella: a qué hora se dormía, qué canción escuchaba, qué emociones tenía, todo. Desde entonces todo ha sido un calvario. Pero cuando yo leí el último mensaje (el 25 de julio pasado) donde él le manifestaba la necesidad de estar juntos, de querer estar juntos, cuando leí que le escribió ‘Mili, estoy determinado a amarte. Tenemos que estar juntos’ lo primero que me he imaginado es que la única forma en que podía estar junto a ella era matándola”. 

Cuando termina de decir esa frase Josefina, la terraza donde transcurre esta entrevista queda en el más absoluto de los silencios.

"El chico me había encontrado en Spotify y tenía como el cronograma de la música que yo iba escuchando durante el día. Me decía: ‘Sé que a la mañana ponés música fuerte porque te gusta levantarte más arriba y que a la noche ponés más melancólico para irte a dormir’. Después de la primera denuncia donde la carátula dice Violencia de Género, yo le informo a él: ‘Te hice una denuncia. Te pido por favor: no me vuelvas a contactar. A mí no me agrada esto que estamos teniendo. No, no lo hagas’. Pero no paró. Llegó a crearse nueve cuentas de Twitter con nombres diferentes y me mandaba mensajes: ‘Mili, tenemos que hablar’, ‘Mili, estoy en tal lugar’, ‘Mili, necesito que hablemos’. ‘Mili, por favor, nos juntemos a tomar un café’. Cuando te lo cuento, se me pone la piel de gallina”, dice Milagro, quien toma aire, suspira profundamente y suelta: “Pero pará: porque no es todo. Ahora te cuento la parte donde llegamos al momento: el clímax”. 

Pablo Luciano Rainieri fue a ver una banda el 9 de julio de 2019 en el Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán, en el edificio de San Martín y Monteagudo. No sabemos si le gustaba la banda en sí, pero sí sabemos que estuvo ahí porque en esa banda tocaba una de las hermanas de Milagro. Y lo sabe Milagro, lógico, porque Milagro y su familia fueron ese día a escuchar a su hermana. Todos ubicados en la misma fila, toda la familia sentada, una linda postal familiar con el papá de Milagro sentado con su hija de un lado, pero con Pablo Luciano Rainieri sentado del otro.

“Esa fue la primera vez que lo vi en mi vida. Yo estaba al lado de mi papá y él del otro. Estábamos sentados hasta que él se abalanza por encima de mi papá, me agarra del brazo y le dice a mi papá: ‘Yo soy el amigo de Mili’. Cuando me saca la mano, me acerco, lo miro y me quedo helada. Este fue el primer evento que él se aparece físicamente. Hasta ese momento había sido todo virtual. Y cuando es virtual no sentís que es peligroso, es simplemente virtual. Borrás el mensaje y seguís. Los mensajes te pueden causar algo, pero no te acuchillan. Borrás el mensaje y seguís con tu día. Pero cuando lo vi en vivo, me quedé helada hasta que le dije a mi papá: ‘Es el chico que tiene una denuncia por acoso’. Mi papá se levanta, lo levanta y le dice: ‘Amigo, vamos afuera. Sabés que tenés una denuncia por acoso, ¿qué haces acá? Rajá porque nos vamos a agarrar a las piñas. No te vuelvas a aparecer’”. 

Luego del ataque en el Concejo Deliberante, Milagro quiso creer que ese había sido el punto final, pero la historia continuó: “Volvía a aparecer. Volvía a aparecer. Volvía a aparecer. Cuando yo ya no usaba mis redes, empezó a aparecer en casa. Me mandaba cosas por delivery. Me escribía indirectas por Twitter: Si él decía ‘Te estoy esperando en El Ateneo’, yo al Ateneo no iba a merendar”.

Compañeros de la facultad de Ingeniería de Milagro fueron compañeros en el Instituto Técnico de Luciano. Uno de los compañeros de Milagro le contaría después que la obsesión de Luciano con Milagro llegaba al punto tal de compartir fotos de ella en el grupo de WhatsApp de Egresados del Técnico: “Llegamos a pensar en un primer instante que eras su pareja. Siempre fue raro y peligroso. Lo eliminamos del grupo en un momento pero después lo volvimos a agregar para monitorear los pasos que daba y las cosas que contaba en el grupo”.

