La caída en las ventas fue otro factor crítico. Desde la UKRA reportaron una disminución del 40% en los últimos dos años, con una baja del 30% al 35% en bebidas durante el verano. "Se vende menos, mucho menos. No hay plata. La gente se pasa a segundas marcas, compra cigarrillos más baratos", indicó Acuña.
También destacó que los costos operativos, como alquileres y sueldos, varían según la ubicación de cada kiosco, lo que complica aún más la rentabilidad. "Un alfajor triple promedio está en $1.500, pero en algunos lugares, por alquileres más caros o empleados, los costos suben", agregó.
Consultado sobre el impacto de la suba del dólar, Acuña desestimó las afirmaciones de que no afectó los precios. "Pasa lo mismo que cada vez que hay una elección. En el segundo semestre, se viene una disparada de precios. Esté quien esté, con cualquier color político, siempre hay especulación, el dólar se dispara y los precios aumentan", cerró, reflejando la inestabilidad económica que golpea al sector.
Los costos fijos —como alquileres, tarifas de luz y gas— se dispararon, mientras que las ventas sufrieron una fuerte caída, estimada en un 40% frente a junio del año pasado.
Según un informe de la consultora NielsenIQ, el ticket promedio disminuyó, con caídas interanuales del 17% en bebidas, 23 % en golosinas y 11 % en galletitas, productos clave para la facturación de estos comercios.
Además, la informalidad crece. Surgen kioscos que operan sin inscripción fiscal, desde casas o ventanas, generando una competencia desleal al evadir impuestos. Esta crisis amenaza con la permanencia del kiosco de barrio, un símbolo histórico del comercio de cercanía y convivencia barrial, manifestaron.(Fuente Ámbito)