El DT sacudió su manual de estilo y sacó adelante al Santo en el momento más complicado del campeonato
Cagna esperó una semana y dos bombazos para explotar: el semblante golpeado después de la derrota del viernes, la incómoda charla con los dirigentes en el vestuario, la parada de carro cuando le cuestionaron el futuro, las prácticas a puertas cerradas, el gol de Boca Unidos, y hasta el entretiempo en Corrientes con un pie afuera del equipo quedaron atrás en el precismo momento en que Galeano le rompió el arco a Hilario Navarro y le dio el triunfo más importante a San Martín en el torneo.
Porque entre aquellos tres puntos que le dieron arranque a la ilusión de Primera y estos tres en la tarde calurosa de Corrientes, un río de sensaciones ha corrido bajo los pies del técnico que -siempre es bueno recordarlo- ascendió a San Martín.
El mismo técnico que demostró capacidad de autocrítica y cambió: él mismo cambió, y cambió el equipo, y cambió la defensa con Maxi Martínez, y cambió Prediger con la compañía de Bossio, y cambió el sistema de juego cuando puso a los creativos desde el inicio.
Pero no alcanzaba: San Martín perdía justo con un gol del Malevo Ferreyra y daban ganas de balearse en un rincón. Señores, durante 15 minutos todo Ciudadela fue un canto a la incertidumbre: "¿Y ahora? Si perdemos en Corrientes, ¿qué hacemos ahora?"
La respuesta la encontró el propio Cagna cuando quemó las naves y mandó al frente a Galeano, héroe y goleador de la resurrección resumida en un festejo acorde al momento: todos los suplentes y más de medio equipo corrió a abrazarlo, volaron los papeles de los ayudantes de Cagna y el propio DT, en un intento en vano de conservar la calma, quiso dar un par de órdenes imposibles de atender entre tanta euforia. En eso andaba Cagna hasta que Galeano terminó de recibir el afecto, sacudió el puño dos veces más y lo miró con ese gesto tan parecido al para vos, este gol es para vos, este triunfo es para vos. Ah, y para vos también.