Este sábado,
Atlético y
River definirán al campeón de la
Copa Argentina 2017. El ganador del partido se queda con la gloria, y además, obtiene un beneficio deportivo muy especial: jugará la final de la
Supercopa Argentina ante
Boca Juniors.
Por eso, muchos piensan que algunos fantasmas pueden rondar por el Malvinas Argentinas de
Mendoza, escenario elegido para la gran cita. "Nuestro equipo está en un buen momento, pero creo que el favorito es
River, por su historia, y porque la bombeada va a estar presente porque en la otra final espera Boca. Le tengo miedo al arbitraje, pero también tengo mucha fe en el equipo", advierte
Roberto Aguirre, a quien todos conocen como el "Sapo".
Aguirre, abajo a la derecha, junto a "La Banda del Potrero".
La suya es una de las miles de historias de fanatismo y amor de los que llevan una vida junto a estos colores, y no se van a perder por nada en el mundo este cotejo. "Es increíble todo lo que nos pasó este año, cuando veía al equipo jugando partidos de Libertadores o Sudamericana, obviamente me ponía nervioso como siempre, pero por sobre todas las cosas
lo estaba disfrutando, porque sabía que era algo histórico", añade el diseñador gráfico.
A la hora de hablar del sábado, también se da lugar a soñar. “La alegría que viví en Ecuador, va a ser difícil igualar, pero espero que el sábado se repita”.
En la masa que copará una de las cabeceras del estadio estará también
Pedro Catella, que llegará desde Buenos Aires con unas ojeras que prometen estar más que marcadas. “Hace tres días que no duermo de la ansiedad que tengo, pero me pasa algo muy loco:
me importa un pingo si ganamos, Atlético es mucho más que un resultado, para mí
es como un familiar, es como mi casa”, confiesa el psicólogo que ya lleva una década viviendo en Capital Federal.
Abajo y de barba, Pedro Catella.
Sin embargo, a la hora de hablar de su pasión, viene desde la infancia un recuerdo muy especial. “Desde
changuito siempre soñaba que Atlético iba a ser campeón de Argentina, y en mi sueño siempre aparecíamos ganándole a
River, a veces era la última fecha del campeonato, y en otras era porque le sacábamos más puntos, pero es una locura para mí que esto se haya dado así”.
Franco Politti es empresario y tiene 39 años. Este viernes, cuando el reloj marque las 5 de la mañana, será parte de una caravana de 26 personas que saldrán en seis camionetas. “Siempre hemos viajado por separado, y ahora nos juntamos en grupo para ir y quedarnos hasta el domingo. Va mi hermano, mi socio, mi cuñado, mi sobrino, amigos del barrio Vial,
una mezcla de mucha gente querida”, cuenta el “Pájaro”.
Su historia de los últimos meses está llena de momentos emocionantes, algunos muy particulares. “En octubre de 2016 estaba de vacaciones en Cuba, en un hotel donde solamente compraba 10 minutos por día de Internet para poder comunicarme con la familia, y de repente leí que estábamos en la Copa Libertadores. Me puse a llorar y a gritar de la emoción, no lo podía creer, y nadie me entendía”.
Franco Politti sigue con intensidad un partido junto a su hermano Bruno, que levanta los brazos. Foto: Elías Correa.
Pero además, hay algo que le da a todo esto un sabor especial. “La cantidad de alegrías que ha tenido mi hijo, que solo tiene cuatro años, es increíble. Ya vivió más cosas felices que mis amigos
cirujas en toda su vida”, dispara.
A la hora de hablar de fútbol, sí, baja los
decibeles, pero conserva la ilusión: “Siempre está vigente el tema del favoritismo a los grandes, obviamente a todos les conviene que salga campeón
River, porque van a vender más que después juegue una final con Boca, pero nosotros hemos llegado hasta acá, y por más que el árbitro esté en contra, capaz que les ganamos”.
Maxi Manca es otro que no saldrá desde
Tucumán. En la tarde del viernes, irá hasta la Terminal de Ómnibus de General Pico, La Pampa, para subirse a un colectivo que lo haga encontrar son sus familiares que van desde el Jardín de la República. “Estoy muy nervioso, le tengo fe a nuestros jugadores, pero la verdad que lo veo mejor a
River. Por más que venga mal, es muy buen equipo, y también le tengo miedo a que nos bombeen para que se de la
Supercopa que quiere la AFA”, advierte el estudiante de abogacía de 23 años.
Maxi, el día del segundo ascenso a Primera.
Su historia lo vincula al Deca desde el momento que llegó al mundo. “Nací en
Tucumán, pero a los seis meses nos vinimos a vivir a La Pampa. Mi papá siempre fue fanático, y yo también. Durante la primaria y secundaria seguí todas las campañas escuchando al Profe Torres por
internet, y después por suerte ya nos empezaron a televisar. El día del primer ascenso a Primera, salí de caravana solo por el centro de la ciudad, nadie entendía nada”, recuerda entre risas.
Una vez que terminó el secundario, se instaló definitivamente en
Tucumán para convertirse en abogado, y para estar más cerca del José Fierro. “Poder jugar internacionalmente este año fue una locura, yo
lo chamuyaba a mi papá para viajar y le decía que había que aprovechar porque nunca más iba a pasar, pero
mirá, pasó de vuelta”, se sincera.
Al mismo tiempo, agrega que cometió algo que los más
cabuleros pueden considerar un pecado. “Hice una promesa, pero todavía no la pude cumplir. Era que si clasificábamos de nuevo a la Copa me teñía el pelo como
Favio (por Álvarez, jugador), pero porque yo pensaba que era que te tiraban un tacho de pintura blanca en la cabeza y ya está, pero resulta que es un quilombo, te tenes que hacer decolorar el pelo como cinco veces, un bardo importante, pero lo vamos a hacer”.
A último momento se pudo sumar a la caravana
Emanuel Salas. Esta vez, conseguir el permiso laboral fue un poco más difícil. “Y sí, le expliqué a mi jefe que era
el partido más importante de nuestra historia, y me contestó ‘¿qué no era que el anterior era el más importante?´, pero bueno, esto se da porque por suerte Atlético sigue haciendo cosas grandes. Eso sí, me tengo que volver apenas termine todo porque el domingo hay que estar
laburando”.
En familia, Emanuel con su esposa, Soledad, y su hijito.
Desde el año 95, el “Pollo”, como todos lo conocen, tiene asistencia perfecta en el José Fierro. “Fui al primer partido de esa temporada, y la formación todavía me sale de memoria. Ahí supe que ese era mi lugar y mi pasión”.
A la hora de hablar del partido, tiene los pies en la tierra, pero el corazón en las nubes. “Quizás en otro momento, en otro año, ya el hecho de jugar con
River era algo histórico, pero esta vez creo que estamos en condiciones de ganarle. En otro contexto iría a la cancha sabiendo que nos podemos comer una goleada, pero ahora voy con una bolsa llena de ilusión y convencido que le vamos a hacer partido”.
Como todos, a la hora de hablar del 2017 la primera palabra que surge es “locura”. “Fue un año de una emoción tras otra. Nos conformábamos con poder jugar un partido internacional, y terminamos viviendo un año impresionante. Lo mejor de todo es que creo que
nadie sabe cuál es el techo que tenemos, y hay que seguir yendo por más”.
Se corta la última llamada porque el tiempo ya no alcanza, hay que armar los bolsos, dar abrazos y partir. En unas horas más, todos ellos coincidirán en una tribuna para vivir un momento que los marcará a fuego para el resto de su vida. Que sea con gloria.