ATLÉTICO TUCUMÁN

El "Negro" Guerrero, el ídolo de perfil bajo

El nuevo gimnasio del Decano lleva su nombre en reconocimiento a la lucha del exdefensor y entrenador.

12 Dic 2016 - 18:23

En marzo de 2014 le hicieron honores con la camiseta que supo vestir. Foto del Facebook oficial de Atlético Tucumán

Su nombre es Ángel Antonio Guerrero, pero para todos es el "Negro". Un tipo humilde y sencillo que se ganó un lugar en el corazón de todos los hinchas de Atlético por su trayectoria tanto dentro como fuera de la cancha.

En épocas actuales, donde los jugadores ganan fortunas y cada vez exigen más, la imagen del Negro se agranda en el momento que se conoce su historia. La historia de aquel chico al que su papá llevaba en bicicleta desde el Barrio Echeverría hasta el club, cuando quedaba detrás de la cancha del Decano. Aquel mismo chico que se transformó en adolecente y tuvo que vivir en la pensión que Atlético tenía bajo las tribunas del Monumental, para comenzar a ganarse una oportunidad, la cual llegó a los 18 años.

Duro, metedor, talentoso, gran tiempista, de buen manejo de pelota y muy buen juego aéreo, el Negro jugó su primer partido en 1971 con la casaca de la primera del Decano, fue ante Sportivo Floresta por la liga local. Los años siguientes lo tuvieron en la cuarta división, ya que su juventud era opacada por la presencia de un histórico y casi insustituible Víctor Hugo Filippini.

En 1974, Guerrero tuvo que partir a San Luis para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. Con la idea de no perder ritmo, jugó para el conjunto puntano de Juventud Unida. Ya un año después retornó a Atlético y, ante la lesión de Filippini, se adueñó del puesto de primer marcador central para el resto de la temporada. Pero no fue un año cualquiera, fue uno de los más victoriosos del club, ya que se coronó campeón Regional y del Anual, y realizó una estupenda campaña en el viejo torneo Nacional de primera, donde logró clasificarse a las semifinales.

Para 1976, el Negro ya se había convertido en capitán y referente del equipo, pero a mediados de año sufrió una lesión que lo mantuvo alejado de los campos de juego durante el resto de esa temporada. Retorno ya en 1977, pero fue transferido a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, donde jugó hasta 1978.

Luego de un breve paso por Ñuñurco, ese año fue solicitado por el entonces técnico Rogelio Domínguez. Así fue como el Negro retornó a Atlético para jugar el campeonato nacional de ese año, quedándose ya definitivamente para formar parte de los planteles albicelestes hasta la temporada 1982. Luego de marchar a Atlanta en 1983, volvió a la provincia dos años más tarde para retirarse con la camiseta de Central Norte.

En el año 1990 fue el momento de volver a Atlético, pero esta vez en calidad de entrenador. Ángel se puso a cargo de las divisiones inferiores del club y dos años después ya lo sacó campeón del sub 20. En aquel equipo brillaban jugadores que luego llegaron a hacerlo en primera, como Gustavo Córdoba, Fabián Bobba, Julio Fernández, Floreal García, Sergio Elías y Pablo Jemio entre otros.

En 1993, y ante la renuncia de Jorge Ginarte, dirigió interinamente al plantel superior del Nacional B en dos partidos uno frente a Gimnasia de Jujuy donde empató 2 a 2 y el otro frente a Unión de Santa Fe que venció al Decano por 2 a 0. En 2001 volvió para dirigir al equipo liguista pero los problemas económicos del club lo llevaron a renunciar a su cargo.

Después de un exitoso paso por la Florida (equipo este al que sacó campeón del anual liguista por primera vez en su historia) donde llegó a depositarlo en el Torneo Argentino A, aquella tarde en la Ciudadela cuando mandó a la liga a San Martín, y Famaillá al que llevó al Argentino B, volvió nuevamente a Atlético en tres oportunidades, dos de ellas en forma interina. Primero fue para hacerse cargo del equipo en el actual Federal A, posteriormente para cubrir huecos en 2010 y 2011 año, donde hizo de interino luego de las renuncias de Enrique Hrabina y Jorge Solari. Esos dos partidos que dirigió desde el banco fueron triunfos del Decano. El primero un 3 a 0 ante Aldosivi en Mar del Plata y el segundo una victoria por 1 a 0 sobre Deportivo Merlo.

El Negro dejó una huella imborrable, como pocos, huella que quedará marcada en el gimnasio del club, que desde la semana pasada lleva su nombre. Estuvo y estará siempre en el corazón del pueblo decano. Y ahora, tiene su merecido reconocimiento. 


seguí leyendo