Entre el miedo y el sueño de ser mamá, Mariana Moyano desafió un diagnóstico que ponía en riesgo su vida. En los pasillos de la Maternidad pública, encontró el corazón de un equipo médico que no soltó su mano hasta ver a la pequeña Clara nacer.
Foto: Comunicación Tucumán
Para Mariana Moyano y Diego Giraudo, la llegada de su hija Clara no fue solo un nacimiento, fue un triunfo del amor y la fe sobre la adversidad. Mariana convive con el síndrome de Marfan, una condición que dilata su aorta y que convertía su embarazo en una situación de "altísimo riesgo", médicamente contraindicada por la posibilidad fatal de una ruptura de aneurisma. Sin embargo, ante el abismo de la incertidumbre, ellos eligieron confiar su vida y la de su bebé al Instituto de Maternidad y Ginecología Nuestra Señora de Las Mercedes.
El camino no fue fácil. Cada semana era un desafío que requería un seguimiento interdisciplinario exhaustivo y una coordinación milimétrica entre cardiólogos, obstetras y especialistas en salud mental. "Mi doctora me dijo que me iba a acompañar y así fue. Nos sentimos contenidos en todo momento", relata Mariana, recordando la calidez de quienes no solo aportaron ciencia, sino también humanidad y consuelo en los momentos de mayor temor. La doctora Gabriela Castro, pieza clave en esta historia, reconoce que la carga fue enorme, pero que el alivio final llegó al ver a Mariana con su hija en brazos: una imagen que resume una satisfacción inmensa.
Clara decidió llegar al mundo a las 33 semanas de gestación, un pequeño milagro de vida que debió pasar sus primeros días en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. Aunque ver a su hija rodeada de cables fue una imagen difícil de procesar para Diego, la entrega del personal de enfermería y neonatología le brindó la tranquilidad necesaria: "Sabíamos que era el mejor lugar donde podía estar", afirma.
Hoy, con el alta médica en mano pero con un vínculo eterno con la institución, la familia reflexiona sobre la importancia de un sistema que prioriza la vida por encima de todo. "La salud pública le salvó la vida a nuestra hija y a mi mujer. Siempre vamos a defenderla", sostiene Diego con profunda convicción. Esta historia, respaldada por las políticas del Ministerio de Salud Pública de Tucumán, reafirma que detrás de cada diagnóstico complejo hay personas valientes y un sistema estatal que garantiza la excelencia y el acceso equitativo a la salud.