Bajo un diluvio, los hinchas del Santo armaron la fiesta del cumpleaños, pero el equipo de Cagna jugó el peor partido del torneo y perdió feo ante Rafaela
El Santo nunca le encontró la vuelta al partido. FOTO Prensa CASM
La invitación al cumpleaños era simple y puntual: "Te invito a mi fiesta este viernes a las 21.45, en Bolívar y Pellegrini, Ciudadela. Te espero". Los hinchas cumplieron con su parte: llegaron vestidos para la ocasión, estrenaron la camiseta nueva e iluminaron de regalos la noche. Pero el que faltó a la cita fue San Martín, sin fútbol ni aire para evitar la cara larga de la derrota ante Rafaela.
Nos pasa a todos: le damos media hora de tolerancia a la fiesta, ponemos la música, los choripanes en las parrillas, el ferné en las tribunas, pero si no aparece el principal protagonista nos empezamos a preocupar. Y si encima el otro llega con toda la contundencia desde Santa Fe, la noche empieza a ponerse fea como el clima.
Porque San Martín empezó a desdibujarse con el correr de los minutos: sólo Gonzalo sorteó rivales y la extraña posición que decidió Cagna y llevó algo de entusiasmo. Pero fue nada más que eso el Santo en el primer tiempo: Bieler y González estuvieron sin wi-fi, falló la banda ancha de los laterales, nunca pateó al arco ajeno, y en el propio dio ventajas preocupantes desde que empezaron a llover los centros: pum, 26 minutos; pum pum, 36 minutos. Gol de Rafaela, gol de Rafaela: en un abrir y cerrar de ojos, San Martín cayó y nunca más se despertó.
Los hinchas... Los hinchas juegan y ganan todos los partidos que les toca enfrentar. Y si no ven reacción desde adentro, revientan la garganta y el humo de las bengalas detiene el partido. También les piden a los jugadores a ver si nos entendemos: "Nosotros alentamos, ustedes ponen huevos". Es decir: les piden la dosis de pierna y actitud que le sobra a Prediger, ovacionado en cada intervención. Pero con el capitán como bandera no alcanza para disimular las migajas del cumpleaños.
Al comienzo del campeonato, y después del debut ganador ante Ferro, San Martín había mandado otra invitación: a soñar con el ascenso. El torneo es largo, hay hombres y nombres para torcer el rumbo. Los hinchas marcan el camino. Falta que el cumpleañero que sale a jugar a la cancha también salga del letargo. Y se sume a la fiesta. Nada más y nada menos.