DENUNCIA

"Pensé que si gritaba no me saldría la voz": denunció a fisioterapeuta por abuso sexual

Amelia (22) fue a pedir trabajo en un consultorio médico, y terminó corriendo despavorida tras vivir una situación de terror con quien debía entrevistarla, un hombre de origen cubano.

03 May 2026 - 23:23

Existe un momento muy marcado en la vida de un joven adulto: la búsqueda de su primer trabajo después de haberse titulado. Es el caso de Amelia (nombre ficticio que utilizaremos para conservar su identidad), una joven tucumana que apenas pasa los 20 años. Tras haber finalizado la carrera de profesorado en educación especial y también el curso de acompañante terapéutico, comenzó su búsqueda de empleo, arrancando por su localidad, León Rougés.

Así fue como tras consultar en la misma comuna, se da con la novedad de que estaban abriendo un centro de atención kinesiológica en el pueblo, espacio que estaría a cargo de Z. R. R., fisioterapeuta de nacionalidad cubana. 

“Mi mamá se hizo anotar con él para que le haga un par de sesiones, y para que de paso yo entre con ella y hable sobre mi formación y ofrecerme para trabajar. Así fue como quedamos en que tenía que ir el siguiente jueves para llevarle mis papeles, mi copia de DNI y otras cosas. Se mostró interesado en que pueda ayudarlo en sus pacientes con discapacidad” dijo para eltucumano la joven.

La mamá de Amelia es una compañía constante en su vida, y ha estado presente en cada una de sus etapas. El día que tocaba llevar los papeles al profesional cubano, sin embargo, no pudo estar presente por cuestiones de salud: “Ese día fui sola y el me hizo pasar para entrevistarme. Una vez dentro del consultorio, me preguntó porque había estudiado para acompañante terapéutico, le dije que era porque estaba relacionado con mi carrera, me preguntó si yo sabía hacer masajes, si me habían enseñado en la carrera. Le dije que no, me dijo que me iba a enseñar qué era lo que necesitaba para sus pacientes, que me pare de espaldas. Lo hice y me empezó a presionar la columna y me iba preguntando si me dolía. Cuando llegó a la zona izquierda baja sentí un dolor, a lo cual me comenzó a hablar sobre mi pisada, me masajeó las piernas, me dolía justamente la izquierda y él me habló sobre una inflamación. Me dice que me ponga en la camilla y que me saque una botamanga del pantalón, para que vea donde tenía inflamado” recuerda Amelia para esta entrevista.

“Yo tenía tapada la ropa interior con una toalla, pero me pidió que me de vuelta y me ponga boca arriba, mientras me decía que tenía inflamación en la zona izquierda. Cuando me di vuelta ya se me veía la ropa interior, pero yo no pensé mal de él, cuando mi mamá entró a la sesión también había quedado sin remera, me pareció normal, para hacerte los masajes te tienen que tocar sobre la piel, te van poniendo gel y te van presionando, pero me tocó sobre la vulva haciendo una presión, yo no entendía nada” explicó la joven, evocando la previa a un terrible momento que estaba a punto de vivir.

“Me preguntó si hacía actividad física, le dije que no. Me dice que quizás por eso tenía la inflamación. Me preguntó si había tenido relaciones sexuales recientemente, le dije que el año pasado, y me preguntó por qué no tenía más seguido. Ahí me quedé callada. Me dijo que me baje, y le hice caso. Ahí me indicó que apoye los antebrazos en el escritorio, de espaldas, cuando lo hice, sentí un ruido raro. Me doy vuelta y ya lo tenía pegado a mí, se había sacado el pene por el cierre y me apoyó, yo grité ‘¡NO!’, y me empecé a cambiar, él se acomodó y me dijo ‘Ah, ¿no?, bueno, sigamos’, y se sentó como queriendo que continúe la entrevista. Sali corriendo, me subí a la moto y volé a mi casa. Ahí mi hermana me escuchó y llamó a su secretaria. Ella le dijo que ni siquiera sabía que yo estaba en el consultorio, que el doctor no le había informado. Luego el doctor la llamó a mi hermana y le dijo que yo me había puesto nerviosa porque nunca me habían hecho un masaje”.

Lo siguiente que sucedió, fue que Amelia se presentó a denunciar al agresor sexual en la comisaría de León Rougés. Inmediatamente llegó él al lugar, donde fue retenido por un par de horas: “Yo creo que ahí le tomaron esa foto que publicó el Facebook de la Policía de Tucumán, pero no fue detenido, está suelto como si nada”.

En estos momentos, la justicia tucumana tiene el caso en la fiscalía del Poder Judicial de Monteros. La causa, caratulada como “abuso sexual simple” continúa su curso. “Yo tengo la defensa del Estado, no tengo plata para pagar otro abogado, pero espero que pase algo. Como mucho me dijeron que le podrían quitar su matrícula, pero no más que eso”.

“Este fisioterapeuta trabaja en distintas zonas rurales, por ejemplo, Delfín Gallo, y otros lugares más. Cuando viví ese momento mi garganta se cerró, yo pensé que si gritaba no me iban a escuchar, por eso solo me cambié y salí corriendo. Ahora tengo vergüenza, no quiero salir de mi casa, siento que todo el pueblo sabe quién soy y qué pasó”.

Mientras Amelia atraviesa este duro momento, su historia advierte a la comunidad tucumana sobre los posibles riesgos que pueden suceder en espacios tan desiguales de poder como un consultorio médico, como así también anima a quienes hayan atravesado algo similar a denunciar a los agresores, y difundir sus historias. 

En Argentina, el ejercicio de la medicina y de disciplinas como la kinesiología está atravesado por límites legales y éticos claros que buscan resguardar a los pacientes. La Ley 26.529 establece que toda práctica debe realizarse con consentimiento informado, previa explicación y con posibilidad de ser rechazada en cualquier momento. A su vez, los códigos de ética profesional, como los de la Confederación Médica de la República Argentina, indican que cualquier intervención sobre el cuerpo debe ser estrictamente pertinente al motivo de consulta, respetar la intimidad y evitar toda exposición innecesaria. En ese marco, también se promueve la presencia de un tercero en prácticas sensibles y la obligación de explicar cada maniobra antes de realizarla. Cuando estos límites se vulneran —ya sea por contacto físico sin justificación clínica, ausencia de consentimiento o aprovechamiento de la relación de poder—, el acto deja de ser médico y puede constituir

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