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"No puedo volver a esa escuela": el durísimo testimonio de una docente tucumana y el calvario que denunció

Ingresó por mérito propio, se involucró con sus alumnos en cada clase, pero todo cambió el día de los festejos por el fin de año escolar. "Después, lo que me hizo el sistema fue más o igual de grave que lo que me pasó".

20 Mar 2024 - 20:19

¿Qué pasa en las aulas?

Todo empezó en una escuela en Banda del Río Salí. Ingresé en el 2016 haciendo un reemplazo. Es una escuela bastante complicada, cerca del barrio Antena, de La Costanera, donde había ingresado por mérito propio. Más allá del puntaje que yo tenía en la Junta, pasé por una entrevista y me gané el puesto. Enseñaba Cultura y Estética Contemporánea y tenía dos horas de Tutoría”. 

Así comienza el relato de una docente tucumana que la semana pasada envió la renuncia al establecimiento donde enseñaba: “Desde los primeros meses, ya me sentía totalmente involucrada con la escuela. Estoy hablando de una escuela que arranca con 60 chicos en el primer año y termina con menos de 10 chicos el sexto año. Al ser poquitos alumnos era otra la relación: los llevaba a la Facultad para que conozcan, orientaba a través de la tutoría el camino a seguir, acompañaba a los chicos en la trayectoria escolar y el vínculo era mucho más sólido. Entre mis alumnas ya había una mamá joven… En fin, mi trabajo era acompañarlas en todo sentido”.

En formación constante y paralela a la docencia, la profesora dictó talleres en el Observatorio de la Mujer y lo aprendido lo llevó a la escuela de la Banda del Río Salí: “Quería que las chicas puedan hablar de las dificultades que puedan tener”

Durante este tiempo, explica la docente en diálogo con eltucumano, el director de la escuela era una “incomodidad”. “En este contexto actual, el director de la escuela era el típico hombre antiguo, al cual para saludarlo tenías que ponerle distancia, alejarlo para que no sea invasivo en el saludo o demasiado cariñoso, siempre poniéndole límites. Pero todo cambió cuando en octubre de 2018 viene una alumna y me dice que le daba ‘impresión’ este señor, el director".

"Cuando sucede este llamado de atención, hablo con el pedagogo de la escuela, un hombre bastante accesible, y le digo: ‘Intervení porque yo no tengo filtros para decir las cosas. Parale el carro (al director) porque las chicas no pueden sentirse incómodas ante un superior’. El pedagogo me responde: ‘Sí, ya le dijimos varias veces que tenga respeto por las chicas’. Pero no hubo caso: una mañana una alumna estaba comiendo semillitas de girasol y el director de la escuela le agarró la mano y se la quiso meter en la boca de él ‘para saber si las semillas eran saladas o no’. Cuando pasa esto, insisto ante el pedagogo: ‘Pongan límites y si vuelve a pasar vemos los pasos a seguir’”.

Ya con este antecedente que forma parte de un expediente en el Ministerio de Educación del Gobierno de Tucumán, llega el 14 de diciembre de 2018: “Era el acto de fin de año. Imaginate la emoción de los padres por sus hijos e hijas recibidos, muchos de ellos los primeros de la familia. Armamos todo con una compañera, preparamos las cosas, decoramos la escuela y cuando pasó lo que pasó fue así: habíamos ido temprano a la escuela, a la una de la tarde, yo estaba colgando el telón, llega este señor, me agarra de la cintura y me da un beso en la mitad de la boca. Yo lo empujo, le grito, que salga de encima, que era un desubicado, que no se podía acercar así y me voy”. 

“Conmovida por lo vivido, trato de no arruinarles el día tan especial a mis alumnos aunque sigo muy mal con las actividades. En ese momento, él se acerca, me llama a mí y a mi compañera, nos lleva a un aula aparte, nos dice que no había tenido intención, que se sentía muy mal, que él se había equivocado, y empieza a decirnos que nosotras tratábamos de llenarles la cabeza a las chicas para que le pongan una denuncia”, relata la docente. Y agrega: “Ese día viví una situación que nunca en mi vida me había pasado, nunca me había sentido así: como una chiquita indefensa".

"Antes del acto, el director llama a las chicas al aula para hacer un careo, les pregunta si él les había hecho algo, y cuando les pregunta las chicas bajan la cabeza y asienten sin entrar en detalles. Esto sucedió el 14 de diciembre del 2018, me quedé en el acto con cara de póker y me fui. Esa noche era el cumpleaños de mi hermana y no podía dimensionar lo que había pasado. Ahí le dije a mi mamá lo que había pasado y no dudó: ‘Andá y denunciá’. Pero es aquí donde empieza la otra parte de esta historia”.

