El Santo salió a jugarse una parada brava en Junín, pero los delanteros pusieron la música bien fuerte y, cerca de la cima del torneo, el traje de candidato comienza a ser una realidad
San Martín se siente cómodo como visitante. FOTO Prensa CASM
No hay con qué darle: es el momento del día en que te sacás el traje de la rutina y otra ropa abre el juego. Es cuando la expectativa de un nuevo fin de semana se abre de par en par y basta un pitazo inicial para que salgas a ganar. Es un momento clave porque un paso en falso hoy, ahora, a esta hora, tiene la capacidad de arruinarte todo el sábado y las migajas del domingo. Pero también es el momento ideal para olvidarte del pasado con gusto a crema rancia de Rafaela o a Quilmes amarga de domingo. Es, en síntesis, la hora de sacarte el saco, ponerte lo que te tenés que poner, y que pase lo que tenga que pasar. Es viernes a la noche y San Martín lo sabe.
Lo aprendió justo aquel viernes a la noche de cumpleaños. Lo entendió Cagna cuando se equivocó en cambiarle el peinado a Gonzalo Rodríguez y lo mandó a volantear como tarjetero de boliche. Esa noche salió todo tan mal que perdió en casa, el DT quedó en la cuerda floja, y el delantero en la camilla de los lesionados. Pero ya no hay 4am para tomar decisiones apuradas antes de un nuevo día: la dirigencia
bancó al héroe del ascenso, y el héroe del ascenso les respondió con un triunfo bravo en Corrientes.
El tiempo también cura las heridas y justamente el regreso de Gonzalo fue lo mejor de un segundo tiempo contra Quilmes, tan, pero tan malo, que tuvo la capacidad de borrar el mejor primer tiempo del equipo en el campeonato. Un juego que no se vio esta noche ante Sarmiento, pero que no importa en lo más mínimo. Señores, con la luna de Junín salió a la luz el ítem más esperado por toda la República de la Ciudadela: la explosión de los delanteros.
Porque el propio Gonzalo había tenido la apertura del marcador cuando le quemó las manos a Pellegrino. Definió como debía, pero Taca Bieler quedó con los brazos abiertos, agitándolos, como el que se queda esperando en la cola. Síntoma de armonía grupal, unos minutos después los 18 se abrazaron cuando el 9 aprovechó el pif del querido Capelli, vio solo a Gonzalo y un zurdazo con alma y vida puso la música de Ciudadela en el ambiente, esa a la que Pampu González se encargó de subirle el volumen y que toda la cuadra se entere.
De hecho, la ventaja mínima parcial nunca había corrido peligro: los encargados de seguridad fueron otro gran alivio que se trae Cagna en el avión: desaparecieron los cortocircuitos de otras salidas, Arce tapó cuando había que tapar, y tanto Acevedo como Benegas anularon cualquier intento de peligro. En el medio, Bossio cada vez juega y pone mejor, y Prediger puede recuperarse en paz.
En fin: nombres y hombres que pusieron el pecho a un escenario picante, dejaron la ropa sucia en el vestuario, le metieron fantasía de pies a cabeza, y salieron a festejar que hoy, esta noche, a esta hora, el Santo quedó ahí de la cima, a tres puntos. Sólo falta, porque siempre algo falta, ajustar un par de detalles para que el traje de candidato termine de entallar: volver a ganar en Ciudadela. Y eso, claro, San Martín también lo sabe.