Esa obsesión de Luciano con Milagro sumaría un capítulo más a esta pesadilla: "Un 10 de noviembre es cuando él se aparece en mi casa con un ramo de flores. Me avisa por mail: 'Estoy afuera de tu casa'. Yo estaba en mi cama todavía cuando mi papá me dice: 'Está Luciano abajo, no salgas'. Entonces sale mi papá a enfrentarlo y ahí filma con el celular el video que adjunto como prueba a la fiscalía y hago público después en mis redes. Le dice mi papá: 'Rajá de acá, andate, te quiero ver irte'. Lo ve irse. Mi papá se sube al auto para ir a visitar a mi abuela, se da cuenta de que se había olvidado la billetera y cuando vuelve a buscarla se encuentra de nuevo con el chico en la puerta de mi casa. Ahí lo arrastra hasta la comisaría, lo encarcelan, pero lo liberan a las horas. Nos dicen que lo sueltan 'porque no había peligro de muerte. No era una amenaza física'".

Con el femicidio de Paola Tacacho presente, Milagro y su mamá Josefina revelan cómo vivieron el acompañamiento o no del aparato judicial y policial durante todo este tormento: "El caso tiene la misma dinámica que el de Paola, con la diferencia de que ella conocía a su agresor. Las tres veces que lo hemos denunciado, la Policía (nos han tocado policías varones y mujeres), nos han protegido. Le han dado validez a mi situación, le han dado validez a mi emoción, a mi angustia, no han minimizado todo el caso del acoso. No dijeron: 'Ay, no es para tanto, este chico está enamorado'. Sin embargo, la jueza que ha desestimado la perimetral, sí. En ese momento sí. Ha dicho: 'No, mirá, tu vida no corre riesgo, yo no puedo sacar una perimetral'".

Luego de mover Cielo y Tierra, llegó la primera perimetral con vencimiento a 60 días, pero el infierno continuó hasta alterar toda la dinámica familiar: "Yo sabía que en cualquier momento podía aparecer. Es muy angustiante, es súper angustiante porque vos decís: '¿Si salgo sola a comprar?', '¿Si me tomo un colectivo porque no tengo plata para el taxi?'. Mi círculo cercano estaba en alerta: 'Mili, no te vayas sola', 'Mili, avisame cuando llegue a tu casa', 'Mili, compartime tu ubicación', 'Mili, ¿dónde estás?', 'Mili, ¿por qué no contestás el teléfono?', 'Mili, ¿adónde estás?'. Así, todo el tiempo así".

Y agrega Josefina: "Es como estar preso en la vida real. Es perder la libertad. Cuando vos decidís salir a la calle tenés qué pensar a qué hora vas a volver para no exponerte, con quién vas a volver o no volver a la casa, preferís que se quede con su novio y no que venga sola... Realmente el cambio en la dinámica familiar ha sido muy grande. Tengo tres hijos más y siento que, si a mi me mata, que me mate. Yo ya estoy de vuelta. Pero a ellos no. Realmente es miedo lo que yo tengo. Y ver la actitud de él el lunes en la audiencia...".

Este último lunes 31 de julio, por primera vez, Pablo Luciano Rainieri enfrentó una audiencia legal donde se le dictó una preventiva de apenas 15 días en prisión: "Cuando en la audiencia estaba la cámara encendida, él no se movía. Pasaban 15 minutos y el tipo no pestañaba. La jueza le preguntaba si se le había congelado la cámara porque no tenía ningún movimiento. Le dieron solamente 15 días en prisión no domiciliaria porque es acoso telemático. Durante 15 días puedo decir que estoy tranquila. La pena máxima es baja: apenas dos años en prisión. ¿Por qué? Dicen porque nunca me ha levantado la mano, porque no ha sido violento. Cuando estaba en la celda, mientras simulaba un ataque de llanto, me seguía escribiendo en Twitter con el celular. Ahí les cambió a la cara a los policías y se dieron cuenta de lo que yo estaba pasando".

- ¿Cuántas veces dijiste: 'Quiero que esto termine'?

-¿Hoy? ¿Solamente hoy? Muchísimas. Y me pregunto. Me pregunto todo el tiempo: ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho yo? ¿Por qué él me eligió a mí? Me he llegado a cuestionar hasta si he causado yo algo para generar semejante obsesión. Cuestionarme cómo actúo o qué publico, qué soy, qué digo, a dónde voy. ¿Por qué no se es respetada mi voluntad de decirle no y que él entienda que no es no y que se termine esto? Porque todo esto que te he contado se podría haber terminado en abril del 2018 y era un recuerdo gracioso que lo cuentas con tu amigo tomando cerveza. Pero ahora no sé cómo puede terminar. Solamente busco tener mi vida normal si es que alguna vez vuelve a ser normal porque el miedo que yo siento, que yo he sentido, es que puede aparecer en todos lados, en cualquier lado. Él, de alguna forma, sabe dónde estoy. Esa sensación no desaparece. Sigue ahí".

Capturas del calvario:


seguí leyendo