Luego del hecho denunciado, la docente llamó a una conocida del Observatorio de la Mujer: “Me dice que espere, que no haga nada y que el lunes íbamos a ver el tema. Lo único que me dice es que vaya a poner la denuncia en la comisaría, en la Primera. Y aquí empieza el calvario, lo que yo creo que resume todo, lo que me ha dejado una sensación: he sido tan manoseada por el sistema como por el director de la escuela. Desde ese momento empezaron las reuniones con la Secretaría de Estado, el supervisor de la zona, el director de DATP (Dirección de Asistencia de Técnica Pedagógica), psicólogas del GPI (Gabinete Pedagógico Interdisciplinario), la directora del SASE (Servicio de Asistencia Social Escolar), todos ellos y yo. Luego de mi descargo, me piden que sacara una licencia, pero yo me niego: no estaba enferma ni nada y tenía mesas de exámenes en diciembre. Entonces le piden al director que saque la licencia y yo vuelvo al colegio. En esa reunión, sucede algo que también nos pasa en estas situaciones. Una de las psicólogas en la reunión tiene un comentario despectivo y se pregunta: ‘¿Qué ha pasado que estamos todos acá reunidos? ¿Se ha muerto el Papa?’”.

“Pongo la denuncia en la Comisaría Primera y en febrero me dicen de Jurídico que tenía que volver a la escuela. Vamos a la oficina del entonces ministro de Educación, Juan Pablo Lichtmajer, y en segundos me hicieron una comisión de servicio para que no vuelva al colegio y me dicen que siga la denuncia. Pero acá empieza otra parte: voy a la fiscalía, y la denuncia nunca había llegado a la fiscalía. Empecé a rastrear mi denuncia, no estaba y es ahí cuando me entero que este señor (el director de la escuela) había sido policía y que mi denuncia había pasado a la Jefatura y de la Jefatura a la comisaría de la Banda del Río Salí. En la Jefatura unas mujeres policías me dicen que eso no tendría que haber pasado nunca. Vuelvo a fiscalía, me dicen que la denuncia no estaba y le digo al de Mesa de Entrada: ‘No puedo volver a una escuela donde hay un señor que me ha manoseado’. Se fija y me dice: ‘Esto es muy extraño porque la denuncia anterior y la posterior a la suya están acá. Su denuncia no. La suya se perdió en el camino’”, detalla. 

“Después de un llamado, la denuncia llega a la fiscalía y aquí viene la peor parte: la jueza dictamina que tenía restricción de acercamiento de 180 días fuera del local escolar, pero dentro del local escolar no tenía restricción de acercamiento. ¿Se entiende? Afuera de la escuela no se podía acercar, pero adentro de la escuela sí. Una locura. Una locura total. Mi abogada le dice a la jueza: ‘Esto es un mamarracho, afuera de la escuela no se le puede acercar, ¿pero adentro de la escuela le puede hacer lo que quiera?’. Obviamente, no vuelvo a la escuela y me asignan al equipo de Educación y Memoria donde fui contenida y bien recibida. Así pasaron cinco años. Durante todo el tiempo tuve contención en el nuevo trabajo, pero el tipo siguió dirigiendo la escuela”, dice la docente, con la resignación en el tono de lo contado.

Y para el final, lo que vivió con sus ex compañeros: “Voy a Junta de Disciplina y me entero que muchos compañeros habían declarado que era un buen hombre. En los chats de la escuela se llenaban de indirectas como ‘Dentro de poco las mujeres no vamos a conseguir más trabajo’, llegaban memes machistas sin nombrarme, pero todo contenido que iba hacia mí. Hasta llegan audios de profesoras diciendo que había que entenderlo a este director porque ‘era un hombre grande’, que había que cuidarlo porque el señor ‘les daba permiso’. Por su lado, él declaró que ese día del hecho le había llegado a 21 de presión, que yo había llevado alumnas a rendir porque no querían declarar contra él, cosas así. Hasta que llegamos a diciembre del año pasado. En ese momento intenté hablar con el Director del Personal del Ministerio de Educación, quien primero sí me atiende, pero después dejó de hacerlo".

"El Director del Personal me decía que en la Secretaría de Estado del Ministerio de Educación debían solicitarme y me mandó allí, pero ellos decían que en Personal debían reasignarme. Yo quería estar allí para poder seguir con los compañeros que aún seguían (lamentablemente varios volvieron a la escuela y perdieron gente que realmente trabaja). Luego de varias idas y vueltas de una oficina a otra, la respuesta final de la Secretaría de Estado fue que tenía pocas horas para trabajar allí cuando irónicamente durante 5 años trabajé muchas veces más de las horas que debía cumplir. En febrero me dicen que la única solución era volver a la escuela. Y ya no me atendió. Cuando me mandó a decir que tenía que volver a la escuela, le digo: ‘¿Vos pretendés que yo vuelva a la escuela donde me han manoseado?’. Ese fue el límite: mandé una carta documento con mi renuncia y cerré esta historia, pero me dejó una enseñanza: pasó todo esto, viví todo esto y te preguntás por tus derechos. ¿Adónde están tus derechos? ¿Adónde están?”.